El Problema es la Falta de Libertad

El principal problema de nuestro país es que los mexicanos no nos tomamos en serio nuestra libertad. Y eso no es nuevo: en los 700 años transcurridos desde la teocracia militarista mexica hasta el dia de hoy, pasando por la Colonia, y los 70 años de nacionalpopulismo tricolor, nuestro país no ha tenido prácticamente ningún gobierno que valore los derechos y la libertad individuales. El resultado es desastroso: a la inmensa mayoría de los mexicanos nos parece perfectamente natural y aceptable la relación de subordinación al gobierno a la que los ciudadanos nos debemos de sujetar. Nos quejamos de algunas cosas -cuando una acción del gobierno nos afecta directa y evidentemente, pero permanecemos indiferentes ante la mayoría de las formas en que el gobierno rutinariamente afecta nuestras, pues hemos aprendido a aceptarlas como algo natural.

No nos importa que el gobierno pueda tomar decisiones económicas que pueden tener consecuencias desastrosas para nosotros. Nos parece normal que el gobierno tome la parte que considere justa de nuestro dinero, y no se nos ocurre preguntarnos qué recibimos a cambio y si el intercambio es justo. Nos parece normal que el gobierno decida que palabras podemos escuchar en los medios, o que a una muchedumbre se le recompense por un acto por el cual un individuo sería castigado. Los obstáculos que el gobierno impone al desarrollo de los individuos nos parecen males necesarios, al igual que el rutinario uso de la coerción en su contra, y la supresión de sus derechos para favorecer los siempre ambiguos derechos sociales.

Hemos olvidado, (o mejor dicho, ni siquiera nos hemos dado cuenta) que los derechos individuales -el derecho a la vida, a la libertad y a la propiedad- no son una concesión del estado, que no provienen de él, sino que están sobre de él, y su protección es la única función legítima que el gobierno debería tener. Asi es, si el gobierno debe de existir, es únicamente para proteger a los individuos en contra de aquellos que utilicen la fuerza o el fraude para atentar en contra de sus vidas, su libertad o de su propiedad. Y el único poder que debe de tener es el necesario para cumplir con esa función.

Es desafortunado ver que la única alternativa para muchas personas pareciera ser la vieja receta: darle más poder al gobierno y poner a la colectividad sobre el individuo (y mucha retórica sobre la soberanía y el bien común, lo que sea que signifiquen). La razón de ser de este espacio es mostrar que la solución es exactamente al opuesto: quitarle el poder al estado y dárselo a cada individuo.

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