René Mey: ¿sanador, humanista y vidente?

Es probable que hayan visto o escuchado hablar de los televangelistas norteamericanos (aunque no son un fenómeno exclusivo de ese país) que afirman tener el poder de curar a la gente por medio de la fé. Sujetos con nombres como Benny Hinn, Peter Popoff o Marjoe Gartner que, frente a cientos de personas -más las miles que los veían por televisión, podían lograr incluso que personas en sillas de ruedas se pusieran de pie y caminaran. Hombres (y mujeres) que, después de llevar a cabo sus milagrosos actos de curación, solicitaban donaciones que los hicieron millonarios. Charlatanes que, eventualmente, fueron desenmascarados como tales.

Después de presenciar personalmente una de sus “sesiones de sanación”, puedo decir que el modus operandi de el autoproclamado humanista, sanador y vidente René Mey, tan de moda a últimas fechas en nuestro país es, en esencia, la misma.

Aunque su propaganda afirma que sus poderes provienen de una nueva forma de conocimiento, la realidad es que René Mey no es más que parte de una práctica tan antigua como la humanidad: la curación por medio de la fé. De acuerdo a Robert Todd Carroll, de The Skeptic’s Dictionary:

Cuando no se trata de fraude, la curación por medio de la fé es una forma cooperativa de pensamiento mágico que involucra a un sanador y un paciente, y en la que a) tanto el sanador como el paciente mantienen una creencia en el poder curativo de espíritus o algún otro misterioso mecanismo de sanación; b) el sanador, consciente o inconscientemente, manipula al paciente para hacerlo creer que su dolencia se ha curado por medio de la oración, movimientos con las manos (para desbloquear, remover, restaurar, etc. alguna forma intangible de “energía”), o por medio de algún otro producto o ritual no convencional; y c) el paciente valida la sanación al dar señales de que ha funcionado, tales como el caminar sin muletas por un corto periodo de tiempo, respirar libremente, manifestar alivio del dolor, o simplemente al agradecer al sanador por la “cura milagrosa”. Además, la curación por medio de la fé puede llevarse a cabo a distancia. No es necesario que el paciente y el sanador se reúnan, ya que los procesos que ocurren, suele afirmarse, trascienden las limitaciones usuales que imponen el tiempo y el espacio.

Este tipo de prácticas no requieren de una validación objetiva acerca de su eficacia. Basta el testimonio del paciente o el simple acto de levantarse de una silla de ruedas para declarar que ha habido una curación. Sin embargo, no se requiere evidencia real de que ha existido una mejoría tangible en el estado de salud del paciente. No se documentan ni el estado de salud previo ni el posterior, no existe seguimiento alguno de la evolución clínica posterior al evento de sanación, y si por alguna razón llega a conocerse que no hubo una mejoría real, siempre se tiene el cruel recurso de afirmar que el paciente “no tiene suficiente fé”.

Si las sanaciones por medios espirituales no tienen ningún efecto terapéutico. ¿Por qué entonces parecen ser tan exitosas?

Por las mismas razones que otras prácticas médicas fraudulentas, la astrología, los tenis que hacen bajar de peso, los detectores moleculares y demás chapucerías parecen funcionar: por que las expectativas y percepciones a veces tienen mayor peso que los hechos. La mente humana es una cosa curiosa.

Las personas que recurren a sanadores son firmes creyentes y tienen un fuerte deseo de que la sanación funcione. Sobra decir que ese deseo muchas veces obedece a la gran desesperación que puede causar una enfermedad. Alrededor del acto de sanación hay muchas cosas: una imagen idealizada del sanador que a veces puede llegar al fanatismo, un entorno diseñado para hacer que el paciente se sienta bien, el simple hecho de estar rodeado de personas con la misma creencia.

Y eso asumiendo que no existan trampas por parte del sanador.

Pero al final, los tumores no desaparecen, los pancreas no comienza a producir insulina y las médulas espinales no se restauran. La única mejoría será pasajera y subjetiva, siempre en función de que tan fuerte es la creencia en el sanador. Y nada más: pocas horas después, nada habrá cambiado.

René Mey ha tratado de explicar el mecanismo mediante el cual es capaz de lograr sus milagrosas curaciones. Hace unos días, en una entrevista llevada a cabo por Milenio Televisión, afirmó que sus poderes curativos están basados en cristales que son formados por los pensamientos (incluso mencionó el desacreditado trabajo de Masaru Emoto). Según Mey, al momento de meditar, tiene el poder de emitir estos cristales y transmitirlos a las personas. Incluso, para explicar la supuesta capacidad curativa de su filme, afirma que estos cristales pueden ser captados por cámaras de alta definición y posteriormente emitidos por la pantalla de cine.

Una explicación ridícula que desnuda su completa ignorancia de no sólo la física y la biología más básicas, sino del elemental hecho de que una pantalla de cine no emite luz: sólo refleja la que proviene del proyector.

Aunque todo comenzó con la idea de ridiculizar las afirmaciones de un sujeto que afirma poder curar (y conservar limones) a través de una pantalla de cine, el haber presenciado el triste espectáculo de una de sus sesiones de sanación le quita su gracia al asunto. Una fila que fácilmente pasaba de las tres mil personas esperando por horas para tener una oportunidad de ver al sanador. Personas en sillas de ruedas, aparatos ortopédicos o con miembros amputados. Mascadas cubriendo la calvicie causada por la quimioterapia. Familiares llorando ante la expectativa de obtener una curación milagrosa.

Con las sillas de la sección de cómida rápida (la sesión fue en un centro comercial al sur de la ciudad), los voluntarios de Mey formaron una larga fila, en la cual iban sentando a las personas enfermas. Mey, encapuchado, recorría la fila y, uno por uno, se ponía enfrente de los pacientes. Los rodeaba con los brazos y les daba unas palmaditas en la espalda. Algunos, agobiados por la carga emocional del suceso, incluso se dejaban caer.

En la entrada al centro comercial, una de las voluntarias de Mey, en una caja de color amarillo, recibía peticiones (papeles con los datos de pacientes que no estaban presentes para que Mey, en su meditación, pueda sanarlos a distancia). Y otra voluntaria, en una caja de color morado, recibía billetes de cien, doscientos, quinientos pesos. La caja tenía un rótulo que decía “donaciones de amor”.

Y un poco más allá, en la explanada del centro comercial, otros voluntarios vendían discos compactos de ciento cincuenta pesos, playeras de cien, velas “bendecidas por el sanador” a ochenta pesos. Desde luego que el acto de la sanación por si mismo es gratuito. Los voluntarios de Mey, así como su propaganda, ponen mucho énfasis en eso.

