Sobre el Balance Bioenergético (parte I de III)

Nota: esta entrada es una segunda versión de la que se publicó aquí en Abril de 2009. Hace unos días, una de las personas aludidas en ella, y argumentando su intención de demandar a un servidor si no lo hacía, me solicitó borrar su contenido. Removí temporalmente la entrada, le solicité que me indicara qué información era incorrecta y le pedí que me proporcionara la correcta. Dado que su muy visceral respuesta no fue aclaratoria en ese sentido, decidí no sólo publicarla de nuevo, sino reescribirla por completo.

Son muchos los nombres por los que se le conoce a este conjunto de prácticas: balance o diagnóstico bioenergético, bioresonancia, medicina cibernética, medición de meridianos y medicina cuántica son algunos de ellos. Tienen en común el uso de dispositivos que, de acuerdo a sus proponentes y mediante una supuestamente avanzada tecnología, pueden diagnosticar y curar desde alergias hasta desórdenes nerviosos, pasando por toda clase de enfermedades reales e imaginarias. Todo depende de la imaginación (o el descaro) de la persona que ofrezca este tipo de servicio.

En realidad, estas prácticas no son efectivas y en muchos casos son peligrosas, e incluso mortales. Aunque en México aún no existe ninguna regulación aplicable, su uso ha sido prohibido por autoridades sanitarias de otros países.

No es un fenómeno reciente: los inventores de máquinas con extraordinaria (y nunca comprobada) capacidad para diagnosticar y curar enfermedades han hecho de las suyas desde que a finales del siglo XIX aparecieron las primeras máquinas que prometían curar enfermedades por medio de la electricidad -un fenómeno físico que apenas comenzaba a aplicarse y que era visto como poco menos que magia por la mayoría de la gente. Y esa es precisamente una de las claves para identificar este tipo de tomaduras de pelo: el (mal) uso del lenguaje de la ciencia para dar la impresión de que se trata de una tecnología producto de los últimos avances científicos: al principio era el electromagnetismo, hace cien años eran las ondas de radio y ahora les da por usar la palabra cuántica a la menor provocación.

No obstante el uso de terminología científica, el balance bioenergético no es mas que pensamiento mágico empaquetado como ciencia de verdad.

Esta práctica está estrechamente relacionado con la acupuntura, ya que sus principios se basan en la supuesta medición y manipulación del qi o energía vital que circula por los míticos canales llamados meridianos. Su origen está en el trabajo de Reinhard Voll, un médico alemán que había experimentado con la acupuntura, a la cual decidió integrar con la electrónica, creando a finales de los cincuenta el sistema Dermatron y estableciendo las bases de esta práctica.

De acuerdo a los principios establecidos por Voll, es posible realizar un diagnóstico a partir de una medición en un conjunto de puntos de acupuntura en la piel. Dicha medición indica el estado de los órganos o sistemas asociados con cada uno de estos puntos.

Para obtener esa medición se utiliza en un dispositivo conectado a dos electrodos. El paciente sujeta uno de los electrodos con una mano, mientras que el operador utiliza el otro para medir la energía en cada uno de los puntos de acupuntura en la piel. Esta medición puede tener un valor entre uno y cien, de acuerdo a la escala creada por Voll. Los valores cercanos a cincuenta indican que el órgano representado por ese punto se encuentra en un estado normal. Si el valor tiende a cien, significa que hay una inflamación, y si tiende a cero, entonces se trata de una degeneración. En base a esta medición, se determina el tratamiento necesario para corregir el desequilibrio energético (usualmente un medicamento homeopático, aunque también suelen indicarse suplementos y vitaminas).

Esta tecnología es promovida como avanzada y novedosa, pero en realidad (y a diferencia de las tecnologías de obtención de imágenes médicas) no ha evolucionado en los últimos cincuenta años. Sus únicos avances han sido en la facilidad de uso y en lo estético: en un principio la persona que realizaba la medición obtenía los resultados en indicadores análogos de aguja y los interpretaba para determinar el remedio indicado. Actualmente los resultados se despliegan gráficamente en la pantalla de una computadora, y el mismo sistema suele ser el que sugiere el tratamiento.

