#YoSoyCan26: Activismo Animal Dogmático e Irracional

A menos de que usted, querido lector, haya comenzado a leer esto justo después de haber despertado de un coma profundo, ya debe conocer el tema de la semana: las personas muertas en el parque ecológico del Cerro de la Estrella de la delegación Iztapalapa. También sabe que se presume que las cinco personas fallecieron (en tres incidentes distintos) como consecuencia de ataques por parte de un grupo de perros. Y seguramente está enterado de los posteriores operativos en los que se ha capturado, hasta el momento, a 57 perros

Lo que siguió a esos eventos, tanto en los medios como en las redes sociales, ha sido un buen ejemplo del frecuente, fascinante (y frustrante) fenómeno que surge de mezclar mal periodismo, confundir opiniones con hechos y dejarse llevar por el sospechosismo y la conspiranoia.

Parte del problema está en los medios. Las primeras notas sobre el tema, en Milenio, hablaban de una jauría devorahombres. El uso de un adjetivo como ese implica que el propósito de los ataques por parte de los perros sería alimentarse de las víctimas, lo cual es, en realidad, en extremo improbable. En notas posteriores, prácticamente todos los medios se han referido a los incidentes como asesinatos, a los perros como asesinos y a las capturas como detenciones.

Surgió una narrativa: la de perros sanguinarios y feroces que cazan seres humanos para alimentarse, y una insistencia en juzgarlos en términos humanos. Vale la pena preguntarse: ¿es esta narrativa producto del lenguaje de nota roja y el tratamiento sensacionalista del tema por parte de los medios?

En respuesta, una nueva narrativa diametralmente opuesta: la de los perros inocentes, incapaces de atacar a seres humanos -mucho menos de matarlos-, culpados y detenidos para encubrir al verdadero asesino. Esta -por mucho la más popular en las redes sociales-, también tiene su dosis de mal periodismo. Milenio TV (y no es que uno tenga nada contra la cadena de medios), como parte de un reportaje sobre los ataques, entrevistó a familiares de una de las víctimas, quienes aseguraron que su hermana no había sido víctima de perros, y que las autoridades les ocultaban algo.

El dolor de los familiares de una víctima es comprensible, pero eso no le da validez a sus hipótesis. Ser familiares no los convierte en científicos forenses. Se podría incluso argumentar que los sentimientos involucrados les restan objetividad.

En las redes sociales surgió un movimiento, enarbolando el hashtag #YoSoyCan26, argumentando la inocencia de los perros. Surgió la versión de que los cuerpos mostraban señales de tortura. ¿De dónde surgió esta versión? Probablemente de las afirmaciones de los familiares de las víctimas. Una opinión que, en la mente de las personas, se convirtió en un hecho.

Hay por lo menos cinco afirmaciones falsas en esa imagen.

Hay por lo menos cinco falsedades en esa imagen.

A esta narrativa se fueron sumando más afirmaciones, algunas racionales (esas personas pudieron haber muerto en otro lugar y sus cuerpos arrojados allí), pero la mayoría bastante absurdas (los perros son incapaces de matar a las personas. En realidad se trata de un asesino serial. La procuraduría está maltratando a esos perros y los quiere sacrificar).

Pero ninguna de las dos narrativas ha sido particularmente efectiva en aclarar exactamente cuales fueron los hechos y que evidencias existen para explicar lo ocurrido.

En primer lugar hay que responder a una serie de preguntas: ¿es posible un ataque fatal de perros a seres humanos? ¿Qué tan probable es? De acuerdo a declaraciones del secretario de salud del Distrito Federal, Armando Ahued, sólo en 2012 se registraron más de once mil ataques de perros, setenta de ellos con heridas graves como consecuencias.

En la literatura médica los ataques de perros a humanos y a otros animales son un objeto de estudio constante, particularmente en Estados Unidos. PubMed, el motor de búsqueda de investigaciones biomédicas, arroja resultados al usar palabras clave como dog, attack, fatal y pack (perro, ataque, fatal y jauría). Uno de ellos, un reporte elaborado en 1983, presenta algunos casos de estudio en el que personas murieron a consecuencia de ataques de grupos de tres perros o más, en variedad de circunstancias.

Más allá del ámbito académico, no es difícil encontrar ejemplos del mismo fenómeno. En la versión en Inglés de Wikipedia es posible encontrar una lista de muertes ocasionadas por ataques caninos que han sido reportadas por los medios.

Una de las afirmaciones de #YoSoyCan26 es la imposibilidad de que perros puedan mostrar el tipo de conducta agresiva que lleva a ataques fatales en contra de seres humanos. La evidencia, sin embargo, nos dice lo contrario.

#YoSoyCan26 también se ha manifestado en contra de las acciones y de las intenciones de las autoridades. Sin embargo, las autoridades en ningún momento afirmaron que los perros capturados estuvieran necesariamente involucrados en los ataques. Por el contrario, declararon que el propósito de su captura era el de realizar pruebas forenses para determinar si ese había sido el caso. El día de ayer, más perros fueron capturados, y, de la misma manera, las autoridades en ningún momento los señalaron como involucrados en los ataques.

En la conferencia de prensa del 8 de Enero, además, la procuraduría anunció que, al completarse los análisis, los perros estarían disponibles para ser reclamados por sus dueños y, de no tenerlos, se pondrían en adopción. Las autoridades han afirmado que los perros han recibido cuidado y atención médica, y no se ha presentado evidencia alguna de que hayan sido sometidos a algún tipo de abuso.

Sin embargo, las acusaciones de crueldad animal y de la intención de las autoridades de sacrificarlos aún perduran.

Finalmente, en la misma conferencia de prensa se anunció que de acuerdo a las necropsias realizadas a los cadáveres de las víctimas, las lesiones que causaron su muerte son consistentes con la hipótesis de los ataques caninos.

Hasta el momento, los argumentos de #YoSoyCan26 han tenido más que ver con una interpretación sesgada y visceral de los hechos que con los hechos en si. Las protestas han sido, en su gran mayoría, en contra de supuestas acciones y planes de las autoridades que nunca tuvieron lugar ni fueron anunciados.

Cuestionar al gobierno siempre es importante. Pero negar por principio cualquier afirmación de las autoridades es una postura tan dogmática y cerrada como creer cualquier cosa que digan, especialmente cuando se ofrecen alternativas que son, analizadas objetivamente, mucho más improbables que las oficiales.

Es triste, pero el movimiento de defensa de los derechos de los animales, o al menos un importante sector de él, se ha caracterizado por asumir posiciones dogmáticas e irracionales, la adopción una imagen idealizada y completamente irreal de los animales, y un nulo rigor en fundamentar sus afirmaciones en hechos verificables.

Si dentro de este movimiento sigue dominando el sector que ha optado por el dogma, las posiciones radicales y la misantropía, al final del día, los afectados serán esos seres a los que supuestamente dicen defender.