La única diferencia que hay entre Mey y los sanadores evangélicos que mencioné al principio de esta entrada es meramente cosmética. Sólo cambia le envoltura cristiana evangélica y en su lugar pone una de ideas new age aderezadas con lenguaje científico sacado de contexto.

René Mey se autoproclama como “sanador, humanista y vidente”, y los medios que han cubierto sus actividades en nuestro país repiten esos tres sustantivos sin detenerse por un momento a averiguar si es que merece esos títulos.

Pero en realidad el señor Mey no tiene ningún tipo de poder para curar enfermedades. Sus métodos son los mismos que los charlatanes que prometen curas milagrosas han usado por siglos. La explicación “científica” que ofrece para explicar sus supuestos poderes es completamente absurda.

La realidad es que este sujeto no merece el título de sanador. ¿Merece el de humanista?

La afirmación de Mey es que ha fundado más de seiscientos “centros humanitarios” que ofrecen servicios gratuitos. Aunque, dependiendo de la fuente, pudieran ser cien o cuatroscientos. Mi infructuosa búsqueda de uno en el área metropolitana de la Ciudad de México me hace sospechar que esos números probablemente están inflados. Ahora bien, ¿de qué forma ayudan estos “centros humanitarios” a las personas? Estos centros son operados por voluntarios que han aprendido de Mey sus técnicas de sanación. De acuerdo a una voluntaria, el único servicio que ofrecen es el de “terapia de regeneración celular”. Es decir, sólo los famosos toquecitos en la espalda. Unos toquecitos que, como ya vimos, no curan ni una indigestión.

Si uno aprende de un “maestro” una técnica de sanación inocua (e inútil) y pone afuera de su casa un letrero que dice “centro humanitario”, realmente no está beneficiando a la comunidad. Si todos los centros humanitarios René Mey siguen ese patrón, la misma lógica aplica: así sean mil centros, no le están trayendo ningún beneficio a nadie.

En su sitio de internet, René Mey afirma que ha pasado veinticinco años ayudando de esa manera a las personas. Pero las personas que acuden a él o alguno de sus voluntarios no están recibiendo ningún tipo de ayuda.

Si a una persona que padece de una enfermedad terminal le haces creer que tienes poderes que la pueden curar, no importa cuántas palabras bonitas utilices y no importa que la hagas sentir bien por un momento, no la estás ayudando. Sólo la estás engañando. Y si le cobras (aunque le llames “donación”), además la estás explotando.

Y alguien que engaña y explota a las personas no se merece el título de humanista. Especialmente si lo hace con cientos o miles de personas.

René Mey no es sanador ni es humanista. ¿Vale la pena preguntarnos si el señor Mey es vidente? Honestamente, creo que esa pregunta sale sobrando.

Actualización 21/01/2011: si no estás de acuerdo con lo dicho en esta entrada, y si piensas expresar tu desacuerdo en la sección de comentarios apelando a la fe, al amor y/o a la física cuántica (o a alguna noción por el estilo) quizás quieras leer esto primero.

42 Días después, ¿qué ha ocurrido con los limones?

A casi mes y medio de que decidí poner a prueba la afirmación de sus productores de la cinta HIM: Más allá de la luz (que el filme emana -literalmente- energía positiva capaz de curar enfermedades y conservar limones), ¿qué ha ocurrido con este par de cítricos?

No mucho. Están más duros, se les han marcado los gajos y han tomado un color amarillento con manchas verdes. Lo más notable es que al limón A (o Sr. Cítrico, como le conocemos cariñosamente), le apareció una hendidura circular en la parte de arriba (no se muestra en la imagen) que le da un parecido a la Estrella de la Muerte.

Pero mejor júzguenlo ustedes. Den click para agrandar.

No podría decirse que alguno de los limones está en un evidente estado de descomposición, y pareciera que van a permanecer más o menos como están ahora por mucho tiempo. Pasando por alto que tenemos un limón de control que no fue expuesto a la proyección de HIM: Más allá de la luz – la película que sana, se podría pensar que se han momificado, ¿cierto?

Los cítricos tienen cáscaras resistentes, y contienen compuestos que inhiben la proliferación de moho y bacterias. Como toda la materia orgánica, eventualmente se descomponen, pero las características mencionadas, en las condiciones adecuadas, los hacen muy resistentes a este proceso. Un limón que ha sido almacenado y cuyo interior no ha sido expuesto va a tardar mucho tiempo en mostrar señales evidentes de descomposición.

(O como en su comentario dice acertadamente Pexipato: los limones simplemente se deshidratan.)

Esta resistencia es un hecho tan trivial que rara vez uno se da cuenta de su existencia, y de ahí que pudiera parecer excepcional ver cómo un limón dura semanas o meses sin pudrirse. Si un creyente en los “poderes de sanación” de Mey lleva un limón a la sala de cine y lo guarda -sin tomarse la molestia de compararlo con otro limón-, es fácil entender cómo podría interpretarlo como evidencia de esos poderes.

Afortunadamente, nosotros contamos con el beneficio de un limón de control y podemos ver que, con película sanadora o sin película sanadora, un limón en un escritorio se pondrá duro, amarillo y no despedirá olor a putrefacción.

Si yo fuese malpensado (y lo soy), podría pensar (y lo hago) que este hecho no es ignorado por la persona a la que se le ocurrió afirmar que el filme tenía la propiedad de conservar limones para convencer a la gente de sus supuestas propiedades “sanadoras”.

No he ocultado que el propósito de este ejercicio está más cercano al ridículo que a un experimento científico serio. Pero, por otro lado, es una muestra de que poner a prueba las afirmaciones de iluminados, sanadores y similares no es algo que requiera demasiado esfuerzo.

El supuesto mecanismo “sanador” del filme fue explicado por Mey hace poco en una infomercial entrevista transmitida la semana pasada en Milenio Televisión. Hace unos días tuve la oportunidad de presenciar la técnica que este sujeto utiliza para “sanar” a las personas. Ambas merecen una entrada aparte.

HIM: Más allá de los lulz (y el día ocho del experimento de los limones)

Actualización: el experimento de los limones continúa aquí.

Mi excursión de hace una semana para ver HIM: Más allá de la Luzy el pequeño experimento con limones, inspirado por las afirmaciones en torno a esta película- han provocado, sobre todo, risas y diversión. Y es lo que uno esperaría, sabiendo que el asunto involucra cinematografía chafa y experimentos (también chafas) con fruta. No me estoy quejando: el ridículo es una de las armas más importantes cuando uno trata este tipo de temas.

Pero no todo es ridículo y risas. Hay cosas más serias que se pueden decir sobre esta especie de video-home venido a más y lo que representa.

