Las prioridades del embajador Eduardo Medina-Mora

El día de hoy nos despertamos con la noticia de que los conductores de Top Gear, un programa de televisión sobre automóviles transmitido por la BBC, hicieron mofa de ciertos estereotipos mexicanos, y que, en respuesta, el embajador mexicano en el Reino Unido y ex-procurador general de la república, Eduardo Medina Mora, envió una carta exigiendo que los conductores se disculparan públicamente por la ofensa.

Como un entusiasta de la comedia británica, debo decir que lo que dijeron los conductores de Top Gear no fue ingenioso, más bien pedestre, y mucho menos particularmente ofensivo. Por otro lado, conviene recordar que en cualquier programa cómico producido en México siempre habrá burlas a los gallegos, argentinos, estadounidenses, homosexuales, etcétera, y, hasta donde un servidor sabe, nunca ha habido una protesta formal de parte de los diplomáticos de estas naciones.

Pero este asunto tiene otra arista que no debería de pasar desapercibida: Eduardo Medina-Mora tiene sus prioridades espectacularmente jodidas.

El 10 de Marzo de 2010, hace casi un año, el New York Times reportaba que el gobierno del Reino Unido había notificado al gobierno mexicano acerca de la completa inutilidad de los “detectores moleculares” –dispositivos costosos, peligrosos y fraudulentos– que compañías británicas le habían (y le siguen vendiendo) a diversas autoridades mexicanas -incluyendo al ejército y la marina.

No soy un experto en el tema, pero no es descabellado suponer que una advertencia de las autoridades británicas a las mexicanas tendría que haber pasado por la embajada, o por lo menos haber sido del conocimiento del embajador Medina-Mora. En todo caso, la misma BBC ha transmitido y publicado notas acerca del peligroso fraude que representan estos dispositivos. Si Medina Mora o sus colaboradores están al pendiente de lo que se dice en Top Gear, un programa de entretenimiento, uno asumiría que también están al pendiente de lo que se dice en los programas informativos.

Entonces, ¿por qué Eduardo Medina-Mora parece más preocupado por una supuesta burla hacia los mexicanos que se hace en un programa sobre automóviles y no parece siquiera estar enterado de un asunto tan importante como lo es un fraude, perpetrado por compañías británicas, del que hemos sido víctimas los contribuyentes mexicanos, y que además pone en riesgo la vida de muchos ciudadanos?

Los conductores de Top Gear dijeron que el embajador mexicano seguramente usa su oficina principalmente para dormir. En realidad, es una suposición bastante razonable.

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Creer no es crear, la verdad importa, y amor no es lo único que necesitas

El último año fue un poco monotemático en esta especie de blog: comencé escribiendo sobre los dispositivos milagrosos que afirman diagnosticar y curarlo todo, de ahí pasé al tema del autoproclamado sanador (lol), humanista (lmao) y vidente (ROFLMAO) René Mey, y terminé tratando el asunto del Suplemento Mineral Milagroso (sustancia que, aquellos que no residimos en Villa Psicosis, conocemos como blanqueador).

Naturalmente, la mayoría de las entradas ha recibido comentarios en contra, y en buena parte de ellos he notado ciertas ideas que se repiten con gran frecuencia:

  • La noción de que cada persona, con su propia mente, crea su propia realidad, usualmente aderezada con una muy desubicada apelación a la Mecánica Cuántica.
  • Como extensión de esa idea, que cualquier opinión y cualquier creencia es válida, incluso a la luz de los mismos hechos.
  • Y que lo único que las personas (y, como consecuencia, el mundo) necesitan es fe y de algo vago a lo que les da por llamar amor. Y que el pensamiento crítico es, de alguna forma, enemigo de ese amor.

Desde luego, uno es conciente de que escribir en contra de los que enarbolan la bandera del poder de la mente, la fe y el amor es ponerse, casi automáticamente, el disfraz de villano. Pero, ¿qué le va a hacer uno? Sirva esta última entrada del año de respuesta a esas ideas.

Creer no es crear. Y no importa que desees algo con todas tus fuerzas, el universo permanecerá indiferente. En este momento, hay millones de personas en el mundo que no tienen comida, que viven en medio de una guerra o en estado de esclavitud. ¿Crees que esas personas no desean con todas sus fuerzas un poco de comida, pasar una noche sin el temor de que les estalle una granada de fragmentación encima, o un día de libertad?

(Y si crees que no lo obtienen por que no lo desean con la suficiente fuerza, no sigas leyendo.  Anda, ve a iluminarte o a meditar. No necesitamos a gente como tú por aquí. Si, es mi forma de decirte que eres una persona horrible.)

