#YoSoyCan26: Activismo Animal Dogmático e Irracional

A menos de que usted, querido lector, haya comenzado a leer esto justo después de haber despertado de un coma profundo, ya debe conocer el tema de la semana: las personas muertas en el parque ecológico del Cerro de la Estrella de la delegación Iztapalapa. También sabe que se presume que las cinco personas fallecieron (en tres incidentes distintos) como consecuencia de ataques por parte de un grupo de perros. Y seguramente está enterado de los posteriores operativos en los que se ha capturado, hasta el momento, a 57 perros

Lo que siguió a esos eventos, tanto en los medios como en las redes sociales, ha sido un buen ejemplo del frecuente, fascinante (y frustrante) fenómeno que surge de mezclar mal periodismo, confundir opiniones con hechos y dejarse llevar por el sospechosismo y la conspiranoia.

Parte del problema está en los medios. Las primeras notas sobre el tema, en Milenio, hablaban de una jauría devorahombres. El uso de un adjetivo como ese implica que el propósito de los ataques por parte de los perros sería alimentarse de las víctimas, lo cual es, en realidad, en extremo improbable. En notas posteriores, prácticamente todos los medios se han referido a los incidentes como asesinatos, a los perros como asesinos y a las capturas como detenciones.

Surgió una narrativa: la de perros sanguinarios y feroces que cazan seres humanos para alimentarse, y una insistencia en juzgarlos en términos humanos. Vale la pena preguntarse: ¿es esta narrativa producto del lenguaje de nota roja y el tratamiento sensacionalista del tema por parte de los medios?

En respuesta, una nueva narrativa diametralmente opuesta: la de los perros inocentes, incapaces de atacar a seres humanos -mucho menos de matarlos-, culpados y detenidos para encubrir al verdadero asesino. Esta -por mucho la más popular en las redes sociales-, también tiene su dosis de mal periodismo. Milenio TV (y no es que uno tenga nada contra la cadena de medios), como parte de un reportaje sobre los ataques, entrevistó a familiares de una de las víctimas, quienes aseguraron que su hermana no había sido víctima de perros, y que las autoridades les ocultaban algo.

El dolor de los familiares de una víctima es comprensible, pero eso no le da validez a sus hipótesis. Ser familiares no los convierte en científicos forenses. Se podría incluso argumentar que los sentimientos involucrados les restan objetividad.

En las redes sociales surgió un movimiento, enarbolando el hashtag #YoSoyCan26, argumentando la inocencia de los perros. Surgió la versión de que los cuerpos mostraban señales de tortura. ¿De dónde surgió esta versión? Probablemente de las afirmaciones de los familiares de las víctimas. Una opinión que, en la mente de las personas, se convirtió en un hecho.

Hay por lo menos cinco afirmaciones falsas en esa imagen.

Hay por lo menos cinco falsedades en esa imagen.

A esta narrativa se fueron sumando más afirmaciones, algunas racionales (esas personas pudieron haber muerto en otro lugar y sus cuerpos arrojados allí), pero la mayoría bastante absurdas (los perros son incapaces de matar a las personas. En realidad se trata de un asesino serial. La procuraduría está maltratando a esos perros y los quiere sacrificar).

Pero ninguna de las dos narrativas ha sido particularmente efectiva en aclarar exactamente cuales fueron los hechos y que evidencias existen para explicar lo ocurrido.

En primer lugar hay que responder a una serie de preguntas: ¿es posible un ataque fatal de perros a seres humanos? ¿Qué tan probable es? De acuerdo a declaraciones del secretario de salud del Distrito Federal, Armando Ahued, sólo en 2012 se registraron más de once mil ataques de perros, setenta de ellos con heridas graves como consecuencias.