La gran mayoría de las reseñas que he leído acerca de esta película coinciden en una cosa: las actuaciones son malas, el guión es terrible, la edición y los valores de producción son abismales.

Y yo no podría estar más de acuerdo con ello: si un científico loco reuniera en una habitación a cien simios con cien cámaras y cien micrófonos, podrían pasar cien años y los primates no lograrían hacer algo de una calidad tan mala como HIM: Más allá de la luz.

Pero hasta ahí llega mi acuerdo con las reseñas, que repiten de forma automática y sin un ápice de escepticismo la afirmación de los productores de la película acerca de su supuesta base en hechos reales.

La propaganda oficial de René Mey, el sujeto que sirve de inspiración al filme, lo describe como un humanista, vidente y sanador que ha establecido cientos de centros humanitarios en algunos países de África y en nuestro país, y que es poseedor de increíbles dones. Y las mismas afirmaciones son repetidas por los medios, sin el mínimo esfuerzo por verificarlas independientemente.

Este autoproclamado sanador y vidente, de acuerdo al semanario francés L’Express, ha exagerado sus supuestas actividades humanitarias en Costa de Marfil y Madagascar -y ha minimizado otros episodios de su vida menos halagadores: dudosos tratos de bienes raíces y más de dos años en prisión por agresión, secuestro y extorsión.

Por otro lado, encontrar alguno de los centros humanitarios es una tarea notoriamente difícil, lo cual pone en duda la afirmación de que hay seiscientos de ellos sólo en nuestro país.

Respecto a los famosos y elusivos centros, un detalle curioso: en una escena del filme, un burócrata enfrenta al personaje basado en Mey y le dice que debido a las regulaciones sanitarias no podrá abrir sus centros de salud. El sanador pregunta si cambiar su nombre a centros humanitarios le permitirá abrirlos, a lo que el burócrata asiente. Es práctica común de los charlatanes usar eufemismos para escapar de las regulaciones, aunque uno se pregunta por qué se le ocurrió al guionista revelar esta táctica.

Ahora bien, ¿qué hay de los supuestos poderes de René Mey? Al principio del filme se afirma que todos los fenómenos representados en el son completamente reales. Y las hazañas de las que es capaz este sujeto no son pocas. Algunos ejemplos:

  • Detener a voluntad su corazón durante más de diez minutos.
  • Leer un grueso volumen sobre biología celular con tan sólo hojearlo por unos segundos, y a continuación emitir una devastadora crítica acerca de su obsolesencia.
  • Detener -a distancia y sólo con el poder de su mente- un vehículo robado, segundos antes, por un par de estereotípicos maleantes.
  • Curar el cáncer pulmonar. Con las manos.
  • Despertar a una mujer de un estado de coma.
  • Durante su meditación, transportarse a una lejana playa en donde defiende a una mujer de sus también estereotípicos atacantes.

Usemos el sentido común: si en realidad hubiera una persona capaz de realizar todas esas proezas, ¿cómo es que apenas nos vamos enterando? Si realmente existiera un hombre con esos poderes, no vendríamos a enterarnos de su existencia a través de una película mala y de una que otra entrevista en algún programa de radio para señoras.

En realidad, René Mey estaría en todos los noticieros, revistas, diarios, documentales de Discovery Channel y entregas de premios del mundo, incluyendo el Nobel. Pero el hombre ni siquiera tiene su propia entrada en la Wikipedia.

¿En dónde están documentadas sus hazañas? ¿Por qué mejor no producir un documental en donde aparezca Mey haciendo uso de sus poderes? Preguntas obvias, que ningún periodista o crítico ha formulado al hablar de esta cinta.

Y hablando de las reseñas, hay otro lugar común en el que todas caen: la película es mala, pero vale la pena por que tiene un mensaje muy positivo. Yo discrepo: el mensaje de esta cinta no es nada positivo.

Esta cinta es completamente anti-ciencia, al tiempo que trata de usar la ciencia para justificarse. Promueve la idea de que hay una nueva forma de inteligencia que la ciencia no puede explicar… y luego se contradice intentando explicarla científicamente, inventándose unas supuestas neuronas emocionales que se encuentran dormidas en el corazón y que, al despertar, activan los super-poderes que demuestra Mey.

El protagonista, se nos pretende hacer creer, es un científico. Un biólogo celular, para ser precisos. En una dramática (a falta de mejor palabra) escena, denuncia a la ciencia como inútil dada su incapacidad de salvar la vida del hermano de otro personaje, víctima de un accidente ocurrido años atrás.

Un biólogo celular, uno asumiría, tendría cierto conocimiento acerca de la inevitabilidad de algunas cosas, como los accidentes y la muerte. Pero en ese punto de la película ya es un verdadero creyente en la sabiduría del sanador. Por algo es el héroe de la historia.

No quiere decir que falten personajes escépticos, desde luego, pero todos son transformados por el sanador. Una incrédula mujer abre su corazón al ser despertada de un coma por el sanador. Un cínico director de laboratorio es curado de su cinismo cuando el sanador hace desaparecer su tumor pulmonar. El duro corazón de un burócrata es ablandado cuando el sanador le habla con la mente.

El mensaje -no sólo de esta cinta, sino de la plaga de gurús, maestros y sanadores que a últimas fechas parecen estar viviendo un nuevo auge- es que cualquier cosa es posible con tan sólo desearla, que lo único que se necesita para convertir a nuestro mundo en un paraíso es el amor, y que la humanidad está a punto de entrar a una nueva era en la que reinará una nueva inteligencia.

Pero amor, posible e inteligencia sólo son palabras cargadas. Son palabras que suenan muy bonito. Pero sólo eso.

La nueva inteligencia no es tal. Es simplemente pensamiento mágico y obediencia: dejar de pensar, abandonar la razón y dejarse llevar por la sabiduría del maestro -sabiduría que, desde luego, es incuestionable. El sanador que aparece en pantalla afirma, más de una vez, que el acto de cuestionar nos impide ser libres. Uno podría preguntarse si no es en realidad lo opuesto, pero eso sería cuestionar, y cuestionar, dicen, nos quita libertad.

La realidad es que el verdadero mensaje no es amor, es control y obediencia. Es la autoridad del iluminado sobre sus seguidores, la inteligencia superior que no se puede cuestionar.

¿Demasiado abstracto? Tal vez. Pero el filme -y pseudofilosofías en que se fundamente representan un peligro más tangible: personas con enfermedades graves acudiendo a este sanador con la esperanza de ser curadas milagrosamente. O peor aun: entrando a la sala de cine con la esperanza de que la energía que emana de este filme los curará.

