“Un idiota del trigésimo tercer grado”

Hacia finales de 1905 Mark Twain había pasado por una serie de tragedias: había perdido a su hija Susy como consecuencia de una meningitis, y tenía poco que Olivia Langdon, su esposa, había sucumbido ante un padecimiento cardiaco. Y él mismo no se hallaba bien de salud -de hecho se hallaba en sus últimos años.

Por esa época recibió una carta, firmada por un tal J.H. Todd (uno de tantos charlatanes vendedores de curas y remedios que hacían su agosto por esas épocas), acompañada de un panfleto que hablaba maravillas de un remedio llamado Elíxir de la Vida, que afirmaba curar, entre otras muchos padecimientos, la meningitis y la difteria (enfermedad que décadas antes había matado a su primer hijo). La respuesta de Twain, dictada de inmediato a su secretaria, fue la siguiente:

Noviembre 20, 1905
J.H. Todd
1212 Webster St.
San Francisco, Cal.

Estimado Señor:

Su carta es, para mi, un acertijo sin solución. La caligrafía es buena y muestra un carácter considerable, e incluso hay rastros de inteligencia en lo que usted dice. Sin embargo, la carta y la publicidad que la acompaña afirman ser obra de la misma mano. La persona que escribió la publicidad es sin duda el individuo vivo más ignorante en el planeta; además es sin duda un idiota, un idiota del trigésimo tercer grado, un heredero de una ancestral procesión de idiotas que se remonta hasta el eslabón perdido. Es para mi un acertijo cómo la misma mano pudo escribir su carta y también su publicidad. Los acertijos me molestan, los acertijos me irritan, los acertijos me exasperan; y siempre, por un momento, motivan en mi un poco amable estado mental hacia la persona que me los ha impuesto. Dentro de algunos momentos mi resentimiento se habrá disipado, e incluso probablemente oraré por usted; pero mientras aún hay tiempo me apresuro a desear que tome por error una dosis de su propio veneno, y caiga rápidamente a la condenación a la que usted y los demás asesinos vendedores de curas se han ganado sin remordimiento y que tanto merecen.

¡Adieu, adieu, adieu!

Mark Twain.

Pueden ver la carta original aquí.

Sobre el Balance Bioenergético (parte II de III)

En Noviembre de 2007, Jay Inslee, congresista por un distrito del estado de Washington, Estados Unidos, solicitó a raíz de una serie de reportajes publicados por el Seattle Times, que se iniciara una investigación con el fin de detectar las redes de fabricación y distribución de dispositivos médicos fraudulentos. Su esfuerzo se enfocó, aunque no de manera exclusiva, al llamado PAP-IMI (Pap-Ion Magnetic Inductor, o Inductor Magnético de Iones), un aparato de 120 kilogramos que es tan inefectivo como los dispositivos de los que nos ocupamos en la entrada anterior, pero más peligroso.

El PAP-IMI está parcialmente nombrado en honor a su inventor, un profesor de Matemáticas griego de nombre Pannos Pappas. De acuerdo al reportaje del Seattle Times, Pappas utilizó el PAP-IMI para tratar el dolor de espalda de Charles “Chuck” Wallach, un ex vendedor de seguros de California. Debido al aparente éxito del tratamiento, Wallach y Papas se asociaron para comercializar las máquinas en Estados Unidos.

Su primer paso fue, en 1995, solicitar la aprobación de la FDA, que previsiblemente fue denegada debido por falta de información y evidencias. Esto no desanimó a Pappas y a Wallach, quienes hallaron una ingeniosa forma de burlar las regulaciones: importaron -bajo declaraciones aduanales falsas- los dispositivos desde Grecia. Porsteriormente contrataron a un IRB (un regulador privado a quien la FDA puede regular algunas funciones) de nombre BioMed para que iniciara un ensayo clínico, lo que les permitiría distribuir y utilizar los dispositivos. Desde luego, dado que se trataba (al menos en nombre) de un ensayo clínico, existían condiciones: no hacer uso de los dispositivos con fines comerciales y reportar cualquier lesión o fallecimiento. Wallach abrió en la ciudad de Los Angeles una clínica de nombre Bio-Energy Services, en donde daba tratamiento utilizando el PAP-IMI y desde donde promovía y vendía los dispositivos.

