La Torre de Marcelo

Hay demasiadas cosas que se pueden decir de Marcelo Ebrard. Uniformes y útiles escolares, fiestas de quince años y playas gratis, clases de náhuatl obligatorias, pretender que todos vayan en bicicleta a trabajar (por que todos trabajan cerca de casa y todos tienen guaruras), querer controlar un aeropuerto internacional cuando no puede poner orden en el paradero de Pantitlán, violar los derechos de propiedad de ciudadanos inocentes con el pretexto de luchar contra el crímen, afirmar que él gobierna sólo para quienes votaron por él, su pseudoambientalismo postmoderno, su fascistoide reglamento de tránsito y muchas cosas más. Marcelo Ebrard es el populista demágogo y autoritario más grande de este país desde aquel ancianito tabasqueño que quería ser presidente y luego se volvió loco (no recuerdo su nombre, pero creo que terminó pidiendo limosna).

Y estos días, la polémica sobre la torre que Ebrard pretende construir para conmemorar el bicentenario del inicio de la Independencia. Que si el edificio que está en esa ubicación tiene valor histórico, que si es peligroso para los aviones, que si el área no cuenta con servicios y vialidades suficientes, que si el financiamiento y algunas otras cuestiones. Ah, y que el edificio en cuestión está horrible.

Pues bien, desde este humilde blog yo les ofrezco una sencilla solución: dejen al mercado decidir.

Cuando un particular quiere iniciar un proyecto de este tipo tiene que considerar un buen número de factores: si existen los servicios necesarios, si los habitantes de la zona están de acuerdo, cuál es el impacto a nivel ambiental. Está desde luego la cuestión de si el dueño actual está dispuesto a vender su propiedad y a qué precio. Y también debe de elaborar un estudio de mercado para responder una serie de preguntas muy importantes: ¿Es rentable el proyecto? ¿Voy a tener los suficientes clientes? ¿Cuántos clientes puedo tener en las presentes condiciones de servicios y vialidades? ¿En cuanto tiempo voy a recuperar mi inversión?

Si estas preguntas no son satisfactorias el proyecto no se hará realidad, y la razón es muy sencilla: si un empresario o un inversionista va a arriesgar su dinero, lo hará sólo si tiene buenas razones para hacerlo, es decir, cuál será su margen de ganancia y cuales los riesgos.

En el caso de un gobierno populista nada de esto aplica. Un gobierno así puede romper sus propias reglas en cuanto a medio ambiente, servicios y vialidad se trata. Puede expropiar una propiedad a cambio de una mísera indemnización. Puede darles a sus inversionistas condiciones y garantías que no obtendrían en un proyecto privado y puede utilizar recursos públicos en un proyecto que puede no ser viable: a fin de cuentas, a los gobiernos nunca les ha interesado utilizar el dinero de los ciudadanos de forma inteligente.

En la tradición de su antecesor, el señor Ebrard, representante del pueblo pobre y de los explotados, también se ha aliado con algunos representantes del poder económico. El lector puede leer todos los detalles aquí. Una historia sórdida en verdad, sobre todo la parte en que se intercambia un puesto político por favores económicos. Esa clase de gente es la que le da mala imagen al capitalismo de verdad.

Pero regresemos al tema: imaginemos que utilizando dinero mal habido y recursos públicos se construye la mentada torre y se inaugura (meses antes de terminada) en una bonita ceremonia. Pero supongamos que por diversas -y previsibles- razones, como la falta de vialidades, estacionamiento y servicios, o por simples razones de mercado, pocas empresas deciden rentar espacios en el edificio y al final termina resultando en un fracaso, en un elefante blanco más. ¿Quién pierde? Ciertamente no Ebrard, el impulso del proyecto a su campaña presidencial nadie se lo quitará. Tampoco los pseudocapitalistas, que habrán recibido buenas garantías y favores a cambio del dinero aportado. Los que terminarán perdiendo son los ciudadanos, quienes habrán pagado por la gracia del gobierno, y quienes dejarán de recibir servicios a cambio.

¿Quieren construir una torre para celebrar el bicentenario? De acuerdo, pero dejen al mercado decidir: hagan una licitación justa. Que sean los inversionistas quienes decidan si es viable esa u otra ubicación, que no se usen recursos públicos. La expansión de la ciudad hacia arriba es algo bueno, pero debe de llevarse a cabo en base a criterios económicos y ambientales, y no en base a criterios políticos.

Tiranía Sobre Ruedas

Hay ocasiones en que a algún anónimo burócrata se le ocurre que, en vez de hacer su trabajo, su deber es decidir la forma en que las personas deben de vivir sus vidas. Y aunque tal cosa es imposible, siempre encuentran una o dos formas de complicárselas.

