Reforma Judicial: ¿Quién vigila a los que nos vigilan?

Quienes pueden renunciar a su libertad esencial para obtener una
pequeña seguridad temporal no merecen ni libertad ni seguridad.

-Benjamin Franklin

El 21 de Noviembre de 2006, tres agentes antinarcóticos encubiertos de Atlanta, Georgia, entraron -sin advertencia y derribando la puerta- a la residencia de Kathryn Johnston, una mujer de 88 años. La mujer, justificablemente asustada por la intrusión de tres desconocidos armados a su residencia, tomó un arma de fuego y disparó a los oficiales -equipados, desde luego, con chalecos antibalas. Como era lógico, comenzó un tiroteo en el que la señora Johnston murió y dos de los policías resultaron heridos. La investigación posterior reveló que de las 40 balas disparadas en la escena sólo una -que no hizo blanco- provenía del arma de la señora Johnston, mientras que su cuerpo recibió seis balas disparadas por los policías. La investigación también reveló que las heridas sufridas por los oficiales eran por fuego amigo.

El Departamento de Policía de Atlanta, tratando de justificar la intrusión ilegal a la residencia de la señora Johnston, afirmó que un informante les había comunicado que ese mismo dia había comprado crack en ese lugar, aunque posteriormente se reveló que esa información era falsa. Al cabo de unos meses, una investigación federal reveló que la intrusión ilegal en residencias de ciudadanos y la utilización de información falsa para obtener órdenes judiciales se llevaban a cabo de forma rutinaria.

En Estados Unidos la violación de las libertades civiles por parte de los cuerpos policiacos se ha convertido en un fenómeno común, especialmente desde el 9/11 pero sobre todo, desde la intensificación de la Guerra contra las Drogas. La intrusión ilegal en propiedad privada, utilización de tácticas paramilitares en contra de civiles y las detenciones ilegales se suceden con una frecuencia alarmante.

Y lo peor de todo, los ciudadanos afectados en su libertad y propiedad pocas veces están en posición de hacer algo al respecto. Después de todo, si un criminal te victimiza puedes denunciarlo con la policía. Pero si es un policía quien te encañona con su arma, ¿con quién lo acusas? ¿Con la policía?

De todas las cosas increíblementes estúpidas que los políticos pueden hacer, la peor es darle más poder a los policías. Y les tengo noticias: es justo lo que nuestros políticos están haciendo en este momento. La llamada reforma judicial establece la modificación del artículo 16 de la Constitución. Asi es, justo el artículo que establece la necesidad de órdenes judiciales como requerimiento para cateos y detenciones. Las consecuencias son, desde luego, evidentes: si un policía sospecha que en la casa de un ciudadano hay oculto un arsenal y un gazillón de toneladas de cocaína, podrá pedir refuerzos, derribar la puerta, ponerle una madriza al ciudadano en cuestión, arrestarlo por el tiempo que se le de la gana, tomar lo que se le antoje de su casa y retirarse con toda la impunidad del mundo. Sin tener que justificar legalmente sus acciones de ninguna forma.

¿Por qué está mal darle más poder a la policía? Después de todo, con todo el crimen y violencia que hay es un paso lógico, ¿cierto? Por que ellos nos protegen, y todo eso . . . . PUES NO. Cualquiera que haya tenido contacto con la policía y sus métodos puede mencionar más de una razón por la cual es una terrible idea. Las corporaciones policiacas son nidos de corrupción, y los agentes en el mejor de los casos generalmente carecen de la capacitación necesaria. Y en el peor de los casos son criminales en todo el sentido de la palabra. No pretendo decir que todos los policías son corruptos o criminales, pero un porcentaje de ellos lo son. Esa debería ser razón suficiente para oponerse a darles el poder de entrar a las propiedades de los ciudadanos o detenerlos sin la justificación legal necesaria.

Y el argumento de que el único propósito de la reforma es disminuir el crimen tampoco tiene sustento. Los criminales están acostumbrados a romper las leyes, y el criímen organizado tiene los recursos necesarios para afrontar el aumento del poder de la policia. Tienen las armas, la gente, la información y las influencias suficientes para poder enfrentar a una policía con más dientes. Y también tienen el suficiente dinero para corromperla.