Durante los siguientes años Wallach recibió advertencias y quejas de personas que habían adquirido el PAP-IMI, e incluso de sus propios empleados, pues los dispositivos estaban notablemente mal ensamblados y Wallach no tenía el menor empacho en hacer afirmaciones exageradas acerca de sus capacidad terapéutica (por ejemplo, que podían curar el cáncer).

A pesar de ello, Wallach continuó vendiendo dispositivos y operando su clínica sin mayores sobresaltos hasta 2002, cuando BioMed, el regulador independiente cuyo trabajo era supervisar el ensayo clínico, finalmente descubrió que muchos aparatos habían sido vendidos a personas e instituciones que no formaban parte de este. Poco después salió a la luz que Lifeworks Wellness Center, una clínica de Florida que participaba en la prueba, había omitido reportar oportunamente la muerte de dos pacientes pocos días después de haber sido tratados con el PAP-IMI. Ante esta negligencia y otras acusaciones que he habían acumulado, BioMed canceló el estudio y ordenó que se detuviera el uso de los dispositivos.

Sin embargo, esto tampoco detuvo a Wallach.

Meses después, la FDA inspeccionó la clínica y, pese a constatar las múltiples faltas -incluyendo presenciar como un bebé con cáncer era tratado con el PAP-IMI-, decidió no cerrar ni suspender su operación, sino continuar la investigación en colaboración con las autoridades sanitarias del estado de California. Por su parte, Wallach recurrió a TABS, otro regulador privado con sede en Texas, para iniciar una nueva prueba clínica y poder continuar vendiendo y utilizando los dispositivo,s libre del escrutinio de las agencias reguladoras.

En Marzo de 2003 una mujer de 68 años de nombre María Silva falleció mientras recibía tratamiento con el PAP-IMI. Silva tenía un padecimiento cardiaco que la ponía en un severo riesgo al someterse al tratamiento. En respuesta a este fallecimiento, el fiscal del condado de Los Angeles finalmente inició un proceso penal en contra de Wallach, quien murió en 2004, escapando de cualquier consecuencia legal. En 2005, la FDA ordenó a Pappas detener las pruebas clínicas, haciendo ilegal el uso del PAP-IMI dentro de Estados Unidos, pero dejando atrás decenas de máquinas, algunas de las cuales siguen siendo utilizadas de forma clandestina.

Aunque los distribuidores estadounidenses recibieron un duro golpe por esas regulaciones, el doctor Pappas ha continuado sus negocios en el resto del mundo -incluyendo nuestro país. Pero antes de abordar ese tema, será buena idea tocar el muy importante tema de qué es el PAP-IMI, cómo se supone que funciona y por qué es una pérdida de tiempo y dinero ser tratado con este.

Pannos Pappas demostrando, por alguna razón, que el dispositivo de su invención puede sacar chispas.

El sitio de internet del PAP-IMI es tan esclarecedor como bien diseñado, pero incluye un link hacia el sitio en el que Pappas publica las investigaciones que fundamentan su invento, y en el que sin ningún pudor (ni sustento: su demostración matemática no tiene sentido), afirma que E = mc2 describe incorrectamente la equivalencia entre masa y energía, y afirma que la ecuación correcta es E = kmc2. Además, en un giro propio de historia de origen de algún superhéroe de la guerra fría, habla de reacciones nucleares a nivel biológico. Es un poco difícil criticar el fundamento científico del PAP-IMI en base al contenido de este sitio, pues es increíblemente confuso (y el que la persona que lo escribió no domine el idioma Inglés no ayuda en mucho).