Sobre el nuevo reglamento de tránsito, Joel Ortega, encargado de la seguridad pública y el tránsito en la Ciudad de México, afirmó por separado que este tiene como propósito salvar vidas, y elevar el nivel de vida de los ciudadanos.

El señor Ortega está, desde luego, bromeando. El reglamento de tránsito tiene como propósito mantener un control aún más estricto sobre los ciudadanos, y más que salvar vidas, aumentar la recaudación por concepto de tenencias, y decirle a los ciudadanos qué pueden o qué no pueden decirle a los siempre respetables y honestos agentes de tránsito. Pero vamos por partes.

En la Ciudad de México ocurre una graciosa paradoja: los automovilistas no tenemos educación vial, no obedecemos las señales y no tomamos en cuenta los límites de velocidad. Sin embargo, cumplimos religiosamente con el ritual semestral de llevar los automóviles a verificar, pagar la tenencia cada año, hacer filas enormes para reemplacar cada que al gobierno se le ocurra y tener bien visibles todos nuestros engomados.

No es de extrañarse, el gobierno y los agentes de tránsito nos han enseñado que pasarse un semáforo en rojo no es grave ni peligroso, y siempre puede solucionarse con la ayuda de nuestros amigos Nezahualcóyotl y Morelos. Pero llevar un engomado de menos en nuestro parabrisas trasero es una seria falta que pone en peligro la vida de muchas personas. En este sentido, las regulaciones son cada vez más opresivas -y absurdas.

Hace algunas semanas, la Comisión Ambiental Metropolitana decretó que ya no se otorgará el engomado 1 en la verificación vehicular, sino que, en cuanto el automóvil en cuestión deje de ser engomado 0, será de inmediato engomado 2 (un servidor se siente sucio utilizando el lenguaje de la burocracia). La forma en que esto afecta la vida, economía y derechos de propiedad de muchos propietarios es algo que los burócratas de la CAM no han tomado en cuenta. O si lo han hecho, entonces es un sacrificio que se debe de hacer para resolver el problema de la contaminación atmosférica, ¿cierto?

De acuerdo con la misma CAM, la última vez que se decretó una contingencia ambiental fue en Enero de 2005, poco más de un año después de la anterior, en Diciembre de 2004. Desde el año 2000, las contingencias se han sucedido con intervalos de entre un y dos años. A principios de la década de los noventas este intervalo era de semanas (llegando a haber ocho contingencias en 1992). Los índices de contaminación atmosférica han disminuido, en tanto que el número de automóviles en circulación ha aumentado. Es válido preguntarse hasta que punto son los automóviles los principales causantes de la contaminación del aire, qué otros factores han ayudado a disminuir los indices de contaminación (mejores tecnologías, reubicación de industrias, etc.), y qué otros elementos propician la contaminación (transporte público, marchas y plantones, etc.). Estas son preguntas que las autoridades deberían de responder antes de continuar sometiendo a los ciudadanos a cada vez más fuertes y costosas regulaciones.

Hace un año, los gobiernos del Distrito Federal y del Estado de México decretaron que la verificación vehicular sería condicionada al pago del impuesto de la tenencia. En el nuevo reglamento de tránsito, si por alguna razón, válida o no, un automóvil es llevado a ser desvalijado a un corralón, el propietario no podrá recuperarlo si no están pagadas todas sus tenencias. Esto sólo demuestra que salvar vidas no es la mayor preocupación para los burócratas a cargo del tránsito. Pareciera que su verdadera motivación es encontrar más formas de obtener recursos a costa de los ciudadanos.

En pocas palabras, el nuevo reglamento de tránsito no es más que otro instrumento de coerción para obligar al ciudadano a pagar más impuestos y seguir manteniendo a la sanguijuela burocracia. Salvar vidas . . . seguro que si.

Pero eso no es lo único. De paso menciono el evidente hecho de que el nuevo reglamento le permitirá a los corruptos agentes de tránsito aumentar sus ingresos por mordidas a costa de los ciudadanos, temerosos de perder su derecho a conducir o a de que su automóvil sea dañado y desvalijado en un corralón. No parecen darse cuenta que darle a un semi-educado y mal pagado servidor público más poder sobre los ciudadanos es receta segura para la corrupción.

Hay una nueva regulación en particular que es una muestra de que la principal preocupación de las autoridades no tiene nada que ver con salvarle la vida a nadie:

Artículo 6º. Se prohíbe a los conductores:

XIV. Ofender, insultar o denigrar a los agentes o personal de apoyo vial en el desempeño de sus labores.

Usemos nuestra imaginación y tratemos de pensar en las consecuencias de tan estúpida regulación:

Oficial Turrubiates: Automóvil negro obscuro, oríllese a la orilla.