El universo es mucho más grande, y ha existido (y seguirá existiendo) por mucho más tiempo del que tu mente (y la mía, y la de cualquier otro ser humano) puede apenas comenzar a concebir. En este momento, a cientos, miles, millones de años-luz de aquí están ocurriendo cosas de magnitudes que apenas podemos imaginar: estrellas que están naciendo entre nubes de gas y polvo, o que están colapsando y estallando con una luz de una intensidad que tú y yo nunca conoceremos. Agujeros negros masivos, galaxias de miles de años-luz de diámetro que colisionan unas con otras. Eventos que iniciaron muchos millones de años antes de que apareciéramos como especie y culminarán mucho tiempo después de que nuestro mundo deje de existir.

¿Y tú crees que el universo se preocupa por tus deseos? Vamos, ¿no crees que estás siendo un poquito arrogante?

La única forma en que tus deseos y tus creencias lograrán algo es si te impulsan a actuar, y ni siquiera eso es garantía de que lo lograrás (ni, dicho sea de paso, de que lograrás algo bueno). El mundo es un lugar más peligroso, más obscuro, y más incierto de lo que quisiéramos, y si queremos hacer de él un mundo un poco mejor, las buenas intenciones, las palabras bonitas y las “buenas vibras” no serán suficientes.

Para lograrlo necesitamos comprender la causa de nuestros problemas e inventar la forma de solucionarlos. La mala noticia es que no hay mantra, técnica de meditación profunda, cadena de oración, consigna rimada ni, mucho menos, líder espiritual que sirva para esa tarea. La buena noticia es que la razón, el trabajo duro y la cooperación entre seres humanos han demostrado repetidamente que son perfectamente capaces de tomar ese lugar.

Pero si queremos comprender las causas y encontrar las respuestas, primero debemos superar un gran obstáculo: la idea de que el conocimiento es algo relativo, de que cada persona tiene su verdad. Ante esta afirmación, mi respuesta es casi estándar: no, cada persona tiene su opinión, su percepción de los hechos filtrada a través de sus expectativas y de sus prejuicios; los hechos son independientes de esa opinión y tienen precedencia sobre ella.

La misma naturaleza de esa engañosa noción hace que cualquier respuesta sea prácticamente inútil. Pero la moneda tiene otro lado: es una idea tan mala que se invalida a si misma.

En este momento, en Irán y otras naciones del medio oriente, la respuesta a la pregunta ¿existe un dios que desea que las mujeres adúlteras mueran lapidadas? es un asunto de vida o muerte para cientos, probablemente miles de personas. En algunos países del África subsahariana la respuesta a la pregunta ¿son los albinos seres mágicos cuyas partes del cuerpo mutiladas atraen la buena suerte? puede significar la vida -o la muerte violenta- de muchos seres humanos. No lejos de ahí, la respuesta equivocada a la pregunta ¿es el SIDA una invención de los países ricos que se puede contrarrestar con hierbas? ya le ha costado la vida a miles de personas. Adoptar la idea de que cada quien tiene su verdad es condenar a millones de personas al sufrimiento.

La interpretación personal, relativa de la realidad, puesta por encima de la realidad misma, no es inofensiva. Ha puesto a especies enteras al borde de la extinción. Ha ayudado a tiranías a perpetuarse. Ha causado destrucción, enfermedad, muerte y sufrimiento.

¿Mi punto? La verdad importa, e importa mucho más que tus creencias, tus opiniones y tus deseos. Tienes derecho al solipsismo, a pretender que nada en el mundo está por encima de tus pensamientos. Pero no esperes a que te creamos cuando dices que sentándote sobre tu trasero a meditar has logrado algo más que satisfacer a tu vanidad y a tu ego, ni cuando pretendes darle a los demás sermones acerca de la humildad.

Y mucho menos puedes esperar a que te tomemos en serio cuando llamas a eso amor.

No me atreveré a dar una definición de qué es el amor, pero puedo decir con seguridad que no es ese frenesí idiota que surge de cerrar los ojos a la realidad y pretender que se es el centro del universo. Tampoco lo es engañar a un enfermo diciéndole que lo curarás meditando y tocándolo con tus manos. Y las palabras bonitas y vacías, los clichés y lugares comunes tampoco son amor, no importa cuán bien te hagan sentir después de escucharlas.

¿Quieres un mundo un poco menos obscuro, menos peligroso, menos incierto del que tenemos ahora? Yo también, pero no sólo creo que tus métodos para lograrlo son inútiles: también tengo buenas razones para creer que son muy destructivos. La fe y el pensamiento mágico que pregonas no son ideas novedosas: se han intentado una y otra vez a través de los siglos, siempre con una estela de odio, persecución y sufrimiento.