Afortunadamente, quienes hacen negocio con el PAP-IMI en nuestro país tienen una idea marginalmente mejor de cómo diseñar un sitio de internet (y de cómo dar explicaciones más o menos legibles):

Este nuevo y sorprendente aparato médico, produce un “Micro-Relámpago/Rayo de inmenso poder. PAPIMI genera un micro-pulso de 200-300 nanosegundos (menos de una millonésima de segundo), que produce una onda magnética que penetra 40 cm. de profundidad, sin generación de calor, para el tratamiento de dolor intenso. Los pulsos de alta frecuencia son tan cortos que pasan a través de la membrana del citoplasma a través de los canales iónicos.  Los paquetes de pulsos rápidos actúan mediante un poderoso impacto en la estructura intracelular permitiendo cambiar su equilibrio bioquímico. Un campo magnético, como el inducido por el PAP IMI es capaz de penetrar casi todas las sustancias. A medida que cambia el campo en el breve lapso de duración de su pulso, expandiéndose y colapsándose   en menos de una diezmillonésima de segundo, origina una pequeña corriente que proporciona bioenergía a las células.  La eficacia terapéutica del electromagnetismo para tratar enfermedades  ha sido demostrada por una investigación realizada en la University of  Southern California  y publicada en la prestigiosa revista científica New Scientist Magazine.  El trabajo confirma que los paquetes de pulsos electromagnéticos de nanosegundo (millonésimas de segundo) pueden pasar a través de la membrana exterior de las células sin dañarlas y modificar su interior lo que, según los investigadores, permite tratar de forma efectiva enfermedades crónico degenerativas.

De acuerdo a esta explicación, el efecto del PAP-IMI es un supuesto cambio a nivel molecular en las células, por efecto de una rápida sucesión de pulsos electromagnéticos (descrito como un rayo de inmenso poder). Es evidente que esta nueva tecnología no es más que una versión reempacada y reetiquetada de la también inútil magnetoterapia. En realidad, los campos magnéticos no tienen ningún efecto en la composición molecular de las células y tejidos. Para lograr un efecto ionizante de ese tipo se tendría que echar mano de (valga la redundancia) la radiación ionizante, y sus efectos suelen ser más dañinos que curativos. Pero no hay que alarmarse, el campo electromagnético del PAP-IMI es, por lo general y en ese sentido, inofensivo.

Y llama la atención que el párrafo comienza afirmando que el PAP-IMI puede tratar el dolor intenso, y termina diciendo que puede tratar de forma efectiva enfermedades crónico-degenerativas.

Esto hubiese sido imposible con cualquier otro sistema o dispositivo, ya que la superficie conductiva de un tejido vivo de acuerdo con la Ley de Gauss, se constituye en un escudo como la “Jaula de Faraday” consecuentemente, la única forma posible de penetración profunda de una energía electromagnética en el tejido vivo es la utilización del principio patentado por el PAPIMI. El proceso nuclear producido por PAPIMI se verifica en forma atérmica, sin que ocurra descomposición de la materia, siendo éste el fenómeno de fusión nuclear más importante y al mismo tiempo más común en biología.

Supongo que con fusión nuclear se refieren a los núcleos celulares. Por que de lo contrario estarían hablando de reacciones nucleares a nivel celular. Y eso tendría implicaciones, digamos, explosivas, si no fuera por que es completamente irreal. Y aunque sus afirmaciones terapéuticas son cautelosas, algunas llaman la atención:

No ha tenido efectos secundarios adversos en más de 1´000,000 de tratamientos. Incluso en aquellas  personas que han usado este aparato todos los días por más de 10 años de exposición continúa.

Otra clínica anuncia tratamientos con el PAP-IMI afirmando que ayuda a mejorar el sistema inmunológico y sirve para tratar alergias, esclerosis múltiple, mal de Parkinson y desórdenes como la esquizofrenia y el síndrome de Alzheimer, que catalogan como psicológicos, demostrando su muy pobre conocimiento médico: la esquizofrenia es un desórden psiquiátrico, y el Alzheimer es neurológico.