Sr. Conductor: (en voz baja) ¿¡Ahora qué, chingao?! (en voz normal) ¿Qué sucede oficial?

Oficial Turrubiates: A ver mi joven, usted iba manejando como que muy a la derecha, su coche sólo trae veintidós engomados y además su coche parece que no trae condensador de flujo. ¿Dónde está su licencia?… Uyuyuy! Este no se parece a usted, tiene bigote y usted no. Esto le va a costar… ¿Cómo nos arreglamos?

Sr. Conductor: Es usted un corrupto.

Oficial Turrubiates: Uyuyuyuyuy!! Eso es un insulto joven, me está denigrando y me siento ofendido. Veinte días de salario mínimo.

Sr. Conductor: . . . . . . .


En primer lugar, ofender, insultar o denigrar. ¿Según quién? ¿Quién establece el criterio sobre qué es y qué no es ofensivo? Si le llamo corrupto o ladrón a un policía de tránsito, teniendo razones para hacerlo, ¿se califica como insulto? ¿O es que ahora al gobierno se le ocurrirá hacer una lista de palabras que les puedan resultar ofensivas a los pobrecitos policías de tránsito? Alguien debería de responder a esas preguntas, por que si a un policía se le ocurre que si alguien le mira feo lo está ofendiendo, el pobre ciudadano será el que terminará pagando.

Pero sobre todo, hay una consideración moral muy importante. ¿A quién le hago daño al insultar? A nadie. Ofender a una persona es feo y de mal gusto. Mentar madres es de mala educación. Pero al hacerlo no estoy afectando la vida ni la propiedad de nadie: al gobierno no le corresponde legislar sobre moralidad y mal gusto. Y un policía de tránsito es tan humano como cualquiera, por tanto no debe estar protegido en contra de insultos mientras el resto de los ciudadanos no lo están. No es exagerado decir que este artículo contradice el principio constitucional de la libertad de expresión. ¿Por qué digo que no es exagerado? Por que hoy nos prohiben insultar a los policías. Mañana nos pueden prohibir ofender a los demás burócratas. Y en poco tiempo, denigrar a Ebrard y a Ortega podría ser ilegal.

Es sencillo: poner a los policias a p
atrullar buscando vehículos sin verificar y automovilistas malhablados es más fácil y seguro que prevenir crímenes de verdad.

Los Revolucionarios son unos Idiotas

En principio, y si aceptamos la precedencia de los derechos individuales sobre los del gobierno, este sólo puede utilizar la fuerza en contra de aquellos que utilizan la misma, o el fraude, para afectar los derechos de otra persona o personas. Y si sabemos que el gobierno no puede tener más derechos de los que tienen los individuos, también podemos afirmar que estos tienen el derecho de remover -de ser necesario utilizando la fuerza- a cualquier gobierno que afecte sus derechos básicos.

En palabras más sencillas, si no existe alternativa alguna, los ciudadanos tienen el derecho de remover por la fuerza a un gobierno si este utiliza la coerción de forma deliberada en contra de los mismos.

La cuestión aquí es que casi siempre existen muchas y mejores alternativas que la violencia: aquel que prefiere el uso de la fuerza para lograr un fin político sobre cualquier otro medio es un perfecto imbécil.

Simplemente, hay que estudiar un poco de historia. Salvo unas pocas excepciones (la guerra de independencia en Estados Unidos, o los movimientos de resistencia europeos en contra de los nazis), las revoluciones siempre han dejado en el poder a gobiernos mucho peores que los que fueron derrocados. Ejemplos abundan: el stalinismo soviético, el khmer rouge de Pol Pot en Camboya, innumerables caudillos marxistas en Latinoamérica y África.

Hay muchas razones por la que esto resulta cierto. En un conflicto armado, el vencedor siempre será el que tenga más recursos y/o sea más hábil militarmente, factores que raramente se traducen en un gobierno eficiente y respetuoso de los derechos y libertades individuales. Un buen general es un pésimo gobernante.

Pero la razón principal es, como mencioné antes, que el individuo que elige la violencia como medio para enfrentar al gobierno es en la gran mayoría de los casos limitado intelectualmente, ignorante, intolerante, hipócrita y desde luego, violento. Y por alguna razón harto cursi (somos viento de libertad, afirman en su sitio los del EPR). Eso es lo que representa ser revolucionario.

Después de las elecciones del año pasado, los seguidores del candidato perdedor decidieron, por dogma, que se había cometido un fraude electoral. Tenían el derecho de hacerlo, pero en lugar de aportar pruebas y crear una estrategia legal coherente, decidieron que esto no era necesario, y prefirieron afectar los derechos de otras personas: el plantón de Reforma representó un costo enorme para las empresas de la zona, empleos perdidos, derechos de tránsito limitados para millones de personas. Muy revolucionarios, pero aparte de no lograr nada, sólo afectaron a millones de personas inocentes.