No tienes que amar a las personas que están a tu alrededor. Basta con que aceptes el hecho de que tienen tanto derecho como tú a existir y a buscar la felicidad, y que no están obligados a hacerlo de la misma forma por la que tu has elegido. Y sobre todo, que ninguna de tus creencias, por muy trascendentales que te parezcan, es más importante que ese derecho.

El mundo necesita amor, si. Pero también necesita inteligencia, compasión y mucho, mucho trabajo, por que esas son las cosas que nos permiten modificar, si quiera un poco, nuestra realidad.

Le Grand Journal sobre René Mey

Hace unos días, Nicolas Quirion, periodista de Le Grand Journal du Mexique (un diario en linea publicado en México para los lectores francófonos) se puso en contacto conmigo para hacerme algunas preguntas sobre el tema del “sanador” René Mey.

El artículo ya fue publicado, y pueden leer la versión en español aquí.

Por Favor, no se Beba el Blanqueador

La entrada que escribí hace algunos días acerca de la advertencia emitida en Estados Unidos a propósito del Suplemento Mineral Milagroso levantó bastante revuelo en los comentarios. Curiosamente, la gran mayoría de los comentarios defendiendo a este producto repiten más o menos los mismos argumentos:

  • Que las críticas y advertencias dirigidas al SMM son necesariamente producto de la ignorancia, y que para tener conocimiento de causa hay que leer el libro de Jim Humble (su inventor) o los testimonios de personas que se curaron en lo muchos sitios y foros de internet dedicados al tema.
  • Que es necesario consumir SMM para poder hablar acerca de su efectividad y su seguridad.
  • Y que la advertencia de la FDA no es razón para dudar de la seguridad y efectividad de este producto, ya que la FDA es sólo un peón en una malvada conspiración de las compañías farmacéuticas para suprimir las curas verdaderamente efectivas y económicas.

Típicas respuestas falaces que, a fin de cuentas, no comprueban por si mismas que beber esta substancia es seguro, ya no digamos que sirve para curar el cáncer o una de las muchas enfermedades que sus partidarios afirman puede curar.

En realidad leí la primera parte del libro de Humble, y no es mas que un conjunto de relatos, anécdotas, teorías de conspiración y una explicación muy fantasiosa que no hace más que desnudar el muy pobre entendimiento que tiene este sujeto acerca de la química y la biología más básicas.

Pero ese no es el punto: supongamos que deseamos saber si la astrología tiene alguna validez, ¿sería buena idea consultar un libro escrito por un astrólogo y conformarnos con sus explicaciones? No, de hecho sería una pésima idea. Sería mejor tomar nota de sus afirmaciones y evaluarlas objetivamente, basándonos en todo el conocimiento objetivo y confirmado sobre planetas, estrellas y seres humanos que la ciencia ha puesto a nuestra disposición durante siglos.

La misma lógica aplica no sólo con el SMM, sino con cualquier otro remedio curalotodo. Podemos -y debemos- tomar en consideración las afirmaciones y explicaciones de Humble. Lo que no debemos hacer es darlas por ciertas sin evaluarlas y conformarnos con ellas. Mucho menos cuando es un asunto que, en ciertas circunstancias, podría ser de vida o muerte.

La experiencia personal -especialmente la experiencia personal de otros- tampoco puede considerarse como evidencia. El cerebro humano, con todo y su alto grado de desarrollo, es un instrumento falible y lleno de defectos. Y uno de esos defectos es la enorme capacidad para engañarse interpretando la realidad en función de los deseos, prejuicios, expectativas y muchos otros factores. Es lo que llamamos sesgo cognitivo.

Vaya, tan malas son nuestras mentes para evaluar la realidad, que nos tomó siglos desarrollar un método para minimizar esas limitaciones y así poder dar con información útil. A ese método le llamamos ciencia.

Y esa es la principal razón por la que uno, diez o mil testimonios a favor de la efectividad y seguridad del SMM son irrelevantes. Cuando una persona afirma que padecía M enfermedad y después de tomar el remedio N mejoró, en realidad no nos está dando una respuesta, sólo nos está motivando a hacernos más preguntas:

  • ¿Cómo sabemos que en realidad estaba enferma? Suponiendo que es así, ¿cómo podemos saber que en realidad se curó?
  • La mayoría de las enfermedades tienen un ciclo natural. Un resfriado se cura sólo en unos cuantos días. Las enfermedades crónicas suelen pasar por etapas de aparente mejora. ¿Cómo sabemos que la mejora (o la aparente mejora) que estamos atribuyendo al remedio N no es en realidad parte de la evolución clínica normal de la enfermedad?
  • Quizás la persona, además de comenzar a tomar el remedio N, también hizo cambios a su dieta o a su estilo de vida, o incluso está tomando otro tratamiento. ¿Cómo podemos saber que su mejoría no se debió a alguno de esos otrs factores y no al remedio N?
  • También hay factores emocionales: quizás la persona que da el testimonio es un firme creyente en la efectividad del remedio N, ¿cómo podemos asegurarnos de que su testimonio es objetivo?
  • O si somos especialmente desconfiados, ¿cómo podemos saber que el autor del testimonio no es alguien que se dedica a vender el remedio N? ¿Cómo asegurarnos de que no es alguien que abre diez cuentas en un foro para dar testimonios positivos bajo diferentes identidades?