Ahora bien, ¿cuál es la diferencia entre el PAP-IMI y otros dispositivos cuestionables (como los de medición de meridianos de los que hablamos en la entrada anterior)? Si ignoramos el siempre presente riesgo que representan estas prácticas al alejar a los pacientes de terapias y médicos de verdad, al menos los otros cacharros son inofensivos. El PAP-IMI, por el contrario, hace pasar una corriente eléctrica de mayor magnitud a través de una sonda que entra en contacto con el cuerpo del paciente, y eso representa un verdadero peligro, especialmente para personas con padecimientos cardiacos o prótesis o placas metálicas en el cuerpo: el campo magnético puede calentar el metal dentro del cuerpo y causar quemaduras.. La sonda en si misma tiende a sobrecalentarse, y si su revestimiento sufre algún tipo de daño, puede causar lesiones muy graves.

Abordemos ahora la dimensión local de esta problemática: de acuerdo al oficio número 402-07330021790071 emitido por la Cofepris (Comisión Federal para la Protección contra Riesgos Sanitarios), que depende de la Secretaría de Salud, se otorgó al Instituto de Medicina Energética y Biológica, S.C., con sede en Tijuana, Baja California, el registro número 0767E2003SSA para operar el PAP-IMI. Este instituto es el distribuidor de los dispositivos en nuestro país, y al parecer está operado por una doctora de nombre Gloria Godínez Leal, N.D., H.M.D., C.A.

No sólo la Secretaría de Salud ha permitido el uso de este dispositivo. En el sitio de Pappas se anuncia una conferencia, (incidentalmente celebrándose durante los días en que se publica esta entrada) en la unidad de congresos del Centro Nacional Siglo XXI del IMSS, impartida por la doctora Esther del Río Serrano, y en la que aparte del PAP-IMI, se abordan temas tan sugerentes como cristales líquidos, resonancia de alta vibración y acelerador de partículas.

¿Acelerador de partículas? Así es: esta gente tiene una imaginación tan grande como su descaro. Pronostico que antes de que termine este año alguien va a comenzar a dar conferencias acerca de la teoría de supercuerdas y sus aplicaciones en la medicina alternativa.

El PAP-IMI no tiene más fundamento científico que las ideas irracionales del señor Pappas, además de que ha demostrado ser potencialmente peligroso -y en este caso el riesgo que representa va más allá del siempre presente efecto de alejar a los pacientes de terapias que si funcionan. Las personas que ofrecen servicios utilizando este tipo de dispositivos muchas veces hacen afirmaciones poco realistas y no fundamentadas en evidencia.

Sin embargo, nuestras autoridades sanitarias no sólo parecen ignorar el tema, sino que aparentemente han dado luz verde al auge de aparatos milagrosos sin molestarse en averiguar si en realidad son efectivos y seguros. No parece ser coicidencia el que muchas de las clínicas que ofrecen tratamientos utilizando este tipo de dispositivos y otras modalidades de tratamientos cuestionables, se encuentran en ciudades fronterizas o receptoras de turismo internacional: tienen un mercado muy grande en los pacientes que vienen a nuestro país desde otros países -principalmente de Estados Unidos-  a recibir tratamientos que han sido prohibidos en sus lugares de origen.

Sobre el Balance Bioenergético (parte I de III)

Nota: esta entrada es una segunda versión de la que se publicó aquí en Abril de 2009. Hace unos días, una de las personas aludidas en ella, y argumentando su intención de demandar a un servidor si no lo hacía, me solicitó borrar su contenido. Removí temporalmente la entrada, le solicité que me indicara qué información era incorrecta y le pedí que me proporcionara la correcta. Dado que su muy visceral respuesta no fue aclaratoria en ese sentido, decidí no sólo publicarla de nuevo, sino reescribirla por completo.

Son muchos los nombres por los que se le conoce a este conjunto de prácticas: balance o diagnóstico bioenergético, bioresonancia, medicina cibernética, medición de meridianos y medicina cuántica son algunos de ellos. Tienen en común el uso de dispositivos que, de acuerdo a sus proponentes y mediante una supuestamente avanzada tecnología, pueden diagnosticar y curar desde alergias hasta desórdenes nerviosos, pasando por toda clase de enfermedades reales e imaginarias. Todo depende de la imaginación (o el descaro) de la persona que ofrezca este tipo de servicio.