La Asamblea Popular de los Pueblos de Oaxaca. Para empezar, estos asnos no saben que “popular” viene de “pueblo” (ignorancia). También se proclaman revolucionarios. Afirman ser los únicos representantes del pueblo (intolerancia), y sus métodos favoritos son la toma de instalaciones, el daño a la propiedad privada, la quema de autobuses y la intimidación de turistas, comerciantes y cualquier persona que piense distinto a ellos (violencia). Las consecuencias son evidentes: la destrucción de la industria turística de la ciudad de Oaxaca, con la consiguiente pérdida de empleos directos e indirectos. Otra revolucioncita que no logra sus supuestos fines, pero si afecta a ciudadanos que no tienen nada que ver con el conflicto.

Pero no hay mejor ejemplo que los recientes atentados en contra de las instalaciones de Pemex por parte del EPR. Tales atentados no afectaron mucho al gobierno. Afectaron a la economía de millones de particulares, y el poco o mucho miedo que hayan creado también traera consecuencias bastante desagradables para mucha gente que la debe ni la teme. Entender lo que pasa por la mente de un revolucionario cuando se le ocurre poner una bomba en un ducto de petróleo es todo un reto. ¿Cómo es que la destrucción de propiedad y el daño a los intereses económicos de particulares (incluyendo a miles de trabajadores) puede servir para lograr un fin político? Y sobre todo, ¿lo justifica? Uno sólo puede llegar a una conclusión: o nuestros revolucionarios son idiotas, o simplemente sus fines son distintos a los que pregonan.

Asi como sucede en Colombia, los vínculos entre los grupos guerrilleros y el crimen organizado son conocidos. No tiene nada de extraordinario: un narco es una persona incapaz de ganarse la vida honestamente, y el único medio que conoce para ganarse la vida es la violencia. Eso es lo que lo hace tan parecido a un guerrillero. Son aliados naturales.

Y por otro lado, hay que tomar en cuenta las diferentes razones por las que uno puede estar en contra del gobierno. Un servidor está en contra del gobierno. El EPR está en contra del gobierno. Pero eso no nos hace iguales. Habemos quienes estamos en contra del gobierno por que este pone demasiados obstáculos al desarrollo de los individuos. En cambio, los autoproclamados revolucionarios son siempre socialistoides admiradores del Che Guevara que buscan derribar al gobierno para instaurar uno, valga la redundancia, revolucionario. Eso en la práctica significa instaurar el control absoluto del estado sobre la vida de los individuos, y la siempre necesaria purificación (léase la eliminación de aquellos que no tienen ideas revolucionarias).

No es que esté mal estar en contra del gobierno. Eso es siempre algo muy sano. El problema es estar en contra del gobierno por las razones equivocadas, y utilizar los medios equivocados. Eso es lo que hacen los revolucionarios.

En el fondo, los revolucionarios son siempre unos pobres (pero peligrosos) idiotas.

Cuando el Gobierno Quiere ser Niñera, y el Asunto de la Filantropía

En los últimos días días hemos recibidos dos noticias que nos enseñan, una vez más, por qué poner tanto poder en manos del gobierno es una terrible, pésima e increíblemente estúpida idea.

El Antidoping en las Escuelas. Tal vez el gobierno federal tenga buenas intenciones. Pero las madres sobreprotectoras también tienen buenas intenciones, y suelen hacer más daño que bien. Y eso es exactamente lo que va a suceder si llevan a cabo ese programa. El problema del consumo de drogas es grave. Y si bien considero aceptable que el gobierno defienda los derechos de los menores en contra de los delincuentes que distribuyen drogas en las escuelas, hacer pruebas antidoping a los estudiantes es una cosa muy distinta. Por un lado, no hay que olvidar que los padres son responsables de educar a sus hijos (y son responsables por las acciones de sus hijos). Eso es algo muy importante que muchos olvidan, ya que cuando el gobierno pretende tomar el papel de los padres e intenta convertirse en niñera, termina invariablemente actuando como policía. Y todos sabemos como se las gastan los policías.

Por otro lado, es una violación a uno de los derechos más básicos de los seres humanos: el derecho a la privacidad. Incluso si existe un consentimiento por parte de los padres de los menores, la información seguira existiendo en algún lugar, y siempre habrá algún burócrata con acceso a ella, y dispuesto a utilizarla para otros fines. No es difícil imaginarse a un director de secundaria pública -burócrata a fin de cuenta- que esté dispuesto a utilizar un resultado positivo en una prueba antidoping como instrumento de coerción (léase chantaje) en contra de algún alumno o de sus padres, o como un simple pretexto para hacerle la vida imposible. Pero esto no se detiene ahí. Recordemos que hace algunos años un empleadillo de medio pelo del IFE vendió a una empresa privada el padrón electoral. ¿Cómo sabemos que alguien con acceso a los resultados de las pruebas antidoping no puede darle algún uso ilícito a esa información?