Y lo mismo aplica no sólo para los testimonios de otras personas -los mismos sesgos están presentes cuando uno es el que experimenta las cosas.

Otra variación del tema es la idea de probar las cosas uno mismo para saber si son buenas o malas. Podría parecer una buena idea, pero no lo es: el narcomenudista de la esquina podría estar usando el mismo argumento para venderle crack a sus hijos.

No quiero profundizar demasiado en lo de la malvada conspiración de las farmacéuticas, pero es otro de los argumentos (a falta de mejor palabra) que más se han mencionado alrededor de este tema.

Ni las compañías farmacéuticas ni las agencias regulatorias están libres de cuestionamientos, y no son pocos los errores (o actos de corrupción) que se les pueden atribuir. Pero esos errores son consecuencia casi siempre de la estupidez o la poca ética de un puñado de personas.

De eso a afirmar que las farmacéuticas y las agencias reguladoras sean parte de un malvado cabal que día y noche trabaja para ocultar La Verdad ™ hay demasiado trecho. Especialmente en esta época, en la que uno puede difundir información con una velocidad y una facilidad que dejarían estupefactos a nuestros bisabuelos.

Al momento de escribir esto, una búsqueda usando el término FDA warnings (advertencias de la FDA) en la sección de noticias de Google arroja como resultados referencias a acciones de la FDA en contra de la compañía de biotecnología suiza Actelion; de Gilead Sciences, una farmacéutica que fabrica antivirales; de una empacadora de mariscos del estado de Washington; de tres fabricantes de enjuage bucal -incluyendo Johnson & Johnson; y un fabricante de material de sutura. Y también hay una mención del medicamento Avandia, fabricado por GlaxoSmithKline, cuya venta ya fue restringida por la FDA.

Comparados con las grandes farmacéuticas, los fabricantes de remedios milagrosos la tienen bastante fácil: basta registrar sus productos como suplementos dietéticos, incluir una advertencia con letras pequeñitas indicando que no se trata de un medicamento y prácticamente pueden hacer cualquier tipo de afirmación respecto a sus poderes terapéuticos. Otro ejemplo: en una entrada anterior hablaba de la facilidad con la que los fabricantes de máquinas de diagnóstico fraudulentas pueden escapar al escrutinio de la FDA, simplemente registrándolas como dispositivos para biofeedback -y dejando que los usuarios que las compran hagan el trabajo sucio de hacer afirmaciones sobre sus poderes curativos.

Si el trabajo de la FDA es proteger los intereses de las grandes corporaciones y negar al público el acceso a remedios milagrosos y baratos, creo que está haciendo un terrible trabajo.

Pero asumamos, contra todo sentido común, que esa conspiración en verdad existe: ¿cómo pasamos de ese supuesto a concluir que beber SMM es seguro y puede curar el cáncer o la malaria? Los que esgrimen la teoría de conspiración no han aclarado este punto.

Pero la alerta emitida por la FDA de Estados Unidos no es la única señal de alarma acerca de tan curioso brebaje (y, para el caso, tampoco lo son las advertencias de agencias sanitarias del Reino Unido, Canadá y España).

Tampoco es  la gran cantidad de enfermedades que Humble asegura pueden ser tratadas con el SMM: desde diversos tipos de cáncer, SIDA, la enfermedad de Crohn, malaria, tuberculosis, esclerosis múltiple, hepatitis C, dengue y un largo etcétera. Incluso ha asegurado que se puede usar para tratar quemaduras en la piel y para aumentar el tamaño de los senos. Una de las señales de que estamos frente a un remedio fraudulento es cuando sus proponentes afirman que puede curar una gran cantidad de enfermedades, y eso se debe a que las enfermedades obedecen a mecanismos biológicos muy distintos: no se puede tratar de la misma forma un cáncer, una enfermedad infecciosa -viral o bacteriana- o una condición autoinmune.

Tampoco se trata de Jim Humble, su inventor, un personaje realmente obscuro que ha llegado al extremo de autoproclamarse obispo y fundar una iglesia con la finalidad -abiertamente declarada- de escapar de la regulación gubernamental.

