La Torre de Marcelo

Hay demasiadas cosas que se pueden decir de Marcelo Ebrard. Uniformes y útiles escolares, fiestas de quince años y playas gratis, clases de náhuatl obligatorias, pretender que todos vayan en bicicleta a trabajar (por que todos trabajan cerca de casa y todos tienen guaruras), querer controlar un aeropuerto internacional cuando no puede poner orden en el paradero de Pantitlán, violar los derechos de propiedad de ciudadanos inocentes con el pretexto de luchar contra el crímen, afirmar que él gobierna sólo para quienes votaron por él, su pseudoambientalismo postmoderno, su fascistoide reglamento de tránsito y muchas cosas más. Marcelo Ebrard es el populista demágogo y autoritario más grande de este país desde aquel ancianito tabasqueño que quería ser presidente y luego se volvió loco (no recuerdo su nombre, pero creo que terminó pidiendo limosna).

Y estos días, la polémica sobre la torre que Ebrard pretende construir para conmemorar el bicentenario del inicio de la Independencia. Que si el edificio que está en esa ubicación tiene valor histórico, que si es peligroso para los aviones, que si el área no cuenta con servicios y vialidades suficientes, que si el financiamiento y algunas otras cuestiones. Ah, y que el edificio en cuestión está horrible.

Pues bien, desde este humilde blog yo les ofrezco una sencilla solución: dejen al mercado decidir.

Cuando un particular quiere iniciar un proyecto de este tipo tiene que considerar un buen número de factores: si existen los servicios necesarios, si los habitantes de la zona están de acuerdo, cuál es el impacto a nivel ambiental. Está desde luego la cuestión de si el dueño actual está dispuesto a vender su propiedad y a qué precio. Y también debe de elaborar un estudio de mercado para responder una serie de preguntas muy importantes: ¿Es rentable el proyecto? ¿Voy a tener los suficientes clientes? ¿Cuántos clientes puedo tener en las presentes condiciones de servicios y vialidades? ¿En cuanto tiempo voy a recuperar mi inversión?

Si estas preguntas no son satisfactorias el proyecto no se hará realidad, y la razón es muy sencilla: si un empresario o un inversionista va a arriesgar su dinero, lo hará sólo si tiene buenas razones para hacerlo, es decir, cuál será su margen de ganancia y cuales los riesgos.

En el caso de un gobierno populista nada de esto aplica. Un gobierno así puede romper sus propias reglas en cuanto a medio ambiente, servicios y vialidad se trata. Puede expropiar una propiedad a cambio de una mísera indemnización. Puede darles a sus inversionistas condiciones y garantías que no obtendrían en un proyecto privado y puede utilizar recursos públicos en un proyecto que puede no ser viable: a fin de cuentas, a los gobiernos nunca les ha interesado utilizar el dinero de los ciudadanos de forma inteligente.

En la tradición de su antecesor, el señor Ebrard, representante del pueblo pobre y de los explotados, también se ha aliado con algunos representantes del poder económico. El lector puede leer todos los detalles aquí. Una historia sórdida en verdad, sobre todo la parte en que se intercambia un puesto político por favores económicos. Esa clase de gente es la que le da mala imagen al capitalismo de verdad.

Pero regresemos al tema: imaginemos que utilizando dinero mal habido y recursos públicos se construye la mentada torre y se inaugura (meses antes de terminada) en una bonita ceremonia. Pero supongamos que por diversas -y previsibles- razones, como la falta de vialidades, estacionamiento y servicios, o por simples razones de mercado, pocas empresas deciden rentar espacios en el edificio y al final termina resultando en un fracaso, en un elefante blanco más. ¿Quién pierde? Ciertamente no Ebrard, el impulso del proyecto a su campaña presidencial nadie se lo quitará. Tampoco los pseudocapitalistas, que habrán recibido buenas garantías y favores a cambio del dinero aportado. Los que terminarán perdiendo son los ciudadanos, quienes habrán pagado por la gracia del gobierno, y quienes dejarán de recibir servicios a cambio.

¿Quieren construir una torre para celebrar el bicentenario? De acuerdo, pero dejen al mercado decidir: hagan una licitación justa. Que sean los inversionistas quienes decidan si es viable esa u otra ubicación, que no se usen recursos públicos. La expansión de la ciudad hacia arriba es algo bueno, pero debe de llevarse a cabo en base a criterios económicos y ambientales, y no en base a criterios políticos.

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Un comentario en “La Torre de Marcelo

  1. “…venimos a protestar con todas nuestras fuerzas y con toda nuestra indignación…en el nombre del arte y la historia…amenazados, en contra de la erección en pleno corazón de nuestra capital de la inútil y monstruosa torre… ¿Hasta cuándo la ciudad…se asociará a las barrocas y mercantiles imaginaciones de un constructor de máquinas para deshonrarse y afearse inseparablemente? Pues la torre que ni siquiera la comercial América querría, es, no lo duden, la deshonra… Todos lo sienten, todos lo dicen y todos lo lamentan profundamente, y no somos más que un débil eco de la opinión universal, tan legítimamente alarmada”.

    En estos días lo anterior ¿les suena familiar?.

    Los extractos anteriores los he tomado de un manifiesto publicado el 14 de Febrero de 1887, en el diario “Le Temps” de París, y firmado por connotados artistas de la época; a la torre que hacen referencia es el edificio que ahora conocemos como el símbolo de la que quizá, es la ciudad más hermosa del mundo, la Torre Eiffel.
    Guardadas las proporciones, ¿no habrá algunas similitudes?

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