Entregando el cuerpo: misoginia e izquierda

Hace unos meses iba un servidor viajando en el metro cuando se subió al vagón un peculiar grupo. Tres mocosos de unos 17 o 18 años, vestidos de negro de las botas a las boinas, con botones con la imagen del Ché y de la hoz y el martillo, y propaganda bajo el brazo: un aspecto intelectualoide bastante bien trabajado. Junto a ellos iba una muchacha que desentonaba completamente, aunque quizás sólo por el hecho de ser mujer.

No me sorprendió ver a adolescentes comunistas en pleno siglo XXI. Y tampoco me sorprendió como, unos minutos después, el cabecilla del grupo se dedicó a reprender de forma poco discreta a la pobre muchacha. Nunca me enteré el por qué del regaño, pero las frases poco cooperativa y traidora se mezclaron no pocas veces con las menos idiosincráticas puta y pendeja. Ah, y otra palabrita también fue muy utilizada por el rufián en cuestión: servil.

Me acordé de este episodio cuando ese ejemplo de decencia y sentido común que se llama Gerardo Fernández Noroña decribió como entregar el cuerpo al acto de dialogar con alguien que piensa diferente, terrible crimen cometido por Ruth Zavaleta, presidenta de la cámara de diputados e integrante del PRD.

Un sujeto insultando a una mujer por que hace algo en contra del dogma es una de las actitudes que esperamos de la ultraderecha conservadora, o de los regímenes islamofascistas. Pero la misoginia y el machismo siempre han estado presentes en la izquierda que se autoproclama liberal y progresista. La caida en desgracia política de Rosario Robles también fue a base de argumentos misóginos. Y también hay que recordar las críticas machistas en contra de Patricia Mercado antes de las elecciones del año pasado, por parte de perredistas que afirmaban era la obligación de la candidata de Alternativa Socialdemócrata abandonar su candidatura en favor del patriarca de Macuspana.

Para muchos pseudoliberales, el estar a favor de los derechos de las madres solteras o el derecho al aborto es por simple pertenencia al grupo, o por la creencia de que llevarle la contra a los odiados ultraderechistas los convierte automáticamente en buenas personas (la izquierda está plagada de falsos dilemas).

Pero al final del día, para un buen número de izquierdosos, las mujeres están ahí simplemente para ser utilizadas como estandarte o como votos. Como en todas las religiones. ¿Estoy implicando que la izquierda es una religión? Asi es. Pero ese tema se tocará en otra ocasión.