Y tampoco son las justificaciones científicas de Humble y sus acólitos, que son fantasiosas y no se sostienen. Por ejemplo, Humble afirma que el SMM actúa contra el cáncer matando a los microbios que habitan dentro de las células cancerosas -ignorando completamente el hecho de que el cáncer es en realidad una mutación genética que hace a las células reproducirse sin control.

A final de cuentas el hecho es que Jim Humble y compañía se niegan a proporcionar cualquier tipo de evidencia fiable. Decir que el SMM ha curado a miles de personas de malaria o SIDA es una cosa, pero documentarlo es muy distinto. Humble es muy vocal acerca de su trabajo en África, en donde afirma ha curado a decenas de miles de personas. ¿En dónde están documentadas esas curaciones?

Y el lugar de estas evidencias usualmente es ocupado por ataques personales, testimonios personales imposibles de verificar y teorías de conspiración.

Humble afirma que el dióxido de cloro mata microbios patógenos, y de hecho tiene razón: por algo esta substancia es usada como desinfectante. El problema es que los mata indiscriminadamente junto con microbios benignos -como la flora intestinal- y células y tejidos sanos. Y Humble no explica cómo es que el poder de matar microbios tiene alguna relevancia cuando hablamos de enfermedades o desórdenes que actúan por otros mecanismos -genéticos, autoinmounes, etc.

El tema del SMM ha sido objeto de gran interés las últimas semanas a raíz del episodio que en internet se ha conocido como bleachgate: un adolescente galés de quince años, Rhys Morgan, después de ser diagnosticado con la enfermedad de Crohn, buscó ayuda en un grupo de apoyo en línea. En el foro de dicho grupo leyó que algunas personas recomendaban tomar SMM. Morgan investigó y regresó al foro para advertirle a los demás acerca del peligro que representa consumir esta substancia, y su advertencia fue recibida con hostilidad y, eventualmente, con una prohibición para participar en el foro.

Morgan relató lo ocurrido en su blog y pronto el episodio fue retomado por otros blogs, podcasts y, eventualmente algunos medios. Eventualmente las autoridades sanitarias del Reino Unido tomaron cartas en el asunto y emitieron la alerta, y actualmente se encuentran en proceso de detectar a personas que aún continúan comercializando el producto. Al momento de escribir esto hay una actualización: las autoridades británicas ya han solicitado a las autoridades europeas para que las mismas acciones sean realizadas a nivel continental.

Nada mal para una campaña iniciada por un adolescente de quince años.

En nuestras latitudes, sin que sea una sorpresa, el asunto ha pasado prácticamente desapercibido. Y en este caso esto es especialmente desafortunado, ya  que México debería de tener un interés especial en este tema: Jim Humble, de acuerdo a sus propias declaraciones, reside en nuestro país y opera desde él. Incluso ha organizado por lo menos una “brigada” de salud en Miguel Alemán, Sonora (cerca de Hermosillo), para tratar con SMM a la población afectada por un brote de rickettsia. Aparentemente también está ofreciendo cursos de capacitación sobre el uso del SMM.

Y todo sin la menor interferencia de las autoridades sanitarias estatales y federales.

¿Charlatán? Si. ¿Vampiro de Energía? No.

Curiosa coincidencia. Hace un rato estaba escuchando el episodio 261 de The Skeptic’s Guide to the Universe (un podcast que les recomiendo, si entienden Inglés), en el que mencionan el curioso fenómeno de los llamados “vampiros de energía” -personas con el supuesto poder de “robar” la energía de los demás.

Una idea ridícula, a todas luces, pero no pasó un rato sin que tuviera oportunidad de mencionarla.

Aunque la entrada anterior nada tiene que ver con el tema del farsante René Mey, alguien de nombre Francis dejó el siguiente comentario:

el dia de ayer fui a una secion con el sanador Rene Mey la verdad yo no creo tan facil en todo este tipo de cosas, pero me paso algo muy raro, cuando el paso frente a mi y me puso su mano en el corazon me senti desvanecerme como si me robara toda mi energia, y como no senti nada espiritual (hermoso).  he estado investigando en internet y lei un comentario acerca de que el nos roba nuestra energia,  podra ser cierto esto?

Si hay alguna razón para preocuparse, no es esa . De la misma forma que el señor Mey no tiene ningún poder curativo más allá del de un placebo (que, para efectos prácticos, es lo mismo que ninguno), tampoco puede robarse la energía de las personas. Cualquier efecto es subjetivo y puede ser explicado si tomamos en cuenta las expectativas y las emociones que están en juego en un evento así -y la capacidad que tiene Mey para explotarlas a su favor. Simplemente, el poder de la sugestión.

En otros lugares de internet he leído comentarios similares, atribuyendo a Mey la supuesta capacidad de robarle la energía a las personas, e incluso afirmaciones de que sus supuestos poderes tienen un origen satánico.