Ahora bien, ¿son capaces estos dispositivos de diagnosticar problemas de salud? En realidad no. Este tipo de dispositivos no son más que galvanómetros que no tienen capacidad de medir otra cosa además de la respuesta galvánica de la piel, es decir, la resistencia de la piel al paso de una corriente eléctrica. ¿Tiene alguna utilidad esta medición? Una muy limitada: la respuesta galvánica es determinada por el nivel de humectación de la piel, que en la práctica es consecuencia de la sudoración, y que a su vez refleja el estado de excitación de una persona.

En pocas palabras: al medir la respuesta galvánica de la piel, es posible determinar (aunque con un considerable margen de error) qué tan excitada o nerviosa está una persona. No es coincidencia que este mismo principio sea utilizado en los polígrafos o detectores de mentiras. Otro uso aceptado de este principio (aunque su utilidad real aún es materia de debate) es el del biofeedback, una técnica de relajación que pretende, al darle al sujeto retroalimentación en tiempo real respecto a su estado de relajación, una herramienta para lograr controlar ese estado.

Desde luego, esa capacidad está muy lejos de la que le atribuyen los proponentes del balance bioenergético. El estado interno de cualquier órgano simplemente no se refleja en la capacidad de la piel para conducir una corriente eléctrica y, en todo caso, la humedad de la piel y la presión que se ejerce al tomar la medición son los factores que más peso tienen en el resultado (además de que son factores que suelen estar bajo control de la persona que toma la medición).

Y desde luego, hay que considerar que la inexistencia de los meridianos y el qi los pone en la categoría de cosas cuya medición requiere mucha imaginación y/o mucho descaro.

Ahora bien, si estas máquinas no sirven para hacer diagnósticos, ¿por qué está permitida su fabricación, venta y uso clínico? Después de todo, sus proponentes suelen argumentar que cuentan con autorización de la FDA (Agencia de Drogas y Alimentos de Estados Unidos). Esa afirmación es, en realidad, inexacta: la FDA autoriza la fabricación y venta de estos dispositivos sólo como medidores de la respuesta galvánica de la piel y no aprueba su uso con fines de diagnóstico y tratamiento. Al registrar sus dispositivos de esa forma (usualmente afirmando que se trata de auxiliares para biofeedback), los fabricantes son libres de distribuirlos y la responsabilidad de su uso (y de las afirmaciones médicas que se hagan) cae en los distribuidores y en los usuarios finales. No es coincidencia que mientras los fabricantes suelen hacer afirmaciones cuidadosas y con un lenguaje ambiguo, las personas que ofrecen servicios haciendo uso de los dispositivos tienen mayor libertad para hacer afirmaciones acerca de su supuesta capacidad terapéutica y de diagnóstico. Esto es más evidente en el caso de distribuidores y usuarios que se encuentran en otros países, fuera de la regulación de la FDA.

BioMeridian, con sede en Utah, Estados Unidos, es uno de los principales fabricantes de este tipo de máquinas. En su sitio de internet no hay afirmaciones acerca del uso de sus productos como herramientas de diagnóstico:

La prueba de Evaluación de Estrés de Meridianos mide la energía en los puntos meridianos, y guía al operario a áreas probables de desequilibrio. Esta tecnología es usada en varios servicios de salud alrededor del mundo. Le proporciona a los operarios más información a considerar al momento de intentar revertir las perturbaciones energéticas de sus clientes a un estado de equilibrio.

El uso de la palabra clientes no es casual: el lenguaje es bastante cuidadoso y sería difícil argumentar que se trata de una afirmación de naturaleza médica. Aunque tal cautela no le ha impedido a BioMeridian cabildear -sin éxito hasta ahora- para que se apruebe el uso terapéutico de sus productos en algunos estados. Su último intento terminó en fiasco gracias al pobre manejo de la información por parte de uno de sus ejecutivos, quien torpemente entregó documentación con afirmaciones falsas a representantes del gobierno del estado de Washington.

Mientras más avanzamos en la cadena fabricante-usuario, las afirmaciones cambian dramáticamente. El sitio de internet de una empresa que distribuye los productos de BioMeridian en nuestro país afirma:

Un buen médico tiene un promedio de exactitud del   35%
Con estudios de gabinete éste puede subir hasta un 45%
Las Clínicas CAT cuentan con el único equipo que puede ofrecerle un promedio del   90%
Tanto en sus diagnósticos como en sus tratamientos!!!