La solución del problema de las drogas parte de un cambio de enfoque: es un problema de salud pública, no uno de policías y ladrones. No se puede tratar igual al ocasional y no violento fumador de marihuana que al que comete un crimen para comprarse la próxima dosis de heroína. Y se debe de aceptar que si el alcohol y el tabaco son legales, hay algunas drogas que también podrían serlo (eliminando de paso el mercado negro y por consiguiente buena parte de la violencia). Pero sobre todo, se debe de evitar tomarlo como pretexto para convertir al gobierno en una niñera, a cambio de ceder nuestro derecho a la privacidad.

La segunda noticia es la propuesta fiscal del PRD, en la que pretende gravar con impuestos la filantropía, a partir del razonamiento de que algunas empresas utilizan la caridad para evadir impuestos. Esto último es cierto en algunos casos, pero es estúpido pensar que es justificación para gravar una transacción voluntaria entre dos particulares. Imaginemos que el señor Pérez tiene un millón de pesos, producto de su trabajo. Ahora imaginemos que el señor Pérez decide, de forma voluntaria, donar novecientos mil pesos, el 90% de su dinero, a la Asociación Pro Ayuda al Izquierdoso en Recuperación. ¿Es una causa estúpida? Probablemente. ¿Eso justifica que el gobierno meta sus narices? Definitivamente no. Un acto consensual entre dos particulares nunca debería ser asunto del gobierno.

Y si bien existen organizaciones filantrópicas un tanto dudosas, la mayoría prestan servicios valiosísimos a la sociedad. Servicios que por lo general son mejores que los que proporciona el gobierno. Sobre todo considerando que las caridades privadas operan con relativamente poco dinero, aportado voluntariamente por individuos. El gobierno, en cambio, opera con una cantidad increíble de dinero que le quita a la fuerza a los ciudadanos.

Dejo al lector pensar sobre qué es más justo. (Y yo me pongo a pensar en el fan número uno del excandidato López Obrador, que usa su blog para pedir caridad para mantener su blog. Ustedes saben de quién hablo).

Por último, algo fuera del tema pero sobre lo que hay que pensar: al concierto de Live Earth en Sudáfrica sólo asistieron seis mil personas de las diez mil que se habían calculado. Hay que recordar que este concierto tenía como objetivo crear conciencia sobre el calentamiento global (siguiéndole el juego a los medios histéricos y a los gobiernos ansiosos de más regulaciones). ¿Por qué fue tan poca gente? El clima: estaba nevando en Johanesburgo, cosa que no sucedía desde hace 25 años. La ironía me mata.

Los Mayas y las Nuevas Maravillas

La civilización maya ha sido noticia durante los últimos meses. Todo comenzó con la película Apocalypto de Mel Gibson, y el subsecuente rasgamiento de vestiduras por parte de una legión de individuos escandalizados por la forma en que el insoportable australiano representó a los mayas. Al respecto yo no podría opinar, no la he visto, pero a fin de cuentas es una película de ficción, no un documental, asi que no entiendo por que la gente se siente tan ofendida.

Hace unas semanas disfrutamos de una bonita histeria pública por la profecía de un chamán supuestamente azteca de nombre supuestamente maya. Según emails y sitios web, el místico en cuestión había predicho con una gran exactitud un fortísimo y destructivo terremoto en la Ciudad de México para el pasado 25 de Abril, aunque después aclaró que era para el 25 de mayo. No creo que sea necesario decir que la catástrofe no se presentó, pero no faltaron los despistados que salieron de la ciudad ese día (y peor aún, burócratas que ordenaron la evacuación de escuelas y guarderías).

Y de unas semanas para acá, los medios, algunas empresas, y hasta el gobierno, no han dejado de recordarnos que por alguna razón es un imperativo moral votar para que la pirámide de Chichén Itzá sea declarada como una de las nuevas maravillas del mundo.

Pues bien, en la opinión de un servidor, los mayas -al igual que las demás culturas antiguas-, están sobrevaluadisimos.

Aclaro, no es que niegue la importancia de las aportaciones valiosísimas de los mayas, babilonios, antiguos indios, griegos, egipcios, chinos y demás civilizaciones antiguas. De hecho, la historia es una de mis grandes pasiones. Mi punto es que no es justo sacar de proporción las aportaciones de nuestros antepasados, y pasar por alto las verdaderas maravillas que el hombre ha creado en los últimos siglos. Y que también es importante aceptar que nuestros antepasados solían equivocarse en muchas cosas y usualmente hacían cosas estúpidas (igual que nosotros). Y que eso de las siete nuevas maravillas es un concurso de popularidad que no hay que tomarse en serio.

