Dibujando a Mahoma

Mi aportación al Día Internacional de Dibujar a Mahoma.

El día en que ninguna creencia religiosa sea más importante que el derecho de cualquier persona a expresar sus ideas (y eso incluye hacer garabatos ofensivos), ese día la humanidad dará un gran paso.

Además, seamos justos: en esta especie de blog le he tirado bastante a cienciólogos, cristianos de diversos sabores y newageros varios. Ya era hora de darle un poquito de variedad.

Sobre los eventos de las últimas semanas

La maldad está sobrevaluada. Lo verdaderamente peligroso es la estupidez humana.

Y con estupidez me refiero a la mala costumbre de simplificar los hechos para acomodarlos a nuestros gustos, miedos y prejuicios, que se manifiesta en ver el mundo en blanco y negro, buenos y malos, los de abajo y los de arriba. Y que nos hace, ante una mala opción, considerar que la otra es necesariamente mejor.

Hitler, Stalin, Pol Pot, Mugabe y demás personajes nunca habrían llegado a los libros de historia de no haber sido por las multitudes que se creyeron sin cuestionar sus patrañas y su retórica de buenos contra malos, enemigos del pueblo, y justicia socia”, y que después les obedecieron sin cuestionar por un momento sus acciones. La Bibila, el Corán y el Capital no habrían sido la causa de la muerte y el sufrimiento de billones de personas, de no haber sido por la gente que creyó encontrar en sus páginas la verdad definitiva y el derecho a imponer esa verdad a los demás.

Hace un par de semanas discutí a través de Twitter con un sujeto que afirmaba convencido que el gran error de las revoluciones era que sus líderes no habían matado a suficientes personas, justificaba sus argumentos diciendo que él había leído muchos libros, y aseguraba que el dia que su revolución iniciara, él iba a estar en el bando correcto.

Confieso que ese intercambio me alteró un poco, y después de reflexionar descubrí por qué: La posibilidad de que un dia, toda la gente decente que no tiene otro propósito que mejorar su vida y que no tiene otro medio que su propia capacidad, que todas las personas imperfectas a las que estimo -y yo mismo- podamos estar a merced de cualquier imbécil que cree que sus ideales (que no ideas) le dan derecho sobre la vida de los demás, es francamente aterradora.

Es fácil construirse en la mente un mundo en blanco y negro en el que las cosas están mal por que el presidente es malvado, y en el que va a llegar un caudillo bueno que lo vencerá y lo arreglará todo.

En los últimos dias he leído y escuchado mucha gente felicitando a un diputado por ser terco, tener huevotes, y decirle a los malvados sus verdades.

Pues tengo noticias: uno de los problemas más grandes de este país es que su sistema político actual -del que tanto nos quejamos- fue creado por personajes tercos y con huevotes: los caudillos, cuatreros venidos a más, generales oportunistas y demás fauna a la que ahora llamamos héroes de la revolución, encarnaban perfectamente las virtudes que creemos que deben de tener los héroes, y poco importa que fueran ignorantes, autoritarios y que tuvieran un nulo respeto por las libertades individuales.

Si esas son las cualidades que buscamos en nuestros gobernantes, nunca vamos a dejar de ser una república bananera.

Y en economía ocurre lo mismo: siempre hemos querido un gobierno que reparta la riqueza y nos saque de la pobreza. Pues la situación actual es la consecuencia directa de ese deseo: los gobiernos paternalistas y proveedores -como el que siempre deseamos y tuvimos- no permiten el desarrollo, la creatividad y la productividad, y por consiguiente, la creación de riqueza.

Tenemos un gobierno con un serio problema para definir sus prioridades. Tenemos unos legisladores desconectados con la realidad, que consumen una cantidad obscena de recursos y que trabajan para su propio interés y el de sus partidos. Y tenemos una oposición estridente y vacía de propuestas. Ninguno de estos actores aprobaría una reforma necesaria ni aunque su vida dependiera de ello.