En la literatura médica los ataques de perros a humanos y a otros animales son un objeto de estudio constante, particularmente en Estados Unidos. PubMed, el motor de búsqueda de investigaciones biomédicas, arroja resultados al usar palabras clave como dog, attack, fatal y pack (perro, ataque, fatal y jauría). Uno de ellos, un reporte elaborado en 1983, presenta algunos casos de estudio en el que personas murieron a consecuencia de ataques de grupos de tres perros o más, en variedad de circunstancias.

Más allá del ámbito académico, no es difícil encontrar ejemplos del mismo fenómeno. En la versión en Inglés de Wikipedia es posible encontrar una lista de muertes ocasionadas por ataques caninos que han sido reportadas por los medios.

Una de las afirmaciones de #YoSoyCan26 es la imposibilidad de que perros puedan mostrar el tipo de conducta agresiva que lleva a ataques fatales en contra de seres humanos. La evidencia, sin embargo, nos dice lo contrario.

#YoSoyCan26 también se ha manifestado en contra de las acciones y de las intenciones de las autoridades. Sin embargo, las autoridades en ningún momento afirmaron que los perros capturados estuvieran necesariamente involucrados en los ataques. Por el contrario, declararon que el propósito de su captura era el de realizar pruebas forenses para determinar si ese había sido el caso. El día de ayer, más perros fueron capturados, y, de la misma manera, las autoridades en ningún momento los señalaron como involucrados en los ataques.

En la conferencia de prensa del 8 de Enero, además, la procuraduría anunció que, al completarse los análisis, los perros estarían disponibles para ser reclamados por sus dueños y, de no tenerlos, se pondrían en adopción. Las autoridades han afirmado que los perros han recibido cuidado y atención médica, y no se ha presentado evidencia alguna de que hayan sido sometidos a algún tipo de abuso.

Sin embargo, las acusaciones de crueldad animal y de la intención de las autoridades de sacrificarlos aún perduran.

Finalmente, en la misma conferencia de prensa se anunció que de acuerdo a las necropsias realizadas a los cadáveres de las víctimas, las lesiones que causaron su muerte son consistentes con la hipótesis de los ataques caninos.

Hasta el momento, los argumentos de #YoSoyCan26 han tenido más que ver con una interpretación sesgada y visceral de los hechos que con los hechos en si. Las protestas han sido, en su gran mayoría, en contra de supuestas acciones y planes de las autoridades que nunca tuvieron lugar ni fueron anunciados.

Cuestionar al gobierno siempre es importante. Pero negar por principio cualquier afirmación de las autoridades es una postura tan dogmática y cerrada como creer cualquier cosa que digan, especialmente cuando se ofrecen alternativas que son, analizadas objetivamente, mucho más improbables que las oficiales.

Es triste, pero el movimiento de defensa de los derechos de los animales, o al menos un importante sector de él, se ha caracterizado por asumir posiciones dogmáticas e irracionales, la adopción una imagen idealizada y completamente irreal de los animales, y un nulo rigor en fundamentar sus afirmaciones en hechos verificables.

Si dentro de este movimiento sigue dominando el sector que ha optado por el dogma, las posiciones radicales y la misantropía, al final del día, los afectados serán esos seres a los que supuestamente dicen defender.

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21 de Diciembre: un Día como Cualquier Otro

Los calendarios son una invención humana. Su propósito: dar una apariencia de orden a lo que en realidad es caos. Desde el punto de vista humano (y eso va desde las pocas décadas que como individuos experimentamos la naturaleza, hasta el puñado de milenios durante los cuales, como especie, la hemos observado y medido), el día y la noche, la luna llena y la luna nueva, la primavera y el otoño, parecerían ir y venir con la precisión de un mecanismo de relojería.

Pero esa precisión es en realidad una cuestión de escala. Las fuerzas que determinan la velocidad en la que nuestro planeta gira sobre su propio eje, el ángulo en el que lo hace, y el tiempo que le toma completar su órbita alrededor del sol son variables. Desde nuestro punto de vista estos cambios apenas son perceptibles, pero desde el punto de vista cósmico son considerables. La duración del día aumenta 1.7 milisegundos cada siglo. Una variación imperceptible para nosotros. Una variación enorme para un planeta cuya existencia, al final de su historia, habrá sido de unos catorce mil millones de años.

