Y Todo por una Galletita

Hace pocos días, el 29 de junio, Webster Cook, estudiante de la Universidad de Florida Central, tomo a Jesucristo como rehén.

Bueno, al menos de esa forma lo tomaron los escandalizados católicos de todo el mundo. En realidad lo que hizo Cook fue simplemente conservar una hostia consagrada en su boca para mostrársela a un amigo curioso sobre los rituales católicos. Posteriormente la conservó en una bolsa de plástico, y dias después la devolvió.

A pesar de ello, ha recibido amenazas de muerte de los piadosos adeptos a la Iglesia Católica, además de condenas que rayan en lo cómico, como la de Susan Fani, vocera de la diócesis en donde ocurrió el incidente:

No sabemos al cien por ciento cual fue la motivación del señor Cook… De cualquier forma, si algo pudiese calificar como un crimen de odio, nos parece que podría ser esto.

Por su parte, el párroco, Miguel González, lo comparó con el secuestro de una persona:

Es doloroso. Imaginen si ellos secuestraran a alguien y ustedes suplicaran por que esa persona amada fuera devuelta a su familia.


Lo cual parece indicar que al menos este par de católicos viven debajo de una roca en donde no reciben noticias de los verdaderos secuestros y crímenes de odio que ocurren en el mundo real.

Pero la reacción más cómica (aunque un poco preocupante), es la del líder de la Liga Católica, Bill Donahue, quien primero exigió la expulsión de Cook de la universidad, y posteriormente convocó a sus seguidores a exigir la destitución de su puesto en la Universidad de Minnesota de PZ Myers, autor de Pharyngula.

Pero,¿qué tiene que ver PZ Myers con todo esto? Pues bien, en Pharyngula, PZ Myers, en su tono desenfadado de siempre, se ofreció como voluntario para mantener como rehén más hostias. Nada más.

Y esa es la razón por la que Donahue y seguidores le han enviado amenazas de muerte, además de la ya mencionada exigencia a sus superiores para hacer que pierda su empleo. Guardadas las proporciones, es algo muy parecido a lo de las caricaturas danesas de Mahoma. La frase de Donahue queda para la posteridad:

Es difícil pensar en algo más vil que profanar intencionalmente el cuerpo de Cristo.

Y ése es el meollo del asunto: todo lo que dijo Jebús acerca de poner la otra mejilla y tener misericordia, no aplica cuando la ofensa afecta (es un decir: las ofensas sólo ofenden, no afectan) a nada más y nada menos que a su propio cuerpo.

Porque para aquellos despistados que no lo sepan, la hostia, al ser consagrada, se convierte -literalmente- en un pedacito del cuerpo de Jebús. O eso dice la doctrina católica.

Por lo cual me pregunto: ¿Qué es más profano: conservar el pedacito del cuerpo del mesías en una bolsita de plástico, o masticarlo, revolverlo con ácidos gástricos y con lo que te hayas desayunado, y deshecharlo por el culo varias horas después?