Pero la solución no está en encomendarnos a mesías, gurús ni caudillos políticos, ni está en imponer nuestra particular idea de justicia a los demás, y mucho menos en hacer una lista de enemigos e ir a lastimarlos o asesinarlos. Ningúna sociedad que haya seguido a caudillos ha progresado, y las revoluciones siempre han sido más vehículos de odio y de venganza que de justicia (y los cuentos del 2010 tienen tanto sentido como los del 2012).

¿Cuál es la solución entonces? Tenemos que dejar de depender de lo que haga o deje de hacer el gobierno y sobre todo, dejar de poner nuestras esperanzas en héroes.

Son pocas las cosas que el gobierno proporciona que nosotros no podemos obtener por nuestros propios medios. ¿El sistema educativo es una mierda? Cierto, pero eso no quiere decir que no podamos darles a nuestros hijos una buena educación nosotros mismos. ¿Los medios nos bombardean de basura y el gobierno no hace nada para evitarlo? Nadie nos obliga a ver esos medios. ¿El presidente no cumplió  su promesa de crear empleos? Vamos a educarnos, seamos creativos y comencemos a producir por nuestros propios medios. ¿La policía es ineficaz y corrupta? En ningún momento de la historia la tecnología nos ha permitido tener una mayor capacidad de documentar y exhibir esa ineficacia y esa corrupción.

La única razón por la que los políticos se sienten tan seguros de conservar sus privilegios es por que saben que los ciudadanos aún los creemos indispensables. Cuando comencemos a actuar como adultos y cuando les demostremos que podemos prosperar y mejorar nuestras vidas sin siquiera voltear a verlos, ese único poder que tienen sobre nosotros va a desaparecer, y no van a tener otra alternativa que ponerse a la altura de los ciudadanos.

Siempre habrá gente corrupta, individuos buscando el poder por el poder mismo y una buena reserva de estúpidos que los seguirán. Pero estoy seguro de que siempre podremos ser más listos que ellos: basta con poner atención, usar la cabeza, recordar que el mundo no es en blanco y negro, y no seguirles el juego.

Asi que a trabajar, gente

Ofender es tu Derecho/Nuestra democracia NO crece

Lo he dicho un par de veces en este blog: las ofensas sólo ofenden, no dañan. Decir algo ofensivo acerca de alguna persona podrá ser de mal gusto, podrá ser cruel. Pero no tiene ningún efecto tangible sobre la vida, la libertad o la propiedad del sujeto ofendido.  Hace unas semanas una campaña publicitaria de Burger King en España y el Reino Unido recibió una respuesta completamente desproporcionada de parte del gobierno de nuestro país (ni que decir de muchos ciudadanos). Guardadas las proporciones, no pude evitar recordar a los militantes islamistas que hace tres años entraron en un frenesí destructivo por que se sintieron ofendidos por unas caricaturas dibujadas por unos daneses.

Y es que en el fondo del asunto el punto es ese: si algo es sagrado para mi, ¿están obligados los demás a actuar como si fuese sagrado para ellos? El derecho a expresar libremente las ideas es algo más real, más tangible y más universal que cualquier símbolo: llamése Mahoma, la Virgen de Guadalupe, la bandera mexicana o la imagen de cualquier político.

Tu derecho a tener vacas sagradas termina en donde empieza mi derecho -y el derecho de todos- a expresar nuestras ideas libremente. Incluso cuando estas ideas tiendan a la sátira y a la burla. Especialmente cuando estas ideas tiendan a la sátira y a la burla. Cuando una sociedad entiende eso, comienza a ahorrarse una cantidad increible de problemas.

Me he desviado del tema de la semana pasada, que es la intromisión ilegal de el Instituto Federal Electoral en el intercambio de contenidos en internet. Desde que se introdujo la nueva legislación electoral muchos hemos advertido de las consecuencias negativas que esta tendría para la libertad de expresión. Un dia después de que se solicitara la remoción del video acerca de Fidel Herrera, Marco Gómez Alcántar, consejero del IFE, hizo una muy desafortunada declaración:

Por supuesto que está regulado. Las redes sociales están reguladas aquí y en China.

Quizás el señor Gómez Alcántar (marco.gomez@ife.org.mx) no esté muy enterado de la naturaleza de la regulación a las comunicaciones en China, ni del récord en materia de derechos humanos que tiene ese país. Quizás recordándole que en otros países como Myanmar, Cuba, Corea del Norte, Bielorrusia, Arabia Saudita o Irán también están reguladas las redes sociales le de un poco de perspectiva.