Los ciudadanos comunes y corrientes, por otro lado, no tenemos tanta suerte: ahora la policía tendrá más derechos, y nosotros menos.

Y lo peor: la reforma es a nivel constitucional. La supresión de los derechos civiles se eleva a rasgo constitucional, sin ninguna ley de mayor jerarquía que permita revertirla. Y dudo que podamos contar con los ancianitos de la Suprema Corte para ello: con su dictamen sobre el asunto de Lydia Cacho y el góber precioso demostraron su aprecio por las garantías individuales.

De nuevo, un aplauso a los señores legisladores. Es evidente que trabajan con los intereses de los ciudadanos en sus corazones. Eso, o de nuevo están aprobando una ley sin leerla.

Muchos temas pendientes

Una disculpa a los lectores. Es una pena que mis exámenes finales y un montón de eventos relevantes en cuanto a la temática de este blog tengan que suceder casi al mismo tiempo. Eso sin mencionar una necesaria y urgente actualización de mi otro blog.

Asi que vayámos rápido con los temas de los últimos dias. Trataré de ser lo más elocuente que me permitan unas pocas líneas.

El No gana en Venezuela
Aunque en principio es una buena noticia, no hay que olvidar que estamos hablando de un tirano de los de verdad. La noche del dos de diciembre Hugo Chávez hablaba con un tono de abuelito bonachón y aceptaba dulcemente la derrota… pero no había pasado una semana y las bonitas frases victoria de mierda y seguidores de pacotilla ya habían salido de su boca. Suena pesimista, pero no hay muchas razones para festejar. Aún le quedan muchos seguidores y petrodólares para intentar perpetuarse en el poder una o dos veces más.

Pan y circo (y hielo y patines)
Al parecer el dinero gastado en instalar las pistas de hielo en la Plaza de la Constitución no proviene de los contribuyentes, sino de empresarios. Claro, habría que preguntarse a cambio de qué. A fin de cuentas, financiadas con dinero público o no, hay algo que nunca debemos de olvidar: si una sociedad ve como algo natural que el gobierno se encargue de proveer el entretenimiento navideño, verá como algo natural que el gobierno se haga cargo de cualquier otra cosa. Y eso es aterrador.

(Trivia: 100 puntos para el que me diga en honor a qué constitución el Zócalo de la Ciudad de México se denomina Plaza de la Constitución)

Cristina Kirchner toma el poder en Argentina
Elegir a la esposa del presidente saliente como nueva presidenta. No es la primera vez que los argentinos cometen ese error. Muchos celebran que el nuevo presidente sea mujer sólo por el hecho de ser mujer, como si eso fuese inherentemente positivo. La han comparado con Michelle Bachelet. Un servidor piensa que se parece más a nuestra Martita.

Y definitivamente nada puede ilustrar mejor la palabra populismo que sacar a relucir de nuevo el tema de las Malvinas. ¿Qué pensarán los isleños -que por cierto son mayoritariamente de origen británico- sobre la reclamación de soberanía de la señora Kirchner? Quizás la señora debiera de molestarse en preguntarles.

Fumar es más saludable que el fascismo
La ley antitabaco no sólo es discriminatoria. Si bien el debate en cuanto a los espacios públicos es hasta cierto punto razonable, obligar a un propietario de un restaurante o bar a discriminar a sus propios clientes atenta contra los derechos de propiedad. Pero Marcelo Totalitariamente Palacio Ebrard está obligado a copiar todas las legislaciones de los paises progres, que por alguna razón cada vez son más represivas.

Y por último…
Hoy los diputados aprobaron por lo general la reforma electoral. Lo realmente trágico del asunto es que la mayoría de la gente ignora hasta que punto nuestros políticos han comenzado a atentar en contra de nuestras libertades. Y que los que no lo ignoramos no sabemos qué hacer al respecto.

Y mejor no toco el tema de la evaluación de la educación en México. Pocos temas son tan desesperanzadores como ese.