Fake bomb detectors in the Mexican war on drugs: a plea to skeptics everywhere

Note: Hi, fellow skeptics and critical thinkers! Although this little blog is usually written in Spanish, I wrote this post in English in an attempt to reach a wider audience. While I tried hard to at least make it intelligible, odds are there are quite a few grammar mistakes. I apologize in advance.

As you probably know, our country, Mexico, is in the midst of a violent struggle between the government and the drug cartels. Over the last few years violence has escalated, and innocent civilians have become a common target of it. Three years ago, during the Independence Day celebrations in the city of Morelia, eight people died and dozens were injured after cartel thugs threw two hand grenades at the crowd. A few days ago, in the northern city of Monterrey, criminals threw at least a hand grenade at a casino full of people, before setting it on fire. Fifty two people died.

And in the three years between those incidents, reports of car bombs, shootings and other atrocities have become a common, terrifying sight in the news.

But, what has this to do with skepticism? After you see the following image, you might know where this is going.

Yes, that’s a Mexican Federal policeman. And yes, the device in his hands is one of those infamous and fraudulent bomb detectors you may be familiar with. This one, specifically, is a GT200, manufactured by  Global Technical, a UK based company, and distributed in Mexico by Segtec.

The bad news is that the Mexican Army, the Navy, and many local police forces across the country have wasted millions over the last few years, purchasing hundreds of these useless and expensive devices, Most of them GT200’s, but also some ADE651’s.

The real bad news is not that the authorities keep using them to this day, but that they seem to have developed a blind faith in their supposed efficacy, keeping count of the random hits while ignoring the misses (and not even realizing there are such things as false positives and false negatives). While these devices are routinely used to search for drugs, weapons and explosives, some other more creative uses have been devised: locating landslide victims and kidnap victims are two of them.

Not even last year’s official warning from the British government helped to undermine our authorities’ zealous confidence in these devices.

But the worst news is that Mexican media has remained, for the most part, oblivious. Most news outlets just repeat the official claims about x amount of y drug, or a cache of weapons and ammunition, being located and seized thanks to a wonderful high-tech device that runs with the body static electricity. No questions are ever asked, no further research is ever made about those claims, and the few bloggers and journalists that have written about these so-called detectors have failed to raise awareness about the very real and very dangerous implications of the authorities’ reliance on these glorified divination rods.

On the other hand, international media has actually helped to expose the scam, put the manufacturers of these devices under scrutiny, and even have their export to certain nations banned. Unfortunately, those reports focused almost exclusively on the Thai and Iraqi cases, and the controversy failed to reach Mexico.

The fact is, Mexican authorities have purchased a great number of these devices and use them to conduct searches to this day. This puts lives at risk , specially now when the drug cartels have started launching attacks against civilians.

And of course, there is also a great risk of human rights violations, as readings from these devices are being used to justify house and vehicle searches.

For all we know, people may have already been jailed, hurt or killed because of the authorities’ misplaced trust on these fraudulent devices.

There’s a lot of debate these days on how weapons are illegally trafficked into our country to reach the criminals’ hands. It’s baffling that no one in the media or the government seems to realize that our own security forces are relying on fraudulent, useless devices to detect those weapons.

The title of this post says this is a plea to the worldwide skeptical community, but I’ll be honest: I only have the vaguest idea of what can I ask you to do: help us spread the word. Trying to raise awareness inside our own country has been extremely difficult, but perhaps we can make the rest of the world know.

And if you can do more, please do. If you have contacts in the media, let them know. If you’re in the UK, maybe you could write to your embassy in Mexico: perhaps a second official warning could be taken more seriously than the first. And if you have a better idea (and I’m sure some of you will), please share it.

In other words, please help us put a stop to this inhuman, cruel scam against the Mexican people.

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Las prioridades del embajador Eduardo Medina-Mora

El día de hoy nos despertamos con la noticia de que los conductores de Top Gear, un programa de televisión sobre automóviles transmitido por la BBC, hicieron mofa de ciertos estereotipos mexicanos, y que, en respuesta, el embajador mexicano en el Reino Unido y ex-procurador general de la república, Eduardo Medina Mora, envió una carta exigiendo que los conductores se disculparan públicamente por la ofensa.

Como un entusiasta de la comedia británica, debo decir que lo que dijeron los conductores de Top Gear no fue ingenioso, más bien pedestre, y mucho menos particularmente ofensivo. Por otro lado, conviene recordar que en cualquier programa cómico producido en México siempre habrá burlas a los gallegos, argentinos, estadounidenses, homosexuales, etcétera, y, hasta donde un servidor sabe, nunca ha habido una protesta formal de parte de los diplomáticos de estas naciones.