El único poder que le podemos reconocer a Mey es el de su gran capacidad de usar su carisma para manipular a la gente, y el origen de ese poder no es ni divino ni diabólico. Y eso es una buena noticia: para defenderse de vivales como Mey no hace falta recurrir a lo supernatural. Basta pensar críticamente, pedir evidencia, y no dejarse engañar por las apariencias y los discursos.

El Suplemento Mineral Milagroso (y Potencialmente Mortal)

Esta mañana, durante mi sesión diaria de lectura de blogs, me llamó la atención esta entrada de Science Based Medicine escrita por David Kroll, en la que habla de un suplemento llamado Miracle Mineral Supplement, o Suplemento Mineral Milagroso. Hace unos días, la FDA (Agencia de Drogas y Alimentos, encargada de este tipo de regulación en Estados Unidos) emitió una alerta acerca del uso de este suplemento, indicando que su uso es potencialmente letal.

Desde luego, siendo el sujeto curioso que soy, pronto guglié la frase “suplemento mineral milagroso” para confirmar mi sospecha de que el suplemento también estaría siendo vendido por estas latitudes. Y confirmada quedó. Este suplemento se comercializa por medio de “distribuidores independientes” y otros canales informales, usando el mismo modelo que utilizan otros suplementos mágicos, jugos superopoderosos y demás menjurjes fraudulentos.

El simple hecho de que la palabra “milagroso” sea parte de su nombre ya debería de encender algunas alarmas. Pero si eso no es suficiente, las afirmaciones que hacen sus distribuidores acerca de sus poderes terapéuticos no dejan lugar a duda. Del sitio www.mmsmexico.com.mx:

MMS destruye por completo bacterias, virus, parásitos, hongos y células cancerosas.

Vamos a asumir por un momento que en efecto puede destruir bacterias, virus, parásitos hongos, y células cancerosas. Algo tan poderoso también podría destruir células y tejido sanos. El libro (disponible también en el sitio) escrito por Jim Humble, el inventor de este suplemento hace afirmaciones más extraordinarias:

Después de tomar la Milagrosa Solución Mineral, pacientes de SIDA usualmente están libres de enfermedad en algunas semanas, y otras enfermedades y condiciones simplemente desaparecen. Sí los pacientes en hospitales alrededor del mundo fuesen tratados con esta Milagrosa Solución Mineral, más del 50 % de ellos estarían de regreso en casa dentro de una semana.

Afirmaciones como esa deben tomarse muy en serio. Ofrecer una cura falsa para una enfermedad como el SIDA es un acto de hijoputez que da miedo y que puede causar un daño muy grande. Otros sitios dedicados a comercializar este suplemento hacen afirmaciones similares relativas a muchas otras enfermedades, incluyendo la influenza H1N1, la malaria y el cáncer (asi, en plural, como si sólo hubiese un tipo de cáncer).

¿Qué es en realidad este suplemento? No es otra cosa más que clorito de sodio (NaClO2) diluido en agua. El clorito de sodio es un compuesto químico utilizado como blanqueador en las industrias textil y papelera, y para la purificación de agua a escala industrial. Eso debería de dar una idea de lo que le puede hacer a las células y tejidos. La buena noticia es que la toxicidad está en función de la dosis. La mala noticia es que la dosis usualmente quedará a criterio de un entusiasta y completamente inexperto distribuidor independiente.

Pero ese no es el peligro más grande que representa el suplemento mineral milagroso.

Los promotores de este suplemento indican que, a fin de que se activen sus efectos terapéuticos, debe mezclarse con ácido cítrico. El problema es que agregar ácido cítrico al clorito de sodio genera una reacción química que da como resultado otro compuesto, dióxido de cloro. El dióxido de cloro es también un blanqueador de uso industrial, usado principalmente para blanquear pulpa de madera. De acuerdo a la advertencia emitida por la FDA, el consumo de ese compuesto en las dosis que recomiendan sus promotores, puede causar náusea, vómito, diarrea y síntomas de deshidratación. El consumo extendido puede causar metahemoglobinemia (acumulación anormal de la hemoglobina en la sangre) y daño renal. Y desde luego, la muerte.

Usando el sentido común: si una sustancia se utiliza para aclarar el color de la madera, ¿qué le puede hacer a nuestro organismo?

Me pondré en contacto con la Cofepris para investigar si hay alguna regulación respecto a esta sustancia en nuestro país.

René Mey: ¿sanador, humanista y vidente?