En realidad, estas prácticas no son efectivas y en muchos casos son peligrosas, e incluso mortales. Aunque en México aún no existe ninguna regulación aplicable, su uso ha sido prohibido por autoridades sanitarias de otros países.

No es un fenómeno reciente: los inventores de máquinas con extraordinaria (y nunca comprobada) capacidad para diagnosticar y curar enfermedades han hecho de las suyas desde que a finales del siglo XIX aparecieron las primeras máquinas que prometían curar enfermedades por medio de la electricidad -un fenómeno físico que apenas comenzaba a aplicarse y que era visto como poco menos que magia por la mayoría de la gente. Y esa es precisamente una de las claves para identificar este tipo de tomaduras de pelo: el (mal) uso del lenguaje de la ciencia para dar la impresión de que se trata de una tecnología producto de los últimos avances científicos: al principio era el electromagnetismo, hace cien años eran las ondas de radio y ahora les da por usar la palabra cuántica a la menor provocación.

No obstante el uso de terminología científica, el balance bioenergético no es mas que pensamiento mágico empaquetado como ciencia de verdad.

Esta práctica está estrechamente relacionado con la acupuntura, ya que sus principios se basan en la supuesta medición y manipulación del qi o energía vital que circula por los míticos canales llamados meridianos. Su origen está en el trabajo de Reinhard Voll, un médico alemán que había experimentado con la acupuntura, a la cual decidió integrar con la electrónica, creando a finales de los cincuenta el sistema Dermatron y estableciendo las bases de esta práctica.

De acuerdo a los principios establecidos por Voll, es posible realizar un diagnóstico a partir de una medición en un conjunto de puntos de acupuntura en la piel. Dicha medición indica el estado de los órganos o sistemas asociados con cada uno de estos puntos.

Para obtener esa medición se utiliza en un dispositivo conectado a dos electrodos. El paciente sujeta uno de los electrodos con una mano, mientras que el operador utiliza el otro para medir la energía en cada uno de los puntos de acupuntura en la piel. Esta medición puede tener un valor entre uno y cien, de acuerdo a la escala creada por Voll. Los valores cercanos a cincuenta indican que el órgano representado por ese punto se encuentra en un estado normal. Si el valor tiende a cien, significa que hay una inflamación, y si tiende a cero, entonces se trata de una degeneración. En base a esta medición, se determina el tratamiento necesario para corregir el desequilibrio energético (usualmente un medicamento homeopático, aunque también suelen indicarse suplementos y vitaminas).

Esta tecnología es promovida como avanzada y novedosa, pero en realidad (y a diferencia de las tecnologías de obtención de imágenes médicas) no ha evolucionado en los últimos cincuenta años. Sus únicos avances han sido en la facilidad de uso y en lo estético: en un principio la persona que realizaba la medición obtenía los resultados en indicadores análogos de aguja y los interpretaba para determinar el remedio indicado. Actualmente los resultados se despliegan gráficamente en la pantalla de una computadora, y el mismo sistema suele ser el que sugiere el tratamiento.

Ahora bien, ¿son capaces estos dispositivos de diagnosticar problemas de salud? En realidad no. Este tipo de dispositivos no son más que galvanómetros que no tienen capacidad de medir otra cosa además de la respuesta galvánica de la piel, es decir, la resistencia de la piel al paso de una corriente eléctrica. ¿Tiene alguna utilidad esta medición? Una muy limitada: la respuesta galvánica es determinada por el nivel de humectación de la piel, que en la práctica es consecuencia de la sudoración, y que a su vez refleja el estado de excitación de una persona.

En pocas palabras: al medir la respuesta galvánica de la piel, es posible determinar (aunque con un considerable margen de error) qué tan excitada o nerviosa está una persona. No es coincidencia que este mismo principio sea utilizado en los polígrafos o detectores de mentiras. Otro uso aceptado de este principio (aunque su utilidad real aún es materia de debate) es el del biofeedback, una técnica de relajación que pretende, al darle al sujeto retroalimentación en tiempo real respecto a su estado de relajación, una herramienta para lograr controlar ese estado.