En la mayoría de las civilizaciones antiguas la observación de los astros y la medición del tiempo eran disciplinas reservadas para las élites educadas, vinculadas a las instituciones religiosas. Es probable que esa vaga cualidad espiritual o mística de los ciclos del tiempo que aún perdura en la mente de muchas personas tenga ahí su origen. Lo cierto es que los calendarios son herramientas, y como tales, son imperfectos. Su uso está limitado por el tiempo y el espacio. Son, en realidad, sistemas bastante mundanos, sin ninguna trascendencia más allá de su utilidad práctica y de su influencia en las actividades humanas.

Las fechas no son mas que etiquetas que le ponemos a cada día. Su propósito es práctico, por lo que el sistema mediante el que creamos y asignamos estas etiquetas debe ser lógico y consistente. Por eso usamos números y nombres que se repiten. Días, semanas, meses, años. Podemos ir más allá: sustituir los nombres por números. De esta manera, el primero de Enero de 2012 puede representarse como el 01.01.12. Un sistema sencillo y práctico.

Ocasionalmente, estas etiquetas toman formas curiosas. Como hace unos días, el 12 de Diciembre, que podía ser representado como 12.12.12. Una forma curiosa, pero, al final del día, irrelevante. ¿Irrepetible y única? Si, al igual que cualquier otra fecha que a uno se le pueda ocurrir.

Y ni siquiera universal: el 12.12.12  fue el 28.01.1434 para el mundo musulmán, el 28.09.5773 en el calendario judío, el 22.03.221 para los revolucionarios franceses y el 1355270400 para los sistemas basados en Unix. Estas diferencias hacen evidente otra característica de los calendarios: comienzan su conteo en puntos en el tiempo completamente arbitrarios, determinados por las creencias y la idiosincracia de quienes los diseñan, no por hechos de importancia cósmica, ni siquiera de importancia histórica.

Para ir más lejos: el hecho de hace unos de días haya sido el 12.12.12 es producto de serie de decisiones arbitrarias. El año en que comienza nuestra era no fue determinado sino hasta el siglo VI, y el cálculo en el que se fundamentó fue, por decirlo de una forma sutil, cuestionable.

Al final, el 12.12.12 (y demás fechas que despiertan en nosotros esa muy humana fascinación por los patrones) no es mas que una curiosidad. Atribuirle cualquier tipo de cambio o evento que afecte nuestra existencia no es muy distinto a ver la imagen de la virgen en una mancha de humedad en la pared. Es ver lo que queremos ver, buscar un significado en donde no lo hay.

Los calendarios están formados por ciclos que a su vez están contenidos dentro de otros ciclos. Cuando un ciclo llega a su final, vuelve al punto de inicio, pero el ciclo que lo contiene avanza una unidad, como el odómetro de un automóvil. El 31 de Diciembre da lugar al 1o de Enero, pero el año pasa de 2012 a 2013. Es un sistema tan sencillo que apenas nos damos cuenta de que está ahí.

Excepto cuando encontramos al mismo sistema en otro contexto, y lo interpretamos como el fin del mundo.

Los antiguos Mayas utilizaban de forma simultánea distintos calendarios, cada uno con un propósito distinto. Uno de ellos (el cual, por cierto, era también usado por otras culturas mesoamericanas) es el llamado Cuenta Larga. Su propósito era el de registrar eventos históricos a lo largo de periodos extendidos de tiempo.

Al igual que el calendario gregoriano, la unidad básica del calendario de Cuenta Larga es el día, o kin. Las similitudes terminan ahí: veinte kin equivalen a un uinal. Dieciocho uinal equivalen a un tun. Veinte tun equivalen a un katún. Veinte katún, equivalen a un baktún, que, en consecuencia, es un ciclo de 144 mil días. Cada ciclo o unidad de tiempo tiene una posición de derecha a izquierda, comenzando por el kin.