Por muy interesante que sea la cuestión del origen de tan simpática estadística, será mejor enfocarnos en lo importante: es claro que están afirmando que su sistema es mucho más efectivo para diagnosticar y tratar enfermedades que los métodos y tratamientos convencionales. En su FAQ son más específicos:

La prueba implica tomar una lectura electrónica de los puntos de Voll descritos en el apartado anterior. Esta prueba se realiza con una terminal eléctrica que toca los puntos del cuerpo y envía una corriente eléctrica muy pequeña e imperceptible, a través de cada punto, que es registrada y analizada por el sistema informático mientras usted se encuentra cómodamente instalado. Por la naturaleza no invasiva de esta prueba, podemos garantizar que el procedimiento será indoloro. La duración de la prueba es de entre veinte minutos (tratamientos específicos, dolor, eliminación de síntomas) y dos horas, (padecimientos crónicos) en los cuales el resultado es un diagnóstico integral del estado actual del paciente.

De acuerdo al propio fabricante los equipos sólo sirven para detectar desequilibrios energéticos (lo que sea que eso signifique). Pero de acuerdo a este distribuidor, son capaces de detectar padecimientos crónicos. ¿Y qué hay de los que ofrecen servicios haciendo uso de estos dispositivos? Una clínica de nombre Bioenestar opera en Puerto Vallarta y ofrece diagnósticos utilizando un equipo BioMeridian. De acuerdo a su sitio de internet:

Conozca el único sistema que alcanza un promedio de más del 90% en diagnósticos y tratamientos acertados.

Equilibre su cuerpo y su mente.
*Disfunciones, degeneraciones en órganos, aparatos y sistemas orgánicos, Intoxicaciones.
*Desórdenes nerviosos y emocionales que puedan estar ocasionando otros padecimientos.
*Alergias (sensibilidades alimenticias y ambientales que afectan su estado de salud).
*Deficiencias y/o Excesos de vitaminas, minerales, aminoácidos, proteínas, oligoelementos, enzimas, etc.
*Interferencias dentales, vertebrales.

Por introducción, obtenga 2 servicios por el precio de 1!

Y su diagnóstico emocional computarizado con Flores de Bach, Gratis!

El servicio Incluye Diagnóstico Computarizado y Terapia de Frecuencias Electromagnáticas para un mes.

No necesitará gastar en medicamentos ni estudios de laboratorio.

La última frase, no necesitará gastar en medicamentos ni estudios de laboratorio, ilustra perfectamente cuál es el problema con este tipo de prácticas. Imaginemos dos potenciales escenarios:

  • Una persona que no tiene ningún problema de salud, o que simplemente padece de alguna condición autolimitante, ciertamente no necesita gastar en medicamentos ni estudios de laboratorio… pero tampoco necesita gastar para que un sujeto utilice un aparatito cuestionable para detectarle alguna condición que probablemente no tenga y le venda una medicina cuyo único efecto será el del placebo. Y de lo ético de vender placebos mejor ni hablamos.
  • Una persona que padece de alguna enfermedad seria y que no ha sido diagnosticada definitivamente tiene que gastar en medicamentos y estudios de laboratorio. Y lo peor que puede hacer es gastar para que le hagan una prueba que, al ser incapaz de diagnosticar otra cosa además de las manos sudorosas, hará que su enfermedad pase desapercibida y no sea tratada. Y las enfermedades serias tienen la fea costumbre de ponerse peor cuando no son tratadas.

Sobra decir que la práctica no está regulada (y si lo está, no es algo que preocupe particularmente a las autoridades), y la forma en la que se promueven estos dispositivos hace muy fácil que cualquier persona pueda adquirir uno y dedicarse a ofrecer el servicio, independientemente de su preparación académica. De acuerdo a su perfil de MySpace, el sujeto que opera la clínica Bioenestar, no tiene más credencial académica que una licenciatura en Turismo, y no tiene más experiencia que la de trabajar en una empresa que se dedica a vender aparatos de diagnóstico bioenergético.

Y no, la bata blanca y los guantes de látex tampoco cuentan.

Los médicos de verdad suelen pasar bastantes años estudiando y preparándose, y aún así cometen errores y tienen que esforzarse para aprovechar los recursos y herramientas que tienen.

Y sin embargo, pareciera que poseer un aparatito milagroso y una certificación que acredite que se sabe utilizarlo son suficiente calificación para poder afirmar que se pueden hacer mejores diagnósticos que los de la medicina basada en evidencia.