Pero este asunto tiene otra arista que no debería de pasar desapercibida: Eduardo Medina-Mora tiene sus prioridades espectacularmente jodidas.

El 10 de Marzo de 2010, hace casi un año, el New York Times reportaba que el gobierno del Reino Unido había notificado al gobierno mexicano acerca de la completa inutilidad de los “detectores moleculares” –dispositivos costosos, peligrosos y fraudulentos– que compañías británicas le habían (y le siguen vendiendo) a diversas autoridades mexicanas -incluyendo al ejército y la marina.

No soy un experto en el tema, pero no es descabellado suponer que una advertencia de las autoridades británicas a las mexicanas tendría que haber pasado por la embajada, o por lo menos haber sido del conocimiento del embajador Medina-Mora. En todo caso, la misma BBC ha transmitido y publicado notas acerca del peligroso fraude que representan estos dispositivos. Si Medina Mora o sus colaboradores están al pendiente de lo que se dice en Top Gear, un programa de entretenimiento, uno asumiría que también están al pendiente de lo que se dice en los programas informativos.

Entonces, ¿por qué Eduardo Medina-Mora parece más preocupado por una supuesta burla hacia los mexicanos que se hace en un programa sobre automóviles y no parece siquiera estar enterado de un asunto tan importante como lo es un fraude, perpetrado por compañías británicas, del que hemos sido víctimas los contribuyentes mexicanos, y que además pone en riesgo la vida de muchos ciudadanos?

Los conductores de Top Gear dijeron que el embajador mexicano seguramente usa su oficina principalmente para dormir. En realidad, es una suposición bastante razonable.

El ‘detector molecular’ GT-200

Aunque he mencionado el tema de los ‘detectores moleculares’ en Twitter, no lo había mencionado antes en el blog. En su blog, Andrés Tonini ha hecho un excelente trabajo reuniendo y desmenuzando toda la información acerca de estos dispositivos fraudulentos.

Así que me limité a preparar un documento sintetizando la información más importante acerca del GT-200. Puede ser descargado aquí, en formato PDF, con la finalidad de que pueda ser distribuido por otros medios.

¿QUÉ ES?
De acuerdo a su fabricante, el GT-200 es un dispositivo capaz de detectar drogas, armas, explosivos y otras substancias. En realidad no se trata más que de una carcasa de plástico vacía sin ningún componente electrónico e incapaz de detectar cualquier tipo de substancia o material. El gobierno del Reino Unido, sede de la compañía que lo fabrica, ha alertado al de nuestro país al respecto.

¿CÓMO FUNCIONA?
El GT-200 no funciona. Sólo parece funcionar, gracias a un efecto psicológico conocido como efecto ideomotor. Los movimientos de la antena en realidad son movimientos inconscientes por parte de la persona que opera el detector (es el mismo efecto detrás del juego de la ‘tabla ouija’). Basta con un leve movimiento de la muñeca del operador para que la antena se mueva y señale en alguna dirección.

¿Y LAS ARMAS Y DROGAS QUE SE HAN DETECTADO CON EL GT-200?
La Secretaría de la Defensa Nacional ha citado las cantidades de armas y drogas que se han detectado con este dispositivo. Sin embargo, esa información es incompleta:
  • No se mencionan las detecciones que han resultado ser falsas.
  • Tampoco se mencionan las armas y drogas que han pasado sin ser detectadas. Esta cantidad podría ser muy grande.
¿Por qué se han localizado entonces armas y drogas? Por simple suerte: si se hace un gran número de búsquedas en una zona transitada, eventualmente se detectará algo. En otras palabras, el aparente éxito de este dispositivo es simplemente producto del azar.

¿CUÁL ES EL PROBLEMA?
El uso del GT-200 es peligroso e inmoral por tres razones:
  • El costo: las autoridades han gastado millones de pesos en la adquisición de estos dispositivos.
  • Las drogas y armas que pasan sin ser detectadas son eventualmente utilizadas por el crimen organizado.
  • Los allanamientos y detenciones que podrían darse en base a las lecturas del GT-200 pueden  crear condiciones para que se cometan abusos a los derechos humanos. Organizaciones internacionales de derechos humanos han advertido que en Tailandia el GT-200 se ha utilizado para incriminar personas inocentes.
Ser detenido o sujeto a un allanamiento por alguna autoridad civil o militar con la lectura del GT-200 como única evidencia es una violación a los derechos humanos.