De esta forma, la fecha 0.0.0.0.1 correspondería al primer día de la cuenta (Agosto 11, 3114 AC, fecha representa la fecha de la creación del mundo de acuerdo a las creencias mayas). Hoy, 18 de Diciembre de 2012, es el 12 baktún, 19 katún, 19 tun, 17 uinal, 17 kin. O, de forma abreviada, 12.19.19.17.17.

¿De dónde viene la creencia de que el 21 de Diciembre es el fin del mundo (lo que sea que eso signifique)?

Este 20 de Diciembre, de acuerdo a la Cuenta Larga, es el 12.19.19.17.19, último día del baktún 13… y el inicio del baktún 14 (13.0.0.0.0). Eso es todo. Es exactamente lo mismo que pasar  del año 1999 al año 2000: lo único que cambia es el sistema de numeración.

Otra interpretación nos remite a los mitos de creación comunes en la mayoría de las culturas mesoamericanas, en las que otros tres mundos sabrían existido con anterioridad al nuestro, cada uno siendo destruido para crear el siguiente. De acuerdo al Popol Vuh, texto que compila leyendas y tradiciones de los mayas K’iche, el mundo anterior al nuestro habría sido destruido al concluir el baktún número trece, el 11 de Agosto, 3114 AEC. Algunos autores modernos, ajenos al estudio profesional de la cultura maya, han caído en una extrapolación fácil: si el mundo anterior terminó después de trece baktún, el nuestro también tendría que hacerlo.

Esta interpretación tiene una falla crucial: sabemos que, en 3114 AEC, nuestro mundo no fue destruido ni fue creado. Por el contrario, hay suficiente evidencia arqueológica de los eventos que ocurrían en el mundo por esas épocas: los primeros faraones gobernaban Egipto, la civilización Minóica surgía en Creta, la escritura cuneiforme se comenzaba a a utilizar en Sumer, y comenzaba la construcción de Stonehenge.

Los antiguos mayas eran grandes matemáticos y astrónomos, pero eso no les impedía creer en mitos, ni les daba conocimientos exclusivos sobre la historia de nuestro planeta.

Y lo que es más: si bien el Popol Vuh establecía que la duración de un mítico mundo anterior había sido de trece baktún, no quiere decir que esta creencia fuera común a toda la cultura Maya, ni de que existiera la creencia de que el mundo “actual” sería destruido.

En pocas palabras: la creencia de que este 21 de Diciembre el mundo terminará de forma catastrófica no es sino una interpretación arbitraria de los mitos de una civilización antigua. Los antiguos mayas no profetizaron el fin del mundo. Los modernos mayas no creen en él.

Otros elementos acompañan a esta interpretación: planetas o cometas que se estrellarían contra la Tierra, alineaciones de cuerpos celestes, “cinturones fotónicos”. Ideas fantasiosas y sin fundamento: a estas alturas, cualquier objeto en curso de colisión contra la Tierra podría verse en el cielo. Las “alineaciones” entre cuerpos celestes son tan usuales como carentes de significado. Y el concepto de un “cinturón fotónico”, para cualquiera con un conocimiento básico de Física, ni siquiera tiene sentido.

Y por las mismas razones que una catástrofe planetaria no nos destruirá en un par de días, tampoco pasaremos a otra dimensión, ni se elevará nuestra conciencia, ni nos llenaremos de luz, ni ocurrirá ninguna de esas cosas descritas por el tipo de frases vacías que a los gurús newageros les gusta tanto usar.

Estas quizás sean interpretaciones menos fatalistas, pero, después de todo, hay algo perverso y triste en la noción de que nuestras vidas están incompletas, y que necesitamos que llegue cierta fecha, o que ciertos astros se alineen, para que dejen de serlo.

Hoy es 11/11/11, ¿sabes qué significa?