Los mayas tenían, en efecto, avanzados conocimientos en Astronomía y Matemáticas, lo cual les permitió construir monumentos impresionantes. Pero esa es mi principal crítica hacia los mayas y otras culturas antiguas: los conocimientos avanzados que tenían sólo eran accesibles para una limitada élite de sacerdotes y gobernantes, y la gran mayoría de la población permanecía ignorante de todos esos conocimientos. Irónicamente, el principal uso de esa sabiduría era la construcción de monumentos cuyo fin era fomentar la religiosidad de la población. Lo mismo sucedió del otro lado del Atlántico: cuando la Gran Biblioteca de Alejandría fue destruida por los cristianos, se perdió una gran parte del conocimiento clásico, ya que este estaba concentrado en la biblioteca, sólo accesible para algunos individuos privilegiados.

Por otro lado, algunas personas con poco sentido común insisten en que tener conocimientos matemáticos y astronómicos equivale a tener poderes sobrenaturales. El barbón de pesados párpados y su obeso patiño (lectores mexicanos, saben a quienes me refiero) insisten en decirnos que los mayas podían ver el futuro y comunicarse con extraterrestres, lo cual no explica porque no previeron algo tan natural y predecible como la decadencia de su civilización. Por cierto, este es un momento perfecto para hacer un par de aclaraciones un tanto obvias, pero que le serán útiles a algunos lectores en busca de respuestas.

Aclaración 1: Nada extraordinario pasará en el 2012. Si los Mayas sabían hacer algo mejor que nadie en el mundo era contar el tiempo. Su sistema calendárico era muy exacto -y extremadamente complejo: dos calendarios, un tercer calendario producto de la combinación de los primeros dos, y el sistema de la cuenta larga, que es el que nos incumbe en este momento. Todos los calendarios del mundo tienen un punto de inicio, usualmente fijado en una fecha mítica y significativa: en Occidente, fijamos el año 1 en el supuesto nacimiento de Jebús, los musulmanes comenzaron a contar desde la Hijra (viaje de Mohammed de la Meca a Medina). Los judíos tienen su año 1 en el momento de la creación del mundo según el Antiguo Testamento.

Pues bien, en ese sentido el calendario maya es muy similar: también fija su punto de inicio de acuerdo a su mitología. Como la mayoría de los pueblos mesoamericanos, los mayas creian que antes de su tiempo, habían existido una serie (cuatro, para ser exactos) de mundos anteriores. Y de acuerdo a sus leyendas, determinaron el inicio de la Cuenta Larga en el año 3114 AC. Y también de acuerdo a sus leyendas, se les ocurrió que esa sección de su calendario debía de terminar el 21 de Diciembre de 2012. Sólo eso. No hay ningún tipo de evidencia arqueológica que indique que los Mayas le habían dado un significado especial a esa fecha (salvo el hecho de que se terminaba un ciclo de la Cuenta Larga), y de hecho existen algunas inscripciones con fechas posteriores al final de ese ciclo. Nada fuera de este mundo.

Aclaración 2: Por qué a los antiguos les gustaba construir pirámides. El hecho de que algunas culturas antiguas tuvieran una especial afición a construir estructuras de forma piramidal no tiene nada que ver con algún tipo de propiedad mística de dicha figura geométrica. En realidad, la explicación es mucho menos glamorosa. En la actualidad, lo que nos permite construir edificios altos sin correr el riesgo de que se derrumben en cualquier momento, es que poseemos la tecnología para hacerlo: capacidad para excavar cimientos profundos, y sobre todo, para diseñar y construir estructuras metálicas que sirvan como soporte. Los antiguos no tenían esa tecnología, y si querían construir una estructura alta, era necesario empezar por una base amplia, e ir reduciendo sus dimensiones conforme iba aumentando su altura. Simplemente no existía otra técnica, una pirámide les permitía construir a gran escala sin sacrificar estabilidad. Es obvio que diferentes culturas en diferentes lugares hayan dado con el mismo principio, y es por eso que hay tantas pirámides regadas por el mundo.

Hechas las aclaraciones, pasemos al punto central de este post. Es un lugar común decir que las pirámides mayas o egipcias requirieron de avanzados cálculos matemáticos y astronómicos. Y es cierto, avanzados para su época, pero un túnel ferroviario del siglo XIX requería de cálculos aún más avanzados y más precisos. Un edificio de oficinas de hace cincuenta años también. Y no mencionemos el tipo de cálculos que se requieren para construir un reactor experimental de fusión nuclear. Y sin embargo, nadie dice que los ingenieros modernos son superinteligentes, tienen poderes sobrenaturales o están asesorados por pequeños hombres grises.