Y hablando de la energía sanadora que supuestamente emana de esta película, dejemos la seriedad por un momento para pasar a lo que todos esperaban: el día ocho del experimento de los limones.

Esta es una fotografía tomada el día de hoy, una semana después de iniciado el experimento. Sr. Cítrico, a la izquierda, es el limón que me acompañó a ver la película. A la derecha, Roland Jr, es el sujeto de control que se quedó en casa. Den click en la imagen para verla en un tamaño decente:

Saquen sus propias conclusiones, y no olviden comentarlas.

¿Puede una película conservar limones? Un experimento

Actualización: el experimento continúa aquí.

“Basada en hechos reales”.

Cuando se usa esa frase para promover una película, es señal casi infalible de que los hechos que relata están tan apegados a la realidad como cualquier película de Terry Gilliam… o quizás menos. Y aunque las películas que usan esa estrategia de promoción suelen tratar de casas embrujadas o exorcismos, de vez en cuando pueden tratar de gurús milagrosos cuyo mensaje puede cambiar a una nación entera.

Hace unos días, por Twitter, me pasaron este link, que lleva al sitio oficial de una película de nombre HIM, Más allá de la Luz, y me preguntaron si había recibido por correo electrónico una cadena explicando su supuesta importancia.

No había (ni he recibido) la cadena en cuestión, pero al entrar al sitio oficial, ver el trailer y leer lo que se dice acerca de este filme en otros sitios, mi primera impresión fue que se trataba de una especie de Y tú que #$%& sabes? de manufactura nacional: basta leer las palabras y frases ángeles, nueva inteligencia, nuevo ciclo cósmico, sanación, milagros para saber por donde va el tema de la película.

Además, desde luego, de la afirmación de que se trata de una historia real. Para ser más exactos, una historia real acerca de la vida y milagros de un sujeto de nombre René Mey, descrito como humanista y poseedor de asombrosos  poderes sobrenaturales: ver el futuro, pasar años enteros sin comer, comunicarse con ángeles y curar enfermedades.

Desde luego, busqué la famosa cadena que explica la importancia de este filme y esto fue lo que hallé:

Está escrito que De México nacerá una gran luz. Varios sabios lo dicen, los tibetanos lo afirman y nuestros ancestros prepararon el camino.

Creo en los mexicanos y en mi país. Todos queremos salir de la violencia, la corrupción y los problemas.

Mi nombre es Ma. Eugenia Alvarez Romo, productora  de cine y orgullosamente Mexicana¨.

Para ayudar a cambiar el estado de problemas que vivimos hoy día. Un grupo de amigos y yo realizamos una película de cine sobre una historia verdadera con altos valores humanos y capacidades extraordinarias de las que yo he podido ser testigo.

Por primera vez en el mundo se ha creado una película basada en hechos reales sobre el poder de una Nueva forma de Inteligencia con capacidades que el ser humano posee más allá de su entendimiento y que puede ayudar a transformar nuestro país y al ser humano.

Esta película te dá claves para abrir tu potencial dormido, además envía una energía de sanación al espectador a través de las facultades de un sanador y vidente (Rene Mey) quien aparece en escenas de meditación.

Hemos tenido varios testigos de sanaciones, cambios, mejorías, activación de facultades y buena vibra que se lleva el espectador después de haber visto esta película. Júzgalo por ti mismo!!!!.

Puedes intentar una experiencia: Lleva un limón al cine y guárdalo en la bolsa o mano durante toda la película. Verás que después de un tiempo se momificará y no se pudrirá durante toda tu vida.

La energía de esta película es tan grande que te puede sorprender.

Una historia real y conmovedora para toda la familia.

Quizás sea la poco alentadora situación del país, o la proximidad del año 2012, pero cada vez circula más la noción de un despertar global (lo que sea que eso signifique) que tendrá lugar en nuestro país, y este filme parece ser una consecuencia de esa idea. Y aunque la idea de que gurús iluminados anden por ahí vendiendo soluciones mágicas para los problemas no mágicos de nuestro país no me resulta nada agradable, ese no es el tema de esta entrada.

El tema son las sanaciones, cambios, mejorías, activación de facultades y buena vibra que el espectador, sin pagar extra por su boleto de entrada, supuestamente se lleva a su casa después de ver esta película.

O, más específicamente, el limón que por la influencia benigna de este filme se momificará (sic) y jamás de los jamases se echará a perder. Me llamó la atención que no sólo en la cadena, sino que en diversos sitios de internet se menciona el supuesto poder que tiene la película para conservar limones, poder que intentaremos observar experimentalmente.

Un servidor acudirá al cine el dia de hoy -7 de Junio- a ver la película de marras, y llevará consigo un limón fresco (denominado limón A, o, cariñosamente, Sr. Cítrico). Un segundo limón, que funjirá como limón de control (denominado limón B o Roland Jr.) se quedará en mi casa. Una vez que regrese de ver la película (y si aún conservo la cantidad de neuronas suficientes para seguir con el experimento), colocaré ambos limones en el mismo sitio, y publicaré fotografías de ambos a intervalos regulares. Después de un periodo de tiempo razonable, determinaré, (o mejor dicho, ustedes determinarán y sin saber cuál es cuál) el estado de conservación de ambos.

(Cualquier semejanza con el experimento de las manzanas de Rebecca Wattson no es ninguna coincidencia. Creo que es más que obvio que le estoy robando la idea desvergonzadamente).

Noticias: seguimos sin ser el centro del Universo

Y ni siquiera de la Tierra. Pero antes, un poco de historia muy antigua.

Hace unos setenta y tantos mil  años, en lo que hoy es el lago Toba, en Indonesia, un volcán entró en erupción. Pero no fue una erupción cualquiera: se calcula que la erupción del Toba fue cien veces más poderosa que la del Tambora en 1815, que es la más fuerte registrada en tiempos históricos y que mató a más de setenta mil personas.

Pero la explosión no fue el problema: se estima que el Toba arrojó a la atmósfera alrededor de tres mil kilómetros cúbicos de lava, roca y, sobre todo, cenizas. Las cenizas se dispersaron en la atmósfera y bloquearon la luz del sol por casi una década. Sin luz del sol las plantas mueren, y los animales que se alimentan de ellas se quedan sin merendar, iniciando un efecto dominó que afecta a toda la cadena alimenticia.

Y eso incluyó a nuestros antepasados: se estima que por ese entonces la población de seres humanos disminuyó a tan sólo unos pocos miles. En pocas palabras: una erupción volcánica empujó a nuestra especie al borde de la extinción.