Los seres humanos tenemos la necesidad de medir el tiempo. Por esa razón, y basándonos en nuestra observación de ciertos ciclos astronómicos, inventamos los días de veinticuatro horas, las semanas de siete días, y los años de 365 (y gracias a que esos ciclos ni siquiera son tan exactos como quisieramos, a veces 366) días.

En otras palabras, el calendario y los relojes son un simple constructo de nuestro intelecto. Uno increíblemente útil, eso sí, pero un constructo a fin de cuentas.

Hoy es el onceavo día del onceavo mes del año dos milésimo décimo primero a partir de un punto del pasado establecido de forma completamente arbitraria por unos sujetos en  que llevan siglos muertos. Y eso sólo para la parte de la humanidad que sigue el calendario gregoriano. Además, si se ponen a pensarlo, el 11/11/11 11:11 será tan único e irrepetible como cualquier otro día y hora que se les pueda ocurrir.

Además de “etiquetar” el tiempo para medirlo, los seres humanos también tenemos la costumbre de buscar significado en cosas completamente aleatorias que carecen de él. Como un bonito número uno seguido de otro número uno seguido de otro número uno seguido de… bueno, entienden la idea.

Salvo estar etiquetado de una forma peculiar, hoy es un día como cualquier otro. Si les pasa algo muy bueno (o muy malo) el día de hoy, nada tendrá que ver con la fecha. Y tendrá mucho que ver con que tan duro trabajen, con que tanta atención pongan a lo que pasa a su alrededor, y con una increíblemente compleja combinación de factores completamente aleatorios que están casi completamente fuera de su control.

Así que a trabajar, en lugar de estar pidiéndole a un número que les cumpla sus deseos.

Recibo correo

Me envía un mensaje por correo electrónico Gloria Godínez Leal, al parecer en referencia a esta entrada del año pasado:

Rolando,

Tambien el pensamiento critico puede ser constructivo cuando se fundamenta debidamente en fuentes serias de informacion, o bien, convertirse en periodismo serio cuando existe un tema de interes general y va uno a la fuente primigenia, pide una entrevista y publica los resultados de la misma, firmando con su propio nombre.

Lo invito amablemente a que me hablemos por espacio de una hora, y con mucho gusto le informare sobre las bases cientificas de la investigacion que me ha ocupado durante los ultimos veinte anos, como Directora de IMEB, y al mismo tiempo le pido que retire mi nombre y el del Instituto que represento de su pagina, ya que ha causado indignacion entre los que conocen a fondo mi trabajo.

Creo sinceramente que la creatividad y el talento de un joven brillante como Usted, lo pueden llevar al exito, por el camino de la reflexion y el analisis y no asi por el de la desinformacion o la informacion a medias que crea confusion.

Estare atenta a su llamado.

GLORIA GODINEZ LEAL

A lo que respondí lo siguiente:

Señora (¿Doctora?) Godínez Leal:

Discrepo de usted: una entrevista está sujeta a demasiados sesgos y ambigüedades, y depende en gran medida a la disposición del entrevistado para proporcionar la información y a la habilidad del entrevistador para obtenerla. Y le confieso, soy un terrible entrevistador.

Pero no se preocupe, que hay mejores formas para proporcionar información, especialmente cuando se trata de temas de naturaleza científica, como el que me parece estamos tratando. Menciona bases científicas e investigación, por lo tanto asumo que en los veinte años en que se ha dedicado a eso ha publicado algunos trabajos al respecto. Cualquier trabajo o estudio clínico que haya publicado será una mejor forma para para transmitirme esa información que una entrevista.

En cuanto a su señalamiento sobre mi uso de un pseudónimo, debo decirle que quizás tiene algo de razón, pues es una cuestión sobre la que me he debatido mucho últimamente. De cualquier forma, no serían necesarios más que un par de clicks en mi blog para dar con mi información personal. Confío en que una brillante investigadora como usted podrá dar con él en muy poco tiempo.