Desde luego, esa capacidad está muy lejos de la que le atribuyen los proponentes del balance bioenergético. El estado interno de cualquier órgano simplemente no se refleja en la capacidad de la piel para conducir una corriente eléctrica y, en todo caso, la humedad de la piel y la presión que se ejerce al tomar la medición son los factores que más peso tienen en el resultado (además de que son factores que suelen estar bajo control de la persona que toma la medición).

Y desde luego, hay que considerar que la inexistencia de los meridianos y el qi los pone en la categoría de cosas cuya medición requiere mucha imaginación y/o mucho descaro.

Ahora bien, si estas máquinas no sirven para hacer diagnósticos, ¿por qué está permitida su fabricación, venta y uso clínico? Después de todo, sus proponentes suelen argumentar que cuentan con autorización de la FDA (Agencia de Drogas y Alimentos de Estados Unidos). Esa afirmación es, en realidad, inexacta: la FDA autoriza la fabricación y venta de estos dispositivos sólo como medidores de la respuesta galvánica de la piel y no aprueba su uso con fines de diagnóstico y tratamiento. Al registrar sus dispositivos de esa forma (usualmente afirmando que se trata de auxiliares para biofeedback), los fabricantes son libres de distribuirlos y la responsabilidad de su uso (y de las afirmaciones médicas que se hagan) cae en los distribuidores y en los usuarios finales. No es coincidencia que mientras los fabricantes suelen hacer afirmaciones cuidadosas y con un lenguaje ambiguo, las personas que ofrecen servicios haciendo uso de los dispositivos tienen mayor libertad para hacer afirmaciones acerca de su supuesta capacidad terapéutica y de diagnóstico. Esto es más evidente en el caso de distribuidores y usuarios que se encuentran en otros países, fuera de la regulación de la FDA.

BioMeridian, con sede en Utah, Estados Unidos, es uno de los principales fabricantes de este tipo de máquinas. En su sitio de internet no hay afirmaciones acerca del uso de sus productos como herramientas de diagnóstico:

La prueba de Evaluación de Estrés de Meridianos mide la energía en los puntos meridianos, y guía al operario a áreas probables de desequilibrio. Esta tecnología es usada en varios servicios de salud alrededor del mundo. Le proporciona a los operarios más información a considerar al momento de intentar revertir las perturbaciones energéticas de sus clientes a un estado de equilibrio.

El uso de la palabra clientes no es casual: el lenguaje es bastante cuidadoso y sería difícil argumentar que se trata de una afirmación de naturaleza médica. Aunque tal cautela no le ha impedido a BioMeridian cabildear -sin éxito hasta ahora- para que se apruebe el uso terapéutico de sus productos en algunos estados. Su último intento terminó en fiasco gracias al pobre manejo de la información por parte de uno de sus ejecutivos, quien torpemente entregó documentación con afirmaciones falsas a representantes del gobierno del estado de Washington.

Mientras más avanzamos en la cadena fabricante-usuario, las afirmaciones cambian dramáticamente. El sitio de internet de una empresa que distribuye los productos de BioMeridian en nuestro país afirma:

Un buen médico tiene un promedio de exactitud del   35%
Con estudios de gabinete éste puede subir hasta un 45%
Las Clínicas CAT cuentan con el único equipo que puede ofrecerle un promedio del   90%
Tanto en sus diagnósticos como en sus tratamientos!!!

