Recibo correo

Me envía un mensaje por correo electrónico Gloria Godínez Leal, al parecer en referencia a esta entrada del año pasado:

Rolando,

Tambien el pensamiento critico puede ser constructivo cuando se fundamenta debidamente en fuentes serias de informacion, o bien, convertirse en periodismo serio cuando existe un tema de interes general y va uno a la fuente primigenia, pide una entrevista y publica los resultados de la misma, firmando con su propio nombre.

Lo invito amablemente a que me hablemos por espacio de una hora, y con mucho gusto le informare sobre las bases cientificas de la investigacion que me ha ocupado durante los ultimos veinte anos, como Directora de IMEB, y al mismo tiempo le pido que retire mi nombre y el del Instituto que represento de su pagina, ya que ha causado indignacion entre los que conocen a fondo mi trabajo.

Creo sinceramente que la creatividad y el talento de un joven brillante como Usted, lo pueden llevar al exito, por el camino de la reflexion y el analisis y no asi por el de la desinformacion o la informacion a medias que crea confusion.

Estare atenta a su llamado.

GLORIA GODINEZ LEAL

A lo que respondí lo siguiente:

Señora (¿Doctora?) Godínez Leal:

Discrepo de usted: una entrevista está sujeta a demasiados sesgos y ambigüedades, y depende en gran medida a la disposición del entrevistado para proporcionar la información y a la habilidad del entrevistador para obtenerla. Y le confieso, soy un terrible entrevistador.

Pero no se preocupe, que hay mejores formas para proporcionar información, especialmente cuando se trata de temas de naturaleza científica, como el que me parece estamos tratando. Menciona bases científicas e investigación, por lo tanto asumo que en los veinte años en que se ha dedicado a eso ha publicado algunos trabajos al respecto. Cualquier trabajo o estudio clínico que haya publicado será una mejor forma para para transmitirme esa información que una entrevista.

En cuanto a su señalamiento sobre mi uso de un pseudónimo, debo decirle que quizás tiene algo de razón, pues es una cuestión sobre la que me he debatido mucho últimamente. De cualquier forma, no serían necesarios más que un par de clicks en mi blog para dar con mi información personal. Confío en que una brillante investigadora como usted podrá dar con él en muy poco tiempo.

En cuanto a su petición para retirar su nombre de este humilde blog, debo señalarle que sólo lo haré en el caso de que la información publicada en relación a usted y al instituto que representa no sea factual. Creo que, por otro lado, merece una explicación de por que la he mencionado en el blog:

  • Tanto su nombre como el del Instituto de Medicina Energética y Biológica, S.C. aparecen listados como distribuidores/representantes en el sitio oficial del dispositivo PAPIMI, como se puede verificar aquí.
  • El oficio emitido por la Comisión Federal para la Protección contra Riesgos Sanitarios al que hago referencia, y del cual conservo una copia, otorga el registro sanitario al dispositivo en cuestión y claramente menciona al Instituto de Medicina Energética y Biológica, S.C. como distribuidor.

Si eso es una causa de indignación, sólo puedo responder de una forma: no puedo hacerme responsable por las reacciones a nivel emocional que otras personas tienen al leer mi blog.

Si uno busca su nombre o el de su instituto en internet, los primeros resultados no llevan a este humilde blog, sino al sitio que mencioné antes y que se dedica a la promoción del dispositivo conocido como PAP-IMI, ilegal en muchos países y el cual ha sido vinculado, incluso, con muertes de pacientes.

Si se me permite una nota personal, creo que esa sería una mejor razón para indignarse.

Termino asegurándole que no es mi intención crear confusión alrededor del tema, y por lo tanto le repito mi petición: proporcione información confiable y verificable que compruebe la eficacia y seguridad del dispositivo en cuestión. Si dispone de esa clase de información, no dude en ponerse en contacto de nuevo.