En cuanto a su petición para retirar su nombre de este humilde blog, debo señalarle que sólo lo haré en el caso de que la información publicada en relación a usted y al instituto que representa no sea factual. Creo que, por otro lado, merece una explicación de por que la he mencionado en el blog:

  • Tanto su nombre como el del Instituto de Medicina Energética y Biológica, S.C. aparecen listados como distribuidores/representantes en el sitio oficial del dispositivo PAPIMI, como se puede verificar aquí.
  • El oficio emitido por la Comisión Federal para la Protección contra Riesgos Sanitarios al que hago referencia, y del cual conservo una copia, otorga el registro sanitario al dispositivo en cuestión y claramente menciona al Instituto de Medicina Energética y Biológica, S.C. como distribuidor.

Si eso es una causa de indignación, sólo puedo responder de una forma: no puedo hacerme responsable por las reacciones a nivel emocional que otras personas tienen al leer mi blog.

Si uno busca su nombre o el de su instituto en internet, los primeros resultados no llevan a este humilde blog, sino al sitio que mencioné antes y que se dedica a la promoción del dispositivo conocido como PAP-IMI, ilegal en muchos países y el cual ha sido vinculado, incluso, con muertes de pacientes.

Si se me permite una nota personal, creo que esa sería una mejor razón para indignarse.

Termino asegurándole que no es mi intención crear confusión alrededor del tema, y por lo tanto le repito mi petición: proporcione información confiable y verificable que compruebe la eficacia y seguridad del dispositivo en cuestión. Si dispone de esa clase de información, no dude en ponerse en contacto de nuevo.

Las prioridades del embajador Eduardo Medina-Mora

El día de hoy nos despertamos con la noticia de que los conductores de Top Gear, un programa de televisión sobre automóviles transmitido por la BBC, hicieron mofa de ciertos estereotipos mexicanos, y que, en respuesta, el embajador mexicano en el Reino Unido y ex-procurador general de la república, Eduardo Medina Mora, envió una carta exigiendo que los conductores se disculparan públicamente por la ofensa.

Como un entusiasta de la comedia británica, debo decir que lo que dijeron los conductores de Top Gear no fue ingenioso, más bien pedestre, y mucho menos particularmente ofensivo. Por otro lado, conviene recordar que en cualquier programa cómico producido en México siempre habrá burlas a los gallegos, argentinos, estadounidenses, homosexuales, etcétera, y, hasta donde un servidor sabe, nunca ha habido una protesta formal de parte de los diplomáticos de estas naciones.

Pero este asunto tiene otra arista que no debería de pasar desapercibida: Eduardo Medina-Mora tiene sus prioridades espectacularmente jodidas.

El 10 de Marzo de 2010, hace casi un año, el New York Times reportaba que el gobierno del Reino Unido había notificado al gobierno mexicano acerca de la completa inutilidad de los “detectores moleculares” –dispositivos costosos, peligrosos y fraudulentos– que compañías británicas le habían (y le siguen vendiendo) a diversas autoridades mexicanas -incluyendo al ejército y la marina.

No soy un experto en el tema, pero no es descabellado suponer que una advertencia de las autoridades británicas a las mexicanas tendría que haber pasado por la embajada, o por lo menos haber sido del conocimiento del embajador Medina-Mora. En todo caso, la misma BBC ha transmitido y publicado notas acerca del peligroso fraude que representan estos dispositivos. Si Medina Mora o sus colaboradores están al pendiente de lo que se dice en Top Gear, un programa de entretenimiento, uno asumiría que también están al pendiente de lo que se dice en los programas informativos.

Entonces, ¿por qué Eduardo Medina-Mora parece más preocupado por una supuesta burla hacia los mexicanos que se hace en un programa sobre automóviles y no parece siquiera estar enterado de un asunto tan importante como lo es un fraude, perpetrado por compañías británicas, del que hemos sido víctimas los contribuyentes mexicanos, y que además pone en riesgo la vida de muchos ciudadanos?