Es probable que hayan visto o escuchado hablar de los televangelistas norteamericanos (aunque no son un fenómeno exclusivo de ese país) que afirman tener el poder de curar a la gente por medio de la fé. Sujetos con nombres como Benny Hinn, Peter Popoff o Marjoe Gartner que, frente a cientos de personas -más las miles que los veían por televisión, podían lograr incluso que personas en sillas de ruedas se pusieran de pie y caminaran. Hombres (y mujeres) que, después de llevar a cabo sus milagrosos actos de curación, solicitaban donaciones que los hicieron millonarios. Charlatanes que, eventualmente, fueron desenmascarados como tales.

Después de presenciar personalmente una de sus “sesiones de sanación”, puedo decir que el modus operandi de el autoproclamado humanista, sanador y vidente René Mey, tan de moda a últimas fechas en nuestro país es, en esencia, la misma.

Aunque su propaganda afirma que sus poderes provienen de una nueva forma de conocimiento, la realidad es que René Mey no es más que parte de una práctica tan antigua como la humanidad: la curación por medio de la fé. De acuerdo a Robert Todd Carroll, de The Skeptic’s Dictionary:

Cuando no se trata de fraude, la curación por medio de la fé es una forma cooperativa de pensamiento mágico que involucra a un sanador y un paciente, y en la que a) tanto el sanador como el paciente mantienen una creencia en el poder curativo de espíritus o algún otro misterioso mecanismo de sanación; b) el sanador, consciente o inconscientemente, manipula al paciente para hacerlo creer que su dolencia se ha curado por medio de la oración, movimientos con las manos (para desbloquear, remover, restaurar, etc. alguna forma intangible de “energía”), o por medio de algún otro producto o ritual no convencional; y c) el paciente valida la sanación al dar señales de que ha funcionado, tales como el caminar sin muletas por un corto periodo de tiempo, respirar libremente, manifestar alivio del dolor, o simplemente al agradecer al sanador por la “cura milagrosa”. Además, la curación por medio de la fé puede llevarse a cabo a distancia. No es necesario que el paciente y el sanador se reúnan, ya que los procesos que ocurren, suele afirmarse, trascienden las limitaciones usuales que imponen el tiempo y el espacio.

Este tipo de prácticas no requieren de una validación objetiva acerca de su eficacia. Basta el testimonio del paciente o el simple acto de levantarse de una silla de ruedas para declarar que ha habido una curación. Sin embargo, no se requiere evidencia real de que ha existido una mejoría tangible en el estado de salud del paciente. No se documentan ni el estado de salud previo ni el posterior, no existe seguimiento alguno de la evolución clínica posterior al evento de sanación, y si por alguna razón llega a conocerse que no hubo una mejoría real, siempre se tiene el cruel recurso de afirmar que el paciente “no tiene suficiente fé”.

Si las sanaciones por medios espirituales no tienen ningún efecto terapéutico. ¿Por qué entonces parecen ser tan exitosas?

Por las mismas razones que otras prácticas médicas fraudulentas, la astrología, los tenis que hacen bajar de peso, los detectores moleculares y demás chapucerías parecen funcionar: por que las expectativas y percepciones a veces tienen mayor peso que los hechos. La mente humana es una cosa curiosa.

Las personas que recurren a sanadores son firmes creyentes y tienen un fuerte deseo de que la sanación funcione. Sobra decir que ese deseo muchas veces obedece a la gran desesperación que puede causar una enfermedad. Alrededor del acto de sanación hay muchas cosas: una imagen idealizada del sanador que a veces puede llegar al fanatismo, un entorno diseñado para hacer que el paciente se sienta bien, el simple hecho de estar rodeado de personas con la misma creencia.

Y eso asumiendo que no existan trampas por parte del sanador.

Pero al final, los tumores no desaparecen, los pancreas no comienza a producir insulina y las médulas espinales no se restauran. La única mejoría será pasajera y subjetiva, siempre en función de que tan fuerte es la creencia en el sanador. Y nada más: pocas horas después, nada habrá cambiado.

René Mey ha tratado de explicar el mecanismo mediante el cual es capaz de lograr sus milagrosas curaciones. Hace unos días, en una entrevista llevada a cabo por Milenio Televisión, afirmó que sus poderes curativos están basados en cristales que son formados por los pensamientos (incluso mencionó el desacreditado trabajo de Masaru Emoto). Según Mey, al momento de meditar, tiene el poder de emitir estos cristales y transmitirlos a las personas. Incluso, para explicar la supuesta capacidad curativa de su filme, afirma que estos cristales pueden ser captados por cámaras de alta definición y posteriormente emitidos por la pantalla de cine.

Una explicación ridícula que desnuda su completa ignorancia de no sólo la física y la biología más básicas, sino del elemental hecho de que una pantalla de cine no emite luz: sólo refleja la que proviene del proyector.