Sobre el Balance Bioenergético (parte II de III)

En Noviembre de 2007, Jay Inslee, congresista por un distrito del estado de Washington, Estados Unidos, solicitó a raíz de una serie de reportajes publicados por el Seattle Times, que se iniciara una investigación con el fin de detectar las redes de fabricación y distribución de dispositivos médicos fraudulentos. Su esfuerzo se enfocó, aunque no de manera exclusiva, al llamado PAP-IMI (Pap-Ion Magnetic Inductor, o Inductor Magnético de Iones), un aparato de 120 kilogramos que es tan inefectivo como los dispositivos de los que nos ocupamos en la entrada anterior, pero más peligroso.

El PAP-IMI está parcialmente nombrado en honor a su inventor, un profesor de Matemáticas griego de nombre Pannos Pappas. De acuerdo al reportaje del Seattle Times, Pappas utilizó el PAP-IMI para tratar el dolor de espalda de Charles “Chuck” Wallach, un ex vendedor de seguros de California. Debido al aparente éxito del tratamiento, Wallach y Papas se asociaron para comercializar las máquinas en Estados Unidos.

Su primer paso fue, en 1995, solicitar la aprobación de la FDA, que previsiblemente fue denegada debido por falta de información y evidencias. Esto no desanimó a Pappas y a Wallach, quienes hallaron una ingeniosa forma de burlar las regulaciones: importaron -bajo declaraciones aduanales falsas- los dispositivos desde Grecia. Porsteriormente contrataron a un IRB (un regulador privado a quien la FDA puede regular algunas funciones) de nombre BioMed para que iniciara un ensayo clínico, lo que les permitiría distribuir y utilizar los dispositivos. Desde luego, dado que se trataba (al menos en nombre) de un ensayo clínico, existían condiciones: no hacer uso de los dispositivos con fines comerciales y reportar cualquier lesión o fallecimiento. Wallach abrió en la ciudad de Los Angeles una clínica de nombre Bio-Energy Services, en donde daba tratamiento utilizando el PAP-IMI y desde donde promovía y vendía los dispositivos.

Durante los siguientes años Wallach recibió advertencias y quejas de personas que habían adquirido el PAP-IMI, e incluso de sus propios empleados, pues los dispositivos estaban notablemente mal ensamblados y Wallach no tenía el menor empacho en hacer afirmaciones exageradas acerca de sus capacidad terapéutica (por ejemplo, que podían curar el cáncer).

A pesar de ello, Wallach continuó vendiendo dispositivos y operando su clínica sin mayores sobresaltos hasta 2002, cuando BioMed, el regulador independiente cuyo trabajo era supervisar el ensayo clínico, finalmente descubrió que muchos aparatos habían sido vendidos a personas e instituciones que no formaban parte de este. Poco después salió a la luz que Lifeworks Wellness Center, una clínica de Florida que participaba en la prueba, había omitido reportar oportunamente la muerte de dos pacientes pocos días después de haber sido tratados con el PAP-IMI. Ante esta negligencia y otras acusaciones que he habían acumulado, BioMed canceló el estudio y ordenó que se detuviera el uso de los dispositivos.

Sin embargo, esto tampoco detuvo a Wallach.

Meses después, la FDA inspeccionó la clínica y, pese a constatar las múltiples faltas -incluyendo presenciar como un bebé con cáncer era tratado con el PAP-IMI-, decidió no cerrar ni suspender su operación, sino continuar la investigación en colaboración con las autoridades sanitarias del estado de California. Por su parte, Wallach recurrió a TABS, otro regulador privado con sede en Texas, para iniciar una nueva prueba clínica y poder continuar vendiendo y utilizando los dispositivo,s libre del escrutinio de las agencias reguladoras.

En Marzo de 2003 una mujer de 68 años de nombre María Silva falleció mientras recibía tratamiento con el PAP-IMI. Silva tenía un padecimiento cardiaco que la ponía en un severo riesgo al someterse al tratamiento. En respuesta a este fallecimiento, el fiscal del condado de Los Angeles finalmente inició un proceso penal en contra de Wallach, quien murió en 2004, escapando de cualquier consecuencia legal. En 2005, la FDA ordenó a Pappas detener las pruebas clínicas, haciendo ilegal el uso del PAP-IMI dentro de Estados Unidos, pero dejando atrás decenas de máquinas, algunas de las cuales siguen siendo utilizadas de forma clandestina.