Nuestros antepasados eran, al igual que nosotros, seres humanos. Es una falacia decir que por que pertenecían a culturas exóticas y desaparecidas, o por que estaban en contacto con la naturaleza eran más sabios que nosotros. Nuestros antepasados también tenían que trabajar para sobrevivir, pero las condiciones en las que lo hacían eran mucho más precarias. Hace mil años, nuestros ancestros podían considerarse afortunados si vivían más de 40 años, y usualmente vivían en sociedades oprimidas por místicos supersticiosos. La gran mayoría de ellos nunca aprendían a leer y escribir, y pasaban toda su corta vida en el mismo lugar en que nacieron. Hay que aprender a apreciar aquello de valor que nos heredaron los antiguos, pero hay que retirarles el tratamiento de sabios. No lo eran. No más que nosotros, al menos.

Sobre las Nuevas Maravillas
Hace algunos días la UNESCO reiteró que no apoya la iniciativa de las Nuevas Siete Maravillas del Mundo. Y tengo que estar de acuerdo con sus razones: es simplemente una iniciativa de un millonario con mucho tiempo libre, sin ningún principio válido de qué es lo que realmente debería de considerarse una maravilla. Por un lado, se incluyen obras construidas en épocas completamente diferentes (Stonehenge hace cinco mil años, la Casa de la Opera en Sydney hace menos de cuarenta), y no hay un criterio sobre qué es lo que representa o debería de representar la estructura en cuestión para ser considerada como una maravilla, ni que méritos debería de tener desde un punto de vista técnico.

La Estatua de la Libertad es una estatua cubierta de cobre de 47 metros de altura (el doble si contamos el pedestal), y fue construida en 1886. El Cristo Redentor de Rio de Janeiro fue construido en la década de 1920 y mide 32 metros de altura. La Estatua de la Libertad representó eso, libertad, para decenas de millones de inmigrantes que dejaron sus paises para buscar una vida mejor. El Cristo Redentor, parafraseando a Homero Simpson, es el cristo de tablero de auto más grande del mundo. Sin embargo, el Cristo Redentor será declarada una nueva maravilla del mundo en unos días, y la Estatua de la Libertad no. El lector tiene derecho a opinar de diferente forma, pero esto es una muestra de que el único criterio para determinar qué es una maravilla es simplemente que gobierno o empresas son capaces de conseguir más votos. Un simple concurso de popularidad.

De esta forma, los moais de la Isla de Pascua, verdaderos monumentos a la estupidez humana (construir esas cabezotas torpemente esculpidas, con la superstición como motivación, en una isla aislada y con recursos limitados terminó ocasionando una catástrofe ecológica y social), tienen más posibilidades de ser una nueva maravilla que Hagia Sophia, una estructura de gran belleza que ha permanecido de pie durante quince siglos, pese a estar construida en una zona bastante susceptible a terremotos.

Y quizás me contradiga al decir que no habría que darle importancia a la iniciativa de las nuevas maravillas y sin embargo dedicarles medio post. Pero la conclusión es triste y hay que decirla: tenemos una idea muy pobre de lo que debería de maravillarnos.

$758 a Cambio de tu Voto y tu Derecho a la Privacidad

Recibí un correo de parte de un despistado lector felicitándome por mis esfuerzos a favor del gobierno legítimo (es aquí donde uno desearía que Blogger tuviese risas grabadas). Supongo que los anteriores posts críticos al gobierno del presidente Calderón pudieron haberse interpretado como un apoyo a cierto tabasqueño con problemas emocionales. Nada más alejado de la realidad.

Pero es un buen ejemplo de la mentalidad dominante en nuestra cultura política, especialmente entre la izquierda del siglo XX representada por el PRD: si no estás conmigo estás contra mi. Aclaremos pues, mi postura: estoy en contra de la creciente influencia del estado sobre la vida de las personas, venga de la derecha o la izquierda. Y también debo decir que si en todos los partidos está presente esa ideología, son el PRD y sus lacayos quienes se llevan el primer premio.

De hecho, tengo planeado un post sobre ese peculiar demágogo populista que es Marcelo Ebrard. Sólo que es tanto lo que se puede decir de él que literalmente no sé por donde empezar. Mientras lo hago, una pequeña muestra de la increíble estupidez del PRD y sus legisladores.

Proponen diputados de PRD premiar a jóvenes al alcanzar ciudadanía

El universo de beneficiados sería de poco más de 67 millones de mexicanos, por lo que se requerirían de 624 mil 447 mdp, equivalente a 30% del Presupuesto de Egresos de la Federación, para otorgar ese derecho

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Notimex
El Universal
Ciudad de México
Viernes 29 de junio de 2007

16:25 Diputados federales del PRD propusieron que a todos los mexicanos mayores de 18 años, sin distinción alguna, se les entreguen 758 pesos mensuales por concepto de lo que denominaron ingreso ciudadano universal.