Por muy interesante que sea la cuestión del origen de tan simpática estadística, será mejor enfocarnos en lo importante: es claro que están afirmando que su sistema es mucho más efectivo para diagnosticar y tratar enfermedades que los métodos y tratamientos convencionales. En su FAQ son más específicos:

La prueba implica tomar una lectura electrónica de los puntos de Voll descritos en el apartado anterior. Esta prueba se realiza con una terminal eléctrica que toca los puntos del cuerpo y envía una corriente eléctrica muy pequeña e imperceptible, a través de cada punto, que es registrada y analizada por el sistema informático mientras usted se encuentra cómodamente instalado. Por la naturaleza no invasiva de esta prueba, podemos garantizar que el procedimiento será indoloro. La duración de la prueba es de entre veinte minutos (tratamientos específicos, dolor, eliminación de síntomas) y dos horas, (padecimientos crónicos) en los cuales el resultado es un diagnóstico integral del estado actual del paciente.

De acuerdo al propio fabricante los equipos sólo sirven para detectar desequilibrios energéticos (lo que sea que eso signifique). Pero de acuerdo a este distribuidor, son capaces de detectar padecimientos crónicos. ¿Y qué hay de los que ofrecen servicios haciendo uso de estos dispositivos? Una clínica de nombre Bioenestar opera en Puerto Vallarta y ofrece diagnósticos utilizando un equipo BioMeridian. De acuerdo a su sitio de internet:

Conozca el único sistema que alcanza un promedio de más del 90% en diagnósticos y tratamientos acertados.

Equilibre su cuerpo y su mente.
*Disfunciones, degeneraciones en órganos, aparatos y sistemas orgánicos, Intoxicaciones.
*Desórdenes nerviosos y emocionales que puedan estar ocasionando otros padecimientos.
*Alergias (sensibilidades alimenticias y ambientales que afectan su estado de salud).
*Deficiencias y/o Excesos de vitaminas, minerales, aminoácidos, proteínas, oligoelementos, enzimas, etc.
*Interferencias dentales, vertebrales.

Por introducción, obtenga 2 servicios por el precio de 1!

Y su diagnóstico emocional computarizado con Flores de Bach, Gratis!

El servicio Incluye Diagnóstico Computarizado y Terapia de Frecuencias Electromagnáticas para un mes.

No necesitará gastar en medicamentos ni estudios de laboratorio.

La última frase, no necesitará gastar en medicamentos ni estudios de laboratorio, ilustra perfectamente cuál es el problema con este tipo de prácticas. Imaginemos dos potenciales escenarios:

  • Una persona que no tiene ningún problema de salud, o que simplemente padece de alguna condición autolimitante, ciertamente no necesita gastar en medicamentos ni estudios de laboratorio… pero tampoco necesita gastar para que un sujeto utilice un aparatito cuestionable para detectarle alguna condición que probablemente no tenga y le venda una medicina cuyo único efecto será el del placebo. Y de lo ético de vender placebos mejor ni hablamos.
  • Una persona que padece de alguna enfermedad seria y que no ha sido diagnosticada definitivamente tiene que gastar en medicamentos y estudios de laboratorio. Y lo peor que puede hacer es gastar para que le hagan una prueba que, al ser incapaz de diagnosticar otra cosa además de las manos sudorosas, hará que su enfermedad pase desapercibida y no sea tratada. Y las enfermedades serias tienen la fea costumbre de ponerse peor cuando no son tratadas.

Sobra decir que la práctica no está regulada (y si lo está, no es algo que preocupe particularmente a las autoridades), y la forma en la que se promueven estos dispositivos hace muy fácil que cualquier persona pueda adquirir uno y dedicarse a ofrecer el servicio, independientemente de su preparación académica. De acuerdo a su perfil de MySpace, el sujeto que opera la clínica Bioenestar, no tiene más credencial académica que una licenciatura en Turismo, y no tiene más experiencia que la de trabajar en una empresa que se dedica a vender aparatos de diagnóstico bioenergético.

Y no, la bata blanca y los guantes de látex tampoco cuentan.

Los médicos de verdad suelen pasar bastantes años estudiando y preparándose, y aún así cometen errores y tienen que esforzarse para aprovechar los recursos y herramientas que tienen.

Y sin embargo, pareciera que poseer un aparatito milagroso y una certificación que acredite que se sabe utilizarlo son suficiente calificación para poder afirmar que se pueden hacer mejores diagnósticos que los de la medicina basada en evidencia.