Los conductores de Top Gear dijeron que el embajador mexicano seguramente usa su oficina principalmente para dormir. En realidad, es una suposición bastante razonable.

Creer no es crear, la verdad importa, y amor no es lo único que necesitas

El último año fue un poco monotemático en esta especie de blog: comencé escribiendo sobre los dispositivos milagrosos que afirman diagnosticar y curarlo todo, de ahí pasé al tema del autoproclamado sanador (lol), humanista (lmao) y vidente (ROFLMAO) René Mey, y terminé tratando el asunto del Suplemento Mineral Milagroso (sustancia que, aquellos que no residimos en Villa Psicosis, conocemos como blanqueador).

Naturalmente, la mayoría de las entradas ha recibido comentarios en contra, y en buena parte de ellos he notado ciertas ideas que se repiten con gran frecuencia:

  • La noción de que cada persona, con su propia mente, crea su propia realidad, usualmente aderezada con una muy desubicada apelación a la Mecánica Cuántica.
  • Como extensión de esa idea, que cualquier opinión y cualquier creencia es válida, incluso a la luz de los mismos hechos.
  • Y que lo único que las personas (y, como consecuencia, el mundo) necesitan es fe y de algo vago a lo que les da por llamar amor. Y que el pensamiento crítico es, de alguna forma, enemigo de ese amor.

Desde luego, uno es conciente de que escribir en contra de los que enarbolan la bandera del poder de la mente, la fe y el amor es ponerse, casi automáticamente, el disfraz de villano. Pero, ¿qué le va a hacer uno? Sirva esta última entrada del año de respuesta a esas ideas.

Creer no es crear. Y no importa que desees algo con todas tus fuerzas, el universo permanecerá indiferente. En este momento, hay millones de personas en el mundo que no tienen comida, que viven en medio de una guerra o en estado de esclavitud. ¿Crees que esas personas no desean con todas sus fuerzas un poco de comida, pasar una noche sin el temor de que les estalle una granada de fragmentación encima, o un día de libertad?

(Y si crees que no lo obtienen por que no lo desean con la suficiente fuerza, no sigas leyendo.  Anda, ve a iluminarte o a meditar. No necesitamos a gente como tú por aquí. Si, es mi forma de decirte que eres una persona horrible.)

El universo es mucho más grande, y ha existido (y seguirá existiendo) por mucho más tiempo del que tu mente (y la mía, y la de cualquier otro ser humano) puede apenas comenzar a concebir. En este momento, a cientos, miles, millones de años-luz de aquí están ocurriendo cosas de magnitudes que apenas podemos imaginar: estrellas que están naciendo entre nubes de gas y polvo, o que están colapsando y estallando con una luz de una intensidad que tú y yo nunca conoceremos. Agujeros negros masivos, galaxias de miles de años-luz de diámetro que colisionan unas con otras. Eventos que iniciaron muchos millones de años antes de que apareciéramos como especie y culminarán mucho tiempo después de que nuestro mundo deje de existir.

¿Y tú crees que el universo se preocupa por tus deseos? Vamos, ¿no crees que estás siendo un poquito arrogante?

La única forma en que tus deseos y tus creencias lograrán algo es si te impulsan a actuar, y ni siquiera eso es garantía de que lo lograrás (ni, dicho sea de paso, de que lograrás algo bueno). El mundo es un lugar más peligroso, más obscuro, y más incierto de lo que quisiéramos, y si queremos hacer de él un mundo un poco mejor, las buenas intenciones, las palabras bonitas y las “buenas vibras” no serán suficientes.

Para lograrlo necesitamos comprender la causa de nuestros problemas e inventar la forma de solucionarlos. La mala noticia es que no hay mantra, técnica de meditación profunda, cadena de oración, consigna rimada ni, mucho menos, líder espiritual que sirva para esa tarea. La buena noticia es que la razón, el trabajo duro y la cooperación entre seres humanos han demostrado repetidamente que son perfectamente capaces de tomar ese lugar.