Aunque todo comenzó con la idea de ridiculizar las afirmaciones de un sujeto que afirma poder curar (y conservar limones) a través de una pantalla de cine, el haber presenciado el triste espectáculo de una de sus sesiones de sanación le quita su gracia al asunto. Una fila que fácilmente pasaba de las tres mil personas esperando por horas para tener una oportunidad de ver al sanador. Personas en sillas de ruedas, aparatos ortopédicos o con miembros amputados. Mascadas cubriendo la calvicie causada por la quimioterapia. Familiares llorando ante la expectativa de obtener una curación milagrosa.

Con las sillas de la sección de cómida rápida (la sesión fue en un centro comercial al sur de la ciudad), los voluntarios de Mey formaron una larga fila, en la cual iban sentando a las personas enfermas. Mey, encapuchado, recorría la fila y, uno por uno, se ponía enfrente de los pacientes. Los rodeaba con los brazos y les daba unas palmaditas en la espalda. Algunos, agobiados por la carga emocional del suceso, incluso se dejaban caer.

En la entrada al centro comercial, una de las voluntarias de Mey, en una caja de color amarillo, recibía peticiones (papeles con los datos de pacientes que no estaban presentes para que Mey, en su meditación, pueda sanarlos a distancia). Y otra voluntaria, en una caja de color morado, recibía billetes de cien, doscientos, quinientos pesos. La caja tenía un rótulo que decía “donaciones de amor”.

Y un poco más allá, en la explanada del centro comercial, otros voluntarios vendían discos compactos de ciento cincuenta pesos, playeras de cien, velas “bendecidas por el sanador” a ochenta pesos. Desde luego que el acto de la sanación por si mismo es gratuito. Los voluntarios de Mey, así como su propaganda, ponen mucho énfasis en eso.

La única diferencia que hay entre Mey y los sanadores evangélicos que mencioné al principio de esta entrada es meramente cosmética. Sólo cambia le envoltura cristiana evangélica y en su lugar pone una de ideas new age aderezadas con lenguaje científico sacado de contexto.

René Mey se autoproclama como “sanador, humanista y vidente”, y los medios que han cubierto sus actividades en nuestro país repiten esos tres sustantivos sin detenerse por un momento a averiguar si es que merece esos títulos.

Pero en realidad el señor Mey no tiene ningún tipo de poder para curar enfermedades. Sus métodos son los mismos que los charlatanes que prometen curas milagrosas han usado por siglos. La explicación “científica” que ofrece para explicar sus supuestos poderes es completamente absurda.

La realidad es que este sujeto no merece el título de sanador. ¿Merece el de humanista?

La afirmación de Mey es que ha fundado más de seiscientos “centros humanitarios” que ofrecen servicios gratuitos. Aunque, dependiendo de la fuente, pudieran ser cien o cuatroscientos. Mi infructuosa búsqueda de uno en el área metropolitana de la Ciudad de México me hace sospechar que esos números probablemente están inflados. Ahora bien, ¿de qué forma ayudan estos “centros humanitarios” a las personas? Estos centros son operados por voluntarios que han aprendido de Mey sus técnicas de sanación. De acuerdo a una voluntaria, el único servicio que ofrecen es el de “terapia de regeneración celular”. Es decir, sólo los famosos toquecitos en la espalda. Unos toquecitos que, como ya vimos, no curan ni una indigestión.

Si uno aprende de un “maestro” una técnica de sanación inocua (e inútil) y pone afuera de su casa un letrero que dice “centro humanitario”, realmente no está beneficiando a la comunidad. Si todos los centros humanitarios René Mey siguen ese patrón, la misma lógica aplica: así sean mil centros, no le están trayendo ningún beneficio a nadie.

En su sitio de internet, René Mey afirma que ha pasado veinticinco años ayudando de esa manera a las personas. Pero las personas que acuden a él o alguno de sus voluntarios no están recibiendo ningún tipo de ayuda.

Si a una persona que padece de una enfermedad terminal le haces creer que tienes poderes que la pueden curar, no importa cuántas palabras bonitas utilices y no importa que la hagas sentir bien por un momento, no la estás ayudando. Sólo la estás engañando. Y si le cobras (aunque le llames “donación”), además la estás explotando.

Y alguien que engaña y explota a las personas no se merece el título de humanista. Especialmente si lo hace con cientos o miles de personas.

René Mey no es sanador ni es humanista. ¿Vale la pena preguntarnos si el señor Mey es vidente? Honestamente, creo que esa pregunta sale sobrando.

Actualización 21/01/2011: si no estás de acuerdo con lo dicho en esta entrada, y si piensas expresar tu desacuerdo en la sección de comentarios apelando a la fe, al amor y/o a la física cuántica (o a alguna noción por el estilo) quizás quieras leer esto primero.