Setenta y tantos mil años después somos testigos de un fuerte terremoto en Haití. Y algunas semanas después, un terremoto más intenso golpea el sur de Chile. Y la historia se repite en Turquía y en Japón y en el momento en que escribo esto, en Cuba. Y no incluyo en la lista al ocurrido ayer aquí en México porque 4.9 grados no impresionan a nadie.

Y no falta que digamos alarmados que nunca antes habían ocurrido tantos terremotos, ignorando que hace tan sólo doscientos años no había internet ni satélites -ni siquiera telégrafos- y de un terremoto en el extremo sur del continente no nos habríamos enterado en meses. Y aún eso es dudoso: en ese entonces áreas muy grandes del globo estaban deshabitadas y catástrofes tan grandes podían ocurrir sin que nadie se diera cuenta.

Hace tan sólo ciento dos años un evento como el de Tunguska, que en un área poblada hubiese causado cientos de miles de víctimas, pasó relativamente desapercibido a razón de haber ocurrido a la mitad de Siberia.

Pero eso no es todo: después de asumir que nunca antes en la historia habían ocurrido tantas catástrofes naturales (los dinosaurios respetuosamente se abstienen de dar su opinión), pasamos a la verdadera estulticia: buscar culpables (¡¡son los norteamericanos usando sus armas con algún malvado propósito!!) o proyectar nuestras propias ideas imaginándonos que la naturaleza nos está diciendo que dejemos de comer hamburguesas y que elevemos nuestra conciencia -lo que sea que eso signifique.

Nuestros antepasados la pasaron muy mal cuando hizo erupción el Toba y por lo que sabemos no usaban bolsas de plástico cuando iban al supermercado. Y las catástrofes continuaron ocurriendo por milenios hasta el día de hoy. ¿Será que somos de lento aprendizaje y no entendemos lo que la Tierra nos ha querido decir? ¿O más bien es que nuestro planeta necesita mejorar sus habilidades de comunicación?

No, no es nada de eso. Es cuestión de adquirir un poco de perspectiva.

Vivimos sobre unas gigantescas placas de roca que flotan a la deriva sobre un mar de minerales fundidos. Esas placas se amontonan entre si y chocan unas contra otras con una fuerza espectacular. En ocasiones, la roca fundida sobre la que flotan aflora violentamente hacia la superficie.

Encima de esas placas hay enormes cantidades de gases y agua interactuando en formas poco predecibles y desencadenando cantidades enormes de energía en forma de viento, tormentas y relámpagos.

Todo eso ocurre en un esferoide que gira a una velocidad increíble sobre su propio eje. Y por si fuera poco, también gira velozmente alrededor de una reactor de fusión nuclear millones de veces más grande que ella. Y en el mismo sistema solar hay montones de cosas que pueden (y eventualmente lo harán) hacer colisión con nuestro planeta.

Y un poco más lejos: agujeros negros supermasivos, estrellas que estallan arrojando mortales rayos gama y muchas otras cosas que no conocemos,  que ni siquiera podemos imaginar y que pueden arruinarnos la tarde de maneras espectaculares.

Llevamos tan poco tiempo en este planeta que se nos hace difícil comprender que hay una larga lista de catástrofes que pueden ocurrir -y que tarde o temprano lo harán.

Si todos los años hay terremotos, siempre habrá algún año con un mayor número de estos. Si ahora habemos seis veces más personas en el planeta que hace doscientos años, ahora es más probable que un desastre natural golpeé un lugar densamente poblado. Si ahora tenemos Twitter y canales de noticias por cable, ahora nos vamos a enterar de cualquier catástrofe que ocurra en el mundo en el momento en que suceda.

Estemos o no por aquí, las placas tectónicas seguirán acomodándose y reacomodándose. Los volcanes seguirán haciendo erupción. El planeta seguirá enfriándose y calentándose. Rocas del espacio seguirán estrellándose con nuestro planeta. Eso a ocurrido desde mucho antes de que apareciéramos como especie, seguirá ocurriendo cuando hayamos desaparecido, y terminará hasta que un día el planeta sea destruído -lo más probable, por el propio sol.

Y eso nada tiene que ver con nuestra conciencia, nuestras vibraciones ni nuestro karma. De hecho, creo que es un poquitín (y con ‘un poquitín’ quiero decir ‘demasiado’) arrogante creer que todas las fuerzas de la naturaleza tienen como propósito enviarnos mensajes ambiguos.

Pero si tiene que ver con nuestra capacidad para entender esos fenómenos y usar ese conocimiento para mejorar nuestras probabilidades de sobrevivir a ellos.

Leo el exhorto que un ‘maestro ascendido’ les hace a unos ‘trabajadores de la luz’ (¿electricistas?) a estar preparados y a elevar sus ‘frecuencias’, ya que los terremotos recientes son una señal de que la humanidad está por entrar a un nuevo plano de conciencia, y que eso ocurrirá antes de que termine este mes.

Leo y me causa gracia, por que un bonito chasco se van a llevar el primero de Abril.

Si deseas con todas tus fuerzas que los gurús dejen a la Mecánica Cuántica en paz, el Universo no va a mover un dedo . . .

Hace ya casi un par de años llegó a nuestro país el pseudo-documental What the $#%& do we know? (Creo que aquí se llamó ¿Y tú qué carajo sabes?, o algo así), que hizo las delicias de chicos y grandes con un mensaje de superación personal por medio de la “creación de tu propia realidad”, respaldado con manipulación de la información histórica, dudosos testimonios científicos, entrevistas editadas maliciosamente y sobre todo, una gran serie de mentiras sobre la física cuántica . Tal película fue un éxito, y aún es muy vendida en librerias, tiendas de discos, y el puesto pirata de su preferencia. Incluso logró generar suficiente momentum para que JZ Knight/Ramtha y el Dr. Masaru Emoto vinieran a dar conferencias a la Ciudad de México.

(Por cierto, en caso de que se lo estén preguntando, Ramtha es un espíritu de 35 mil años de edad, proveniente de Lemuria, y que es canalizado por JZ Knight. Nunca es inoportuno recordar este pequeño dato).

Pues bien, hay un nuevo pseudo-documental pseudo-filosófico pseudo-científico a la vuelta de la esquina. The Secret es una producción australiana que si bien fue estrenada de forma limitada y por internet hace ya casi un año, poco a poco comienza a hacer ruido en Estados Unidos, al grado que ha recibido apoyo de personajes como Ophra Winfrey y Larry King. Incluso estuvo en las listas de popularidad de Amazon en diciembre, y su versión en libro apareció en la lista de Best Sellers del New York Times.

Con esos antecedentes, es casi seguro que lo veamos por acá en poco tiempo.

