La Mezquindad del Tirano

Cada vez es más difícil referirse a Hugo Chávez por medio de algún apodo más o menos gracioso. Utilizar los más comunes implica insultar a los payasos -una noble profesión- o a los simios, creaturas inteligentes.

El dictadorzuelo venezolano, ese que pide que nadie se involucre en la política de su país mientras extiende a sus agentes bolivarianos por toda Latinoamérica (incluyendo nuestro país), acaba de demostrar que no tiene miedo a quedar como un perfecto e imbécil patán enfrente del resto del mundo. La semana pasada, Angela Merkel, canciller alemana, criticó el protagonismo del dictador Chávez, afirmando que que él no es la voz de América Latina. El tirano, en su programa de televisión, le respondió esto:

Ella es de la derecha alemana, la misma que apoyó a Hitler y la misma que apoyó
el fascismo, ésta es la Cancillería alemana de hoy.

Alemania es un país que, como pocos, a tenido que reconocer de una forma muy dolorosa los errores de su pasado. Afirmar que su gobierno actual -por muy de derecha que sea-, es el mismo de hace casi más de sesenta años y representa la misma ideología revela, o una completa ignorancia, o una increible mezquindad. Y la presencia de cualquiera de las dos en un sujeto que pretende ser líder de toda Latinoamérica es alarmante.

Después de todo, fuera de las naciones islamofascistas de Oriente Medio, el único líder que no ha ocultado su antisemitismo es Hugo Chávez.

Por lo menos esta vez Merkel puede, con toda justicia, invocar la ley de Godwin.