Confío en que haya sido más una desafortunada selección de palabras por parte del señor Gómez Alcántar. Sería aterrador pensar que en el IFE ven a China como modelo a seguir.

Ahora bien, no son sólo los políticos los que pueden resultar ofendidos durante las campañas políticas:

Cuando aparece un spot del PVEM representando a los ciudadanos como unos inútiles incapaces de salir adelante si no es por obra y gracia de la limosna que les pueda dar el gobierno yo podria decir que me siendo profundamente ofendido.

Cuando en la publicidad del PT y Convergencia nos pide creer ciegamente que estaríamos mejor con López Obrador, sin aportar un sólo dato para apoyar tal afirmación, yo puedo decir que están ofendiendo mi inteligencia -y estoy seguro que a la de muchos ciudadanos también.

Cuando en los spots del IFE se nos pide asumir sin protestar nuestro papel de funcionarios de casilla, afirmando que es nuestro deber, cuando en la práctica la reforma al COFIPE nos cerró a los ciudadanos las pocas puertas a la participación política independiente de que disponíamos, también podría afirmar que me siento ofendido.

Hay una palabra que a los políticos les gusta incluir en sus discursos, promesas, publicidad y demás demagogia: equidad. Pues bien, en el espíritu de la tan cacareada equidad, hay una idea que quiero promover:

  1. Los políticos pueden sentirse ofendidos fácilmente por cualquier contenido que aparezca en internet o que sea transmitida por radio o televisión, y en base a la indignación causada por esa ofensa pueden exigir que dicho contenido sea censurado.
  2. De acuerdo a la Constitución, todos los ciudadanos de este país -políticos o no políticos- tenemos los mismos derechos y somos iguales ante la ley.
  3. Por tanto, si un político puede hacer berrinche para que censurar cualquier contenido en los medios, los ciudadanos deberíamos de tener la oportunidad de hacer lo mismo.

Pero sabemos que desafortunadamente no es asi. La ley electoral contempla la censura cuando las ofensas van dirigidas a un candidato o a un partido. Dicho de otra forma, es una ley que hace distinción entre dos tipos de ciudadanos: los políticos que pertenecen a un partido político y tienen cierto grado de influencia, y el resto, y les otorga diferentes derechos.

Democracia no significa simplemente que gobierne el que más votos obtiene. Una verdadera democracia debe de permitir a los ciudadanos participar en política de manera independiente. Debe permitir la libre expresión de ideas para todos los ciudadanos -y eso incluye las ofensivas. Y sobre todo, debe de proporcionar las herramientas para vigilar a los políticos y hacerlos rendir cuentas.

Sin esos requisitos los partidos políticos no dejarán de ser feudos gobernados por una élite, y los legisladores y demás funcionarios no dejarán de ser lacayos al servicio de sus partidos.

La lucha no es izquierda contra derecha, ni PAN contra PRD. La verdadera lucha es la de los ciudadanos contra un sistema político desigual e ineficiente que consume una cantidad enorme de recursos sin devolver resultados..

Por que contrariamente a lo que dice el IFE, nuestra democracia NO crece.

Humo, libertad y responsabilidad

Una de las ironías más grandes de la historia es que el Reino Unido y Estados Unidos, habiendo sido los lugares de origen de los ideales de la libertad individual, poco a poco se hayan convertido en ejemplos perfectos de lo que sucede cuando al estado se le ocurre que es su deber ocuparse de cualquier cosa que pueda afectar la vida de cada ciudadano. No es coincidencia que en los paises anglosajones se haya acuñado el término nanny state, el estado niñera, para describir a los gobiernos que cuidan lo que los individuos beben, comen, inhalan, ven en televisión o con quién se meten en la cama. La del Reino Unido es la una de las sociedades más vigiladas de la Tierra, y recientemente, en el estado de Mississipi se propuso una ley para prohibir a las personas obesas comer en establecimientos de comida rápida.