¿De qué trata The Secret? Pues es la actualización del viejo mito de la “ley de la atracción”: obtener las cosas pensando –con todas tus ganas- en ellas. Si quieres algo (dinero, una casa, mujeres, la paz mundial. . . ), piensa con todas tus fuerzas en aquello que deseas y lo recibirás: tus pensamientos se convierten en cosas. Pero también funciona a la inversa, ya que si piensas de forma negativa, entonces cosas malas te pasarán: si vas caminando por la calle ocupándote de tus propios asuntos y te cae un meteorito encima, es tu culpa por tener malos pensamientos.

Es la misma idea que conforma el núcleo de los antiquísimos y todavía editados libritos de Metafísica en 41, y las obras de Paulo Coelho, muy populares en los países de nuestra región.

La película en cuestión muestra entrevistas y testimonios de verdaderos pesos pesados en el área de la psicología pop. Entre muchos otros John Hagelin, físico teórico y tres veces candidato a la presidencia de E.U. por el Partido de la Ley Natural del Maharishi Mahesh, John Gray, el autor de Los hombres son de Marte, las mujeres son de Venus, Neale Donald, autor de Conversaciones con Dios (que ya también tiene su película, destrozada por la crítica), Esther Hicks, motivadora y médium quien afirmó que los víctimas de los ataques del 11 de septiembre no eran víctimas, sino co-creadores de la tragedia, y Fred Alan Wolf, físico quien también apareció en What the $#%& do we know?

Pura gente fina. Estos personajes son llamados nuevos maestros en The Secret. Pero también hay algunos antiguos maestros: el filme asegura que los logros de Martin Luther King, Aristóteles, Newton, Einstein, Winston Churchill, Andrew Carnegie y muchos otros son precisamente consecuencia de que ellos conocían el secreto de la ley de la atracción.

Es una lástima que el hombre que sentó las bases de la lógica no esté vivo para defenderse.

Pero resulta que detrás del secreto la dichosa ley, hay un más grande secreto, que sólo recientemente ha sido descubierto. ¿Cuál es el secreto de The Secret entonces? Que la ley de la atracción es nada más y nada menos consecuencia de la mecánica cuántica. ¿Les suena familiar? No es todo, el filme va más allá y explica la “ley de la atracción” por medio de nada más y nada menos que la teoría de cuerdas. En el caso de la teoría de cuerdas la palabra teoría es utilizada en el sentido coloquial de la palabra, ya que de momento no ha sido probada experimentalmente.

Ya he tratado, un tanto superficialmente, el tema del abuso de la cuántica por parte de charlatanes de las más diversas denominaciones. Autores con más conocimientos lo han tratado con más capacidad –y seriedad-, como por ejemplo aquí.

El hecho de que la teoría de cuerdas y la teoría cuántica se oponen una a la otra en muchas cuestiones, y que aún no ha sido posible probar experimentalmente la primera parece no importar mucho a los creadores de The Secret, quienes utilizan ambas, pasando por alto sus contradicciones, para darle legitimidad científica a sus doctrinas.

Pero dejaré de lado la parte científica del asunto, y pasaré a lo que más me parece importante del asunto.

Muchas personas hablan de lo bueno que es tener una actitud positiva, y de lo malo que es tener una actitud negativa (por obvio que esto suene). En mi opinión, el pensamiento positivo o negativo lo único que hace es modificar algunas de las muchas variables que están involucradas en lo que pasa cotidianamente. Pensar positivamente en muchos casos puede ayudarnos a tomar mejores decisiones o a trabajar más duro para lograr nuestras metas. Pero una actitud positiva no nos va a salvar de accidentes, ni de las consecuencias de las acciones de otros. Triste pero cierto.

Y eso es lo más negativo no sólo de este filme, sino de esta corriente de pensamiento que permea en muchos ámbitos de nuestra sociedad. El lugar común de que si deseas algo con todas tus fuerzas, el universo conspirará para que lo obtengas suena muy bonito para muchas personas. Pero como en todo en el postmodernismo newagero, basta rascar un poco el atractivo y bonito exterior para descubrir que el interior es hediondo, desagradable y enfermizo: pensar que basta con desear las cosas para obtenerlas a la larga elimina lo que en verdad se necesita para hacerlo.

Si este tipo de doctrinas se limitara estrictamente al ámbito de las creencias, probablemente no estaría escribiendo esto. Sin embargo, cuando los autores de este tipo de propaganda recurren a la ciencia para darle sustento a sus doctrinas con la finalidad de venderlas al primer incauto, cruzan la línea entre la libertad de creer y el simple fraude.

Como muestra de esto último, y pasando de lo filosófico a algo más práctico, es lo que Michael Bernard Beckwith, director del Agape International Spiritual Center afirmó respecto al poder curativo de la ley de la atracción: he visto riñones regenerarse, he visto al cancer disolverse. Rhonda Byrne, productora del filme, afirmó: si te estás sintiendo bien, ¿cómo es posible que atraigas una enfermedad?

Si un yo escribiese un libro llamado Cómo curar huesos rotos y encontrar el amor con la Gravedad Cuántica de Bucles y me forro de billetes, lo haría con un considerable esfuerzo intelectual (asi es, se necesitan hartas neuronas para mentir), financiamiento -con todo lo que implica obtenerlo-, un bien pensado plan de negocios, pocos escrúpulos y algo de suerte. Definitivamente, mucho más que buenos pensamientos.

Y lo mismo aplica para todo aquel que busque vender tal idea: todos los Deepaks Chopras del mundo logran su éxito aprovechándose de la buena fé y falta de pensamiento crítico de las personas. No de pensar positivamente.

Asi que, si un dia de estos les invitan a una proyección de The Secret, ya saben a lo que van. No digo que no lo vean (¿quién es un servidor para hacer tal cosa?), pero recuerden que todas las frases y anécdotas bonitas de las que dependen los gurús de la New Age tienen un lado muy, muy feo. Y muchas veces peligroso.

Y si quieren ver un pseudo-documental más educativo y con más información factual que The Secret, váyanse a ver Borat. Aprenderán y se reirán mucho más.

De platillos voladores, patrañas cuánticas y universidades New Age

La falta de acceso a la educación superior de calidad en nuestro país ha creado un vacío, que por simple cuestión de mercado, es llenado por instituciones que aunque suelen llevar el nombre de universidad, realmente no cumplen con los estándares que debieran permitir dar a sus alumnos las herramientas para enfrentarse a la realidad de la vida profesional. Les llamamos universidades patito.

Dejando de lado la cuestión de la calidad en el sentido estrictamente académico, la pregunta es: ¿cuál es el vínculo entre una universidad que ofrece cursos de superación personal a sus alumnos, el patiño del charlatán más conocido de México, una contadora venida a psicoanalista y la más reciente panacea pseudocientífica de los gurus de la New Age?

Cualquiera puede ser un psicoanalista
Así es. El título de psicoanalista no está regulado por las autoridades educativas. Asi que cualquier persona puede imprimir un bonito diploma que lo acredite como psicoanalista, y cobrarnos un ojo de la cara para jugar con nuestras mentes e inventarnos multitud de traumas reprimidos. Sólo su imaginación es el límite.

Tengo en mis manos un libro sobre psicoanálisis ericksoniano. Que está escrito por una contadora pública. Dicho libro, en su página 21 afirma que a través de los estados amplificados de conciencia tocamos otras realidades, dimensiones, universos. . , en su página 23 declara que está comprobado que el psicoanálisis ericksoniano puede mantener en remisión durante cuatro años el cáncer de colon, y que . . . bueno, digamos que a lo largo de 152 páginas no cesa de bombardear al lector con una confusa prosa típicamente postmodernista, plagada de citas fuera de contexto, y referencias (también fuera de contexto) a Einstein, Hawking, y un montón de científicos más, y sobre todo, a la mecánica cuántica, a la cual utiliza de forma engañosa a lo largo de todo el libro para justificar sus postulados.

El libro en cuestión se titula Tejiendo Sueños y Realidades, su autora es Guillermina Krause (¿ya mencioné que es una contadora pública? ¿Y que no tiene entrenamiento en psicología clínica, neurología o psiquiatría?), y fue publicado por Alom Editores, con el apoyo de la Alianza para la Educación Superior, A.C., y por el Centro de Estudios Universitarios Londres (también conocida como CEUL, o más recientemente por el nombre comercial de Universidad de Londres), que por cierto, ha distribuido este libro entre su facultad, a la que también se invitó a participar en una especie de taller sobre el tema.

Pero bien, ¿qué tiene que ver la mecánica cuántica con el psicoanálisis y la mente? Por lo que sabemos, no más de lo que tiene que ver con el pie de atleta, en realidad.

La mecánica cuántica es una ya no tan nueva rama de la física. Estudia las propiedades y comportamiento de las partículas más pequeñas que un átomo. Y a esa escala, ocurren cosas muy, pero muy raras. Una de ellas es la descrita por el principio de incertidumbre de Heisenberg, que nos dice que no podemos conocer al mismo tiempo la velocidad y la ubicación de una partícula subatómica, ya que el observador (es decir, el instrumento de medición) influye en la posición o la velocidad del objeto observado (un electrón, por ejemplo) por el simple hecho de medirlo. Fenómeno que se puede describir diciendo que el observador modifica la realidad.

Pues bien, coincidentemente, algunas doctrinas de pensamiento de la New Age, derivadas de algunas tradiciones orientales, dictan que los seres humanos, con el simple poder de nuestra mente, podemos cambiar o crear la realidad. Y algunos gurus mal informados y/o malintencionados, al ver que superficialmente son ideas análogas, no tardaron en secuestrar a la mecánica cuántica para dar a sus ideas una imagen con más potencial de mercado, no menos mística, pero si más científica.

Y cualquiera sabe que si decimos que algo está respaldado por la ciencia, aunque no lo esté, le da legitimidad.

Por otro lado, un brillante físico británico, Roger Penrose ha considerado que el cerebro humano podría funcionar en realidad como una computadora cuántica. Sin embargo, su teoría no ha pasado de simple especulación, y muchos expertos han declarado que es muy improbable, entre otras cosas, por que la temperatura de nuestro cerebro tendría que ser cercana al cero absoluto para que pudiera llevarse a cabo la computación cuántica.

(Aunque un estudio de la temperatura cerebral de la población charlataneril quizás sea adecuado. Jé! Sólo una idea).

Y además, las neurociencias llevan algunos años dándonos respuestas mucho más probables para las mismas preguntas. Respuestas que no involucran a la física cuántica.

Con divulgadores científicos así, ¿quién necesita charlatanes?
Rodolfo Garrido es un divulgador científico. O al menos eso dice él. Claro, tiene un programa de radio dedicado a la ciencia. En Radio ABC, la misma estación que renta su frecuencia a toda una legión de brujos, psíquicos y demás chantas, incluyendo al señor de los caballos voladores, Jaime Maussán, del cual Garrido es el principal colaborador.

También dice ser asesor científico de la NASA. Aunque la NASA lo niega. Y uno de sus principales descubrimientos fue en 1997, cuando determinó que el cometa Hale-Bopp venía acompañado de gigantescas naves espaciales cuya misión era evacuar a la humanidad. (¿Se acuerdan de Heaven’s Gate?). Aunque claro, su trabajo de día es validar científicamente los fraudes (cada vez más ridículos, relincho) que se le ocurran a su jefe, el señor Maussán.

En pocas palabras, Maussán y Garrido son algo asi como el capitán Kirk y el señor Spock de un mundo trágicamente bizarro.

Pues bien, de un tiempo para acá el Sr. Garrido se ha subido al tren cuántico. Hace unos días expuso sus ideas en televisión. Y al verlo, es evidente que la intención del señor no es divulgar la ciencia, sino utilizarla engañosamente para venderle (literalmente) a la gente sus doctrinas.

Estas son algunas de las afirmaciones que hizo Garrido por televisión:

Penrose es norteamericano, de la Universidad de Princeton, heredero de la cátedra de Einstein.

Roger Penrose es de hecho súbdito británico, investigador de Oxford. Si bien algunas de sus obras han sido publicadas por la Princeton University Press, Penrose no enseña ahí. Y Albert Einstein nunca tuvo una cátedra en Oxford.

Penrose ha demostrado que los microtúbulos vibran.

Penrose no ha intentado probar experimentalmente su teoría. Los microtúbulos son estructuras que forman parte del esqueleto celular, están formados de una proteína llamada tublim, y su principal función es el movimiento celular (por eso estarán en movimiento, supongo).

Y sobre todo, Garrido nunca explicó como es que esa vibración ayuda a construir el caso de la mente cuántica.

Existen implantes que se conectan al cerebro y pueden permitir a los minusválidos mover el cursor de una computadora.

Así es, esta extraordinaria tecnología existe. Sin embargo, aquí tampoco nos da una explicación sobre cual es su relación con la mecánica cuántica, ya que esta tecnología funciona en base a las ondas cerebrales –energía electromagnética-.

Además, Garrido muestra unos videos de imágenes fractales generadas a partir de datos obtenidos de electroencefalogramas, con colores, luces y movimiento. Lindo muy lindo. El pequeño detalle es que nunca explica cómo es que dichas imágenes (en realidad una tecnología experimental para el diagnóstico neuropsiquiátrico) prueban la teoría de la mente cuántica.

Simplemente, cháchara en lugar de verdaderos conocimientos.

El punto es: un supuesto divulgador de la ciencia junta datos sin validarlos, los distorsiona, (si es que no los inventa) para ajustarlos a sus creencias, y luego los presenta como evidencias.

Lo cual no sería malo si sus patrañas fueran para consumo personal. El pequeño problema viene cuando nos enteramos de que el señor Garrido toma ideas que en el mejor de los casos son demasiado especulativas y no comprobadas, y en el peor, definitivamente fraudulentas, y las etiqueta como hechos que la gente puede aplicar para mejorar su vida, cobrando 250 pesos por persona al organizar conferencias sobre como comprender tu realidad cuántica.

Pero volviendo al tema de las universidades, si una institución educativa apoya la edición de libros de psicoanálisis descaradamente pseudocientíficos, ¿por qué no también apoyar conferencias con contenido igual de dudoso?

De hecho, las conferencias del señor Garrido (que también incluyen las que da sobre los mayas cóooosmiicoooos) se ofrecen en la esquina de las calles de Orizaba y Guanajuato, en la colonia Roma de la Ciudad de México, de acuerdo al sujeto que me contestó cuando llamé para pedir información. Y ¿qué hay en esa intersección de calles? Un campus del Centro de Estudios Universitarios Londres.

¿Adoctrinamiento en el salón de clases?
Pero, si una institución educativa solapa a proveedores de patrañas como Garrido o la contadora que escribe un ilegible libro de psicoanálisis, haciéndonos sospechar de un muy poco rigor académico (o una completa afinidad doctrinal, dependiendo de que tan malpensado sea uno) ¿qué impide que traten de promover esas doctrinas entre sus alumnos? Nada en absoluto.

Sin ir más lejos, la misma declaración de la misión del CEUL nos dice: La práctica educativa favorece el desarrollo de la conciencia facilitando así el recuerdo de nuestro origen y potencialidades divinas.

No me preocupa tanto lo del origen y potencialidades divinas, después de todo, es una universidad privada, y pueden seguir la religión que se les dé la gana (mientras no la traten de imponer a terceros). Lo que en realidad me inquieta es aquello del desarrollo de la conciencia: típica retórica New Age.

Pero hay más, los alumnos de la institución de marras deben de asistir, de forma obligatoria, a un curso propedéutico, de técnicas de estudio y sexualidad. De acuerdo con el sitio web del CEUL, como parte importante del curso, ejercicios de meditación y definición de conceptos importantes dentro de la vida afectiva de las personas dirigidos por Oscar Rodríguez, Director General de CEUL.

En el sitio web del CEUL (el cual por cierto también ofrece un servicio de contactos personales llamado love connection) también hay una sección dedicada a publicar fotografías tomadas durante cursos de efectividad personal, de desarrollo humano, y en especial, del mencionado propedéutico (por cierto, también llamado El Despertar), aunque no queda muy claro si se tratan de la misma cosa. Las fotografías tomadas durante dicho evento muestran un salón de eventos, con gente aparentemente realizando dinámicas en parejas, algunas disfrazadas, y en la pared, un letrero con una frase que me resultó muy familiar: ¿Qué pretendo no saber?

No es la primera vez que me encuentro con esa frase en un letrero. Es, de hecho, usada en los cursos de coaching coercitivo, programas de superación personal con características muy similares a las de las sectas destructivas, que le han costado la salud mental e incluso la vida a más de uno desde que un sujeto de nombre Werner Erhard los inventó allá por los 70’s.

Estos programas, mediante dinámicas, presión de grupos y control del ambiente (p. ej., sesiones de 15 horas con horarios restringidos para ir al baño y media hora de descanso), acondicionan a los participantes para adoptar una doctrina New Age, que dicta que la realidad objetiva no existe, que somos capaces de crear nuestra propia realidad, y que la razón y el pensamiento crítico son obstáculos para el supuesto desarrollo de la conciencia.

Doctrina que etiquetan de humanismo, y que respaldan con nociones pseudocientíficas como, nada más y nada menos, la de la mente cuántica.

Por cierto, de acuerdo con un ex docente de la institución, los profesores también deben de participar en cursos similares, y son penalizados económicamente de no hacerlo.

Ni hablar, todas las piezas ajustan a la perfección.

Bueno, tal vez no del todo, sería injusto no darles el beneficio de la duda: tienen métodos similares, retórica similar, una doctrina y un afán de utilizar la ciencia para justificarse idénticos. Y comparten un gran énfasis en lograr que los participantes recluten a amigos y familiares para participar en dichos eventos. Sin tomar en cuenta las similitudes, es probable que la versión del entrenamiento que ofrece el CEUL no sea tan agresiva como la de otras organizaciones sectarias, o que quizás sólo tome algunos elementos de estas. Pero vaya, no estaríamos haciendo nuestra tarea si no tomáramos en cuenta las similitudes.

Recapitulando
Sabemos que una institución de educación superior coopera activamente con la realización de publicaciones y eventos que promueven la pseudociencia y la falta de pensamiento crítico (una universidad que quisiera que la tomaran como tal debiera de hacer exactamente lo opuesto), y además promueve, y posiblemente trata de imponer, el mismo tipo de doctrinas de manera activa entre sus alumnos y su facultad.

La edad en que uno cursa la educación media superior y pasa a la universidad, por lo general no está muy bien equipado para tomar buenas decisiones. Y usualmente, a esa edad también somos muy vulnerables a toda clase de vividores con respuestas fá¢ile$ para las muchas preguntas que tenemos en nuestras jóvenes e impulsivas mentes. El último lugar en que uno espera encontrarse con este tipo de parásitos es la escuela. La que por cierto, recibe dinero de sus alumnos a cambio de darles las habilidades y conocimientos que en teoría deberían de darles mejores probabilidades de tener éxito en el de por si ya complejo mundo profesional.

Cada persona es libre de tener las creencias que quiera, y tiene el derecho de renunciar a su capacidad de pensar racionalmente si así lo desea.

Pero utilizar la autoridad que da el ser dueño y/o directivo de una institución educativa para imponer dichas creencias en otras personas es inmoral y repugnante.

Y antes de que se mencione que los alumnos del CEUL son libres de elegir, aclaro por qué uso el verbo imponer: la libertad de elegir no es tal si no tenemos información, o peor, si tenemos información falsa o engañosa.

Y etiquetar como ciencia y educación doctrinas cuasi religiosas, pseudocientíficas y muchas veces destructivas es engañar a la gente.