Los Revolucionarios son unos Idiotas

En principio, y si aceptamos la precedencia de los derechos individuales sobre los del gobierno, este sólo puede utilizar la fuerza en contra de aquellos que utilizan la misma, o el fraude, para afectar los derechos de otra persona o personas. Y si sabemos que el gobierno no puede tener más derechos de los que tienen los individuos, también podemos afirmar que estos tienen el derecho de remover -de ser necesario utilizando la fuerza- a cualquier gobierno que afecte sus derechos básicos.

En palabras más sencillas, si no existe alternativa alguna, los ciudadanos tienen el derecho de remover por la fuerza a un gobierno si este utiliza la coerción de forma deliberada en contra de los mismos.

La cuestión aquí es que casi siempre existen muchas y mejores alternativas que la violencia: aquel que prefiere el uso de la fuerza para lograr un fin político sobre cualquier otro medio es un perfecto imbécil.

Simplemente, hay que estudiar un poco de historia. Salvo unas pocas excepciones (la guerra de independencia en Estados Unidos, o los movimientos de resistencia europeos en contra de los nazis), las revoluciones siempre han dejado en el poder a gobiernos mucho peores que los que fueron derrocados. Ejemplos abundan: el stalinismo soviético, el khmer rouge de Pol Pot en Camboya, innumerables caudillos marxistas en Latinoamérica y África.

Hay muchas razones por la que esto resulta cierto. En un conflicto armado, el vencedor siempre será el que tenga más recursos y/o sea más hábil militarmente, factores que raramente se traducen en un gobierno eficiente y respetuoso de los derechos y libertades individuales. Un buen general es un pésimo gobernante.

Pero la razón principal es, como mencioné antes, que el individuo que elige la violencia como medio para enfrentar al gobierno es en la gran mayoría de los casos limitado intelectualmente, ignorante, intolerante, hipócrita y desde luego, violento. Y por alguna razón harto cursi (somos viento de libertad, afirman en su sitio los del EPR). Eso es lo que representa ser revolucionario.

Después de las elecciones del año pasado, los seguidores del candidato perdedor decidieron, por dogma, que se había cometido un fraude electoral. Tenían el derecho de hacerlo, pero en lugar de aportar pruebas y crear una estrategia legal coherente, decidieron que esto no era necesario, y prefirieron afectar los derechos de otras personas: el plantón de Reforma representó un costo enorme para las empresas de la zona, empleos perdidos, derechos de tránsito limitados para millones de personas. Muy revolucionarios, pero aparte de no lograr nada, sólo afectaron a millones de personas inocentes.

La Asamblea Popular de los Pueblos de Oaxaca. Para empezar, estos asnos no saben que “popular” viene de “pueblo” (ignorancia). También se proclaman revolucionarios. Afirman ser los únicos representantes del pueblo (intolerancia), y sus métodos favoritos son la toma de instalaciones, el daño a la propiedad privada, la quema de autobuses y la intimidación de turistas, comerciantes y cualquier persona que piense distinto a ellos (violencia). Las consecuencias son evidentes: la destrucción de la industria turística de la ciudad de Oaxaca, con la consiguiente pérdida de empleos directos e indirectos. Otra revolucioncita que no logra sus supuestos fines, pero si afecta a ciudadanos que no tienen nada que ver con el conflicto.

Pero no hay mejor ejemplo que los recientes atentados en contra de las instalaciones de Pemex por parte del EPR. Tales atentados no afectaron mucho al gobierno. Afectaron a la economía de millones de particulares, y el poco o mucho miedo que hayan creado también traera consecuencias bastante desagradables para mucha gente que la debe ni la teme. Entender lo que pasa por la mente de un revolucionario cuando se le ocurre poner una bomba en un ducto de petróleo es todo un reto. ¿Cómo es que la destrucción de propiedad y el daño a los intereses económicos de particulares (incluyendo a miles de trabajadores) puede servir para lograr un fin político? Y sobre todo, ¿lo justifica? Uno sólo puede llegar a una conclusión: o nuestros revolucionarios son idiotas, o simplemente sus fines son distintos a los que pregonan.

Asi como sucede en Colombia, los vínculos entre los grupos guerrilleros y el crimen organizado son conocidos. No tiene nada de extraordinario: un narco es una persona incapaz de ganarse la vida honestamente, y el único medio que conoce para ganarse la vida es la violencia. Eso es lo que lo hace tan parecido a un guerrillero. Son aliados naturales.

Y por otro lado, hay que tomar en cuenta las diferentes razones por las que uno puede estar en contra del gobierno. Un servidor está en contra del gobierno. El EPR está en contra del gobierno. Pero eso no nos hace iguales. Habemos quienes estamos en contra del gobierno por que este pone demasiados obstáculos al desarrollo de los individuos. En cambio, los autoproclamados revolucionarios son siempre socialistoides admiradores del Che Guevara que buscan derribar al gobierno para instaurar uno, valga la redundancia, revolucionario. Eso en la práctica significa instaurar el control absoluto del estado sobre la vida de los individuos, y la siempre necesaria purificación (léase la eliminación de aquellos que no tienen ideas revolucionarias).

No es que esté mal estar en contra del gobierno. Eso es siempre algo muy sano. El problema es estar en contra del gobierno por las razones equivocadas, y utilizar los medios equivocados. Eso es lo que hacen los revolucionarios.

En el fondo, los revolucionarios son siempre unos pobres (pero peligrosos) idiotas.

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