Anunciaron que el miércoles próximo presentarán ante la Comisión Permanente una iniciativa por la que se expide la ley que establece el derecho al ingreso ciudadano universal el cual, dijeron, opera en países como Brasil desde 2004.

En rueda de prensa, el diputado Gerardo Villanueva Albarrán explicó que se pretende que ese derecho se haga extensivo a todos los ciudadanos mayores de 18 años, inclusive a personas con una buena posición económica.

Precisó que el universo de beneficiados con ese ingreso sería de poco más de 67 millones de mexicanos, por lo que se requerirían de 624 mil 447 millones de pesos para poder otorgar ese derecho, lo que equivale a más de 30% del Presupuesto de Egresos de la Federación.

Explicó que el ingreso ciudadano universal consiste en una transferencia monetaria individual no condicionada, vitalicia y no gravable, superior a medio salario mínimo, el cual sería entregado a todos los que acrediten la ciudadanía mexicana.

La propuesta es que se instrumente de manera gradual, progresiva y acumulativa, y que se logre su plena universalidad en un periodo no mayor a cinco años, a partir de la entrada en vigor de la ley, expuso el legislador del Partido de la Revolución Democrática (PRD) .

Interrogado sobre de dónde se obtendría un monto tan elevado de recursos, explicó que mediante la eliminación del despilfarro en instituciones como el Sistema Nacional de Seguridad Pública, que recibe un presupuesto anual de 420 mil millones de pesos.

Al respecto, el secretario de Desarrollo Social capitalino, Martí Batres Guadarrama, quien acompañó en la conferencia al diputado Villanueva Albarrán, dijo que también se obtendrían 150 mil millones de pesos mediante un programa de austeridad.

Batres Guadarrama defendió que ese derecho sea extensivo a todos los ciudadanos, con el argumento que cuando se aplica una vacuna es para todos sin excepción.

El funcionario capitalino agregó que en Brasil hay un programa denominado de Renta Básica o Ingreso Universal que otorga una cierta cantidad de dinero a todos los ciudadanos, en tanto que en España y Argentina se discute la posibilidad de instrumentar un derecho de ese tipo.

mvc/alcr


Vamos a suponer por un momento que como dijo el señor Batres, parte de los recursos saldrían de un programa de austeridad. Distribuir 758 pesos al mes a cada mexicano mayor de edad no es una tarea fácil. Este programa necesitaría una enorme -y costosa- burocracia para funcionar más o menos bien, y probablemente costaría mucho más que los más que los 600 mil millones de pesos que los amarillos legisladores han afirmado. A nuestros queridos legisladores no se les da eso del sentido común.

Pero fuera de esta consideración práctica (no es la única), hay algunos problemas más graves con esta propuesta:

La simple noción de premiar a alguien por alcanzar la ciudadanía es ridícula e inmoral. Un premio es un valor que se le otorga a alguien por sus acciones. Esta propuesta esencialmente implica darle dinero a la gente por nada. Así es, no se trata de recompensar a una persona por su trabajo o sus aportaciones intelectuales o creativas, o en esencia ningún tipo de esfuerzo. Se trata de recompensar a un individuo sin ninguna razón. Me vienen dos frases a le mente: la primera, atribuída a Milton Friedman, no hay tal cosa como un almuerzo gratis: los cientos de miles de millones de pesos que se van a repartir a la gente los va a tener que pagar alguien. La segunda frase, los progresistas sólo son generosos con el dinero de los demás: los que vamos a pagar las ocurrencias del gobierno, como siempre, seremos los ciudadanos que si producimos.

El segundo problema es algo en lo que no había pensado hasta hace unos minutos, pero es una implicación aún más preocupante si se llega a llevar a cabo este programa: para que el gobierno reparta su ingreso universal a todos los ciudadanos, debe tener datos personales de los mismos, incluyendo información financiera y otros datos que no deben estar a disposición del gobierno. No creo tener que explicar por qué es increíblemente estúpido y peligroso que esa información esté en manos de los burócratas.

Y por último, es triste decir que 758 pesos pueden ser utilizados como medio de coerción para lograr fines políticos. En las elecciones del año pasado, a cientos de ancianos en el DF se les condicionó su subsidio mensual a cambio de su apoyo a López Obrador. Medio salario mínimo al mes a todos los ciudadanos elevaría las posibilidades de la coerción política a millones de votos.

Definitivamente, el programa de ingreso universal es una de las peores ideas que han tenido nuestros políticos últimamente. Y considerando el tipo de ideas que tienen usualmente, eso es mucho decir.