Pero si queremos comprender las causas y encontrar las respuestas, primero debemos superar un gran obstáculo: la idea de que el conocimiento es algo relativo, de que cada persona tiene su verdad. Ante esta afirmación, mi respuesta es casi estándar: no, cada persona tiene su opinión, su percepción de los hechos filtrada a través de sus expectativas y de sus prejuicios; los hechos son independientes de esa opinión y tienen precedencia sobre ella.

La misma naturaleza de esa engañosa noción hace que cualquier respuesta sea prácticamente inútil. Pero la moneda tiene otro lado: es una idea tan mala que se invalida a si misma.

En este momento, en Irán y otras naciones del medio oriente, la respuesta a la pregunta ¿existe un dios que desea que las mujeres adúlteras mueran lapidadas? es un asunto de vida o muerte para cientos, probablemente miles de personas. En algunos países del África subsahariana la respuesta a la pregunta ¿son los albinos seres mágicos cuyas partes del cuerpo mutiladas atraen la buena suerte? puede significar la vida -o la muerte violenta- de muchos seres humanos. No lejos de ahí, la respuesta equivocada a la pregunta ¿es el SIDA una invención de los países ricos que se puede contrarrestar con hierbas? ya le ha costado la vida a miles de personas. Adoptar la idea de que cada quien tiene su verdad es condenar a millones de personas al sufrimiento.

La interpretación personal, relativa de la realidad, puesta por encima de la realidad misma, no es inofensiva. Ha puesto a especies enteras al borde de la extinción. Ha ayudado a tiranías a perpetuarse. Ha causado destrucción, enfermedad, muerte y sufrimiento.

¿Mi punto? La verdad importa, e importa mucho más que tus creencias, tus opiniones y tus deseos. Tienes derecho al solipsismo, a pretender que nada en el mundo está por encima de tus pensamientos. Pero no esperes a que te creamos cuando dices que sentándote sobre tu trasero a meditar has logrado algo más que satisfacer a tu vanidad y a tu ego, ni cuando pretendes darle a los demás sermones acerca de la humildad.

Y mucho menos puedes esperar a que te tomemos en serio cuando llamas a eso amor.

No me atreveré a dar una definición de qué es el amor, pero puedo decir con seguridad que no es ese frenesí idiota que surge de cerrar los ojos a la realidad y pretender que se es el centro del universo. Tampoco lo es engañar a un enfermo diciéndole que lo curarás meditando y tocándolo con tus manos. Y las palabras bonitas y vacías, los clichés y lugares comunes tampoco son amor, no importa cuán bien te hagan sentir después de escucharlas.

¿Quieres un mundo un poco menos obscuro, menos peligroso, menos incierto del que tenemos ahora? Yo también, pero no sólo creo que tus métodos para lograrlo son inútiles: también tengo buenas razones para creer que son muy destructivos. La fe y el pensamiento mágico que pregonas no son ideas novedosas: se han intentado una y otra vez a través de los siglos, siempre con una estela de odio, persecución y sufrimiento.

No tienes que amar a las personas que están a tu alrededor. Basta con que aceptes el hecho de que tienen tanto derecho como tú a existir y a buscar la felicidad, y que no están obligados a hacerlo de la misma forma por la que tu has elegido. Y sobre todo, que ninguna de tus creencias, por muy trascendentales que te parezcan, es más importante que ese derecho.

El mundo necesita amor, si. Pero también necesita inteligencia, compasión y mucho, mucho trabajo, por que esas son las cosas que nos permiten modificar, si quiera un poco, nuestra realidad.

Le Grand Journal sobre René Mey

Hace unos días, Nicolas Quirion, periodista de Le Grand Journal du Mexique (un diario en linea publicado en México para los lectores francófonos) se puso en contacto conmigo para hacerme algunas preguntas sobre el tema del “sanador” René Mey.

El artículo ya fue publicado, y pueden leer la versión en español aquí.