Aunque los distribuidores estadounidenses recibieron un duro golpe por esas regulaciones, el doctor Pappas ha continuado sus negocios en el resto del mundo -incluyendo nuestro país. Pero antes de abordar ese tema, será buena idea tocar el muy importante tema de qué es el PAP-IMI, cómo se supone que funciona y por qué es una pérdida de tiempo y dinero ser tratado con este.

Pannos Pappas demostrando, por alguna razón, que el dispositivo de su invención puede sacar chispas.

El sitio de internet del PAP-IMI es tan esclarecedor como bien diseñado, pero incluye un link hacia el sitio en el que Pappas publica las investigaciones que fundamentan su invento, y en el que sin ningún pudor (ni sustento: su demostración matemática no tiene sentido), afirma que E = mc2 describe incorrectamente la equivalencia entre masa y energía, y afirma que la ecuación correcta es E = kmc2. Además, en un giro propio de historia de origen de algún superhéroe de la guerra fría, habla de reacciones nucleares a nivel biológico. Es un poco difícil criticar el fundamento científico del PAP-IMI en base al contenido de este sitio, pues es increíblemente confuso (y el que la persona que lo escribió no domine el idioma Inglés no ayuda en mucho).

Afortunadamente, quienes hacen negocio con el PAP-IMI en nuestro país tienen una idea marginalmente mejor de cómo diseñar un sitio de internet (y de cómo dar explicaciones más o menos legibles):

Este nuevo y sorprendente aparato médico, produce un “Micro-Relámpago/Rayo de inmenso poder. PAPIMI genera un micro-pulso de 200-300 nanosegundos (menos de una millonésima de segundo), que produce una onda magnética que penetra 40 cm. de profundidad, sin generación de calor, para el tratamiento de dolor intenso. Los pulsos de alta frecuencia son tan cortos que pasan a través de la membrana del citoplasma a través de los canales iónicos.  Los paquetes de pulsos rápidos actúan mediante un poderoso impacto en la estructura intracelular permitiendo cambiar su equilibrio bioquímico. Un campo magnético, como el inducido por el PAP IMI es capaz de penetrar casi todas las sustancias. A medida que cambia el campo en el breve lapso de duración de su pulso, expandiéndose y colapsándose   en menos de una diezmillonésima de segundo, origina una pequeña corriente que proporciona bioenergía a las células.  La eficacia terapéutica del electromagnetismo para tratar enfermedades  ha sido demostrada por una investigación realizada en la University of  Southern California  y publicada en la prestigiosa revista científica New Scientist Magazine.  El trabajo confirma que los paquetes de pulsos electromagnéticos de nanosegundo (millonésimas de segundo) pueden pasar a través de la membrana exterior de las células sin dañarlas y modificar su interior lo que, según los investigadores, permite tratar de forma efectiva enfermedades crónico degenerativas.

De acuerdo a esta explicación, el efecto del PAP-IMI es un supuesto cambio a nivel molecular en las células, por efecto de una rápida sucesión de pulsos electromagnéticos (descrito como un rayo de inmenso poder). Es evidente que esta nueva tecnología no es más que una versión reempacada y reetiquetada de la también inútil magnetoterapia. En realidad, los campos magnéticos no tienen ningún efecto en la composición molecular de las células y tejidos. Para lograr un efecto ionizante de ese tipo se tendría que echar mano de (valga la redundancia) la radiación ionizante, y sus efectos suelen ser más dañinos que curativos. Pero no hay que alarmarse, el campo electromagnético del PAP-IMI es, por lo general y en ese sentido, inofensivo.

Y llama la atención que el párrafo comienza afirmando que el PAP-IMI puede tratar el dolor intenso, y termina diciendo que puede tratar de forma efectiva enfermedades crónico-degenerativas.

Esto hubiese sido imposible con cualquier otro sistema o dispositivo, ya que la superficie conductiva de un tejido vivo de acuerdo con la Ley