Habiendo teniendo más de dos siglos para copiarles lo bueno a esos países, comenzamos el siglo XXI copiándoles todo lo malo. Desde nuestro punto de vista es un poco difícil de creer, pero el aumento en el tamaño y poder del estado es precisamente lo que le está generando problemas a los países que percibimos como progres.

¿Y qué es la última moda que le hemos copiado a los países progres y políticamente correctos? El de la legislación antitabaco.

Primero abordemos el aspecto más mundano del problema: a los ciudadanos del D.F. Se les va a aplicar una legislación local y una federal, conflictivas en muchos aspectos. Y un ciudadano confundido sobre a que ley se debe sujetar es un blanco perfecto para cualquier extorsionador en uniforme. Por otro lado, en un momento se habia dicho que los establecimientos comerciales podían separar físicamente las áreas de fumadores y de no fumadores. Algunos establecimientos habían comenzado a hacerlo, cuando los burócratas y políticos a cargo cambiaron de opinión, y dijeron que siempre no, que todos los establecimientos deben de ser libres de humo. ¿Quién va a pagar lo que invirtieron los empresarios que habían decidido separar las áreas de fumar y no fumar en sus propiedades? Y ya que estamos en eso, ¿quién paga los costos legales de aquellos que optaron por ampararse?

Pero el trasfondo del problema es aún más grave. Fumar es nocivo para el que lo hace, y hasta cierto punto (que se ha exagerado) para aquellos que están alrededor. Pero lo mismo se puede decir de muchas de las cosas que hacemos a diario. El tabaquismo es un problema de salud, y de educación. No se puede tratar como un problema policiaco -¿quién en su sano juicio puede afirmar que una persona deba de ser arrestada o pagar una multa de varios miles de pesos sólo por olvidar que ya no puede encender un cigarro en un lugar en el que antes podía hacerlo? Aparte de Marcelo Totalitariamente Palacio Ebrard, dudo que alguien pueda hacerlo.

Y lo mismo se puede decir del alcohol y de las drogas. Y de los automóviles. Y de la comida. Y del sexo. Y de una larga lista de cosas que los humanos solemos hacer por infinidad de razones que incluyen el mantenernos vivos, reproducirnos, llevar una vida más o menos decente y productiva, y pasar un buen rato. Si cualquier cosa que pueda ofender al vecino debe ser prohibida, no tardaremos en llegar al punto de que las ideas sean incluidas en ese conjunto.

Otra cuestión es la que se relaciona con el derecho a la propiedad, y es un perfecto ejemplo de como el poder del estado es completamente innecesario en una problemática de este tipo. El dueño de un restaurante decide que en su propiedad se permite fumar. Sus clientes utilizarán su propio juicio para decidir si quieren ir a comer ahí. Si lo hacen, lo harán con el conocimiento de que estarán acompañados de gente que fuma. Si son fumadores, no tendrán ningún problema. Si no pueden soportar el humo del cigarro, podrán encontrar algún lugar cuyo dueño no permita fumar. Y si no fuman pero aceptan voluntariamente ir a cenar aunque quizás tengan que tolerar a algunos fumadores, lo harán conscientes de su decisión. Si esto no afecta a su negocio, el restaurantero estará contento. Si, por el contrario, la clientela disminuye, entonces el restaurantero quizás cambie de opinión. Y todos felices. ¿En algún momento fue necesario que un burócrata entrara a escena para ordenarle al restaurantero o a sus potenciales clientes qué hacer? No. El simple mecanismo del libre mercado resolvió la situación, o al menos la llevó a un punto aceptable para todos.

Un gobierno que se encarga de cuidarnos hasta el punto de no conformarse con decirnos qué hacer con nuestros propios cuerpos, sino emplear la coerción para hacernos adoptar su opinión, está pisando nuestra libertad individual y nos está convirtiendo en niños. La libertad individual implica responsabilidad individual, y comprender ambos conceptos es lo que nos hace personas maduras.

La vida y la libertad implican riesgos. El mundo no es un laboratorio, no es un ambiente controlado en el que podamos esperar no correr ningún tipo de peligro. Y la vida también implica interactuar con nuestros semejantes -y a muchos de ellos no les va a gustar lo que nos gusta a nosotros. Pero para eso somos capaces de comunicarnos, de dialogar, de llegar a acuerdos, de resignarnos que a veces tenemos que aceptar que los otros a veces hacen cosas que no nos gustan -pero que no nos afectan. Y somos capaces de aprender a perder y a ganar y a aguantarnos el coraje.Y a veces nos tocará salirnos de un lugar al que fuimos voluntariamente por que no soportamos el humo, y mejor ir a uno en donde estén más de acuerdo con nuestras ideas y gustos. Esas son cosas que hacen los adultos, y que son mucho más eficientes a la hora de resolver conflictos como el que puede causar el humo de un cigarro.

¿Parece difícil?. Tal vez, pero la otra alternativa es darle al gobierno la capacidad de utilizar el chantaje, la amenaza e incluso la fuerza en contra de nosotros.

Y ya que estamos en eso, la ley antitabaco del DF contempla, desde luego, las denuncias ciudadanas. El motivar a la gente a convertirse en vigilante de sus vecinos es una de las tácticas más mezquinas que inventaron los gobiernos totalitarios del siglo pasado.

Haciendo la diferencia en internet

La gran mayoría de blogs y sitios sobre política están cargados hacia la izquierda. Pero no somos pocos quienes queremos hacer una diferencia y mostrarle a los demás que hay más allá del mundo en blanco y negro de la derecha-izquierda, y que la solución a los problemas de nuestro país no está en manos de los políticos, sino de los ciudadanos.

El compañero Cronos acaba de iniciar un nuevo proyecto, Expresión Liberal, para tratar de llevar estas ideas a más personas. Cualquiera que quiera participar es bienvenido.

El Problema es la Falta de Libertad

El principal problema de nuestro país es que los mexicanos no nos tomamos en serio nuestra libertad. Y eso no es nuevo: en los 700 años transcurridos desde la teocracia militarista mexica hasta el dia de hoy, pasando por la Colonia, y los 70 años de nacionalpopulismo tricolor, nuestro país no ha tenido prácticamente ningún gobierno que valore los derechos y la libertad individuales. El resultado es desastroso: a la inmensa mayoría de los mexicanos nos parece perfectamente natural y aceptable la relación de subordinación al gobierno a la que los ciudadanos nos debemos de sujetar. Nos quejamos de algunas cosas -cuando una acción del gobierno nos afecta directa y evidentemente, pero permanecemos indiferentes ante la mayoría de las formas en que el gobierno rutinariamente afecta nuestras, pues hemos aprendido a aceptarlas como algo natural.

No nos importa que el gobierno pueda tomar decisiones económicas que pueden tener consecuencias desastrosas para nosotros. Nos parece normal que el gobierno tome la parte que considere justa de nuestro dinero, y no se nos ocurre preguntarnos qué recibimos a cambio y si el intercambio es justo. Nos parece normal que el gobierno decida que palabras podemos escuchar en los medios, o que a una muchedumbre se le recompense por un acto por el cual un individuo sería castigado. Los obstáculos que el gobierno impone al desarrollo de los individuos nos parecen males necesarios, al igual que el rutinario uso de la coerción en su contra, y la supresión de sus derechos para favorecer los siempre ambiguos derechos sociales.

Hemos olvidado, (o mejor dicho, ni siquiera nos hemos dado cuenta) que los derechos individuales -el derecho a la vida, a la libertad y a la propiedad- no son una concesión del estado, que no provienen de él, sino que están sobre de él, y su protección es la única función legítima que el gobierno debería tener. Asi es, si el gobierno debe de existir, es únicamente para proteger a los individuos en contra de aquellos que utilicen la fuerza o el fraude para atentar en contra de sus vidas, su libertad o de su propiedad. Y el único poder que debe de tener es el necesario para cumplir con esa función.

Es desafortunado ver que la única alternativa para muchas personas pareciera ser la vieja receta: darle más poder al gobierno y poner a la colectividad sobre el individuo (y mucha retórica sobre la soberanía y el bien común, lo que sea que signifiquen). La razón de ser de este espacio es mostrar que la solución es exactamente al opuesto: quitarle el poder al estado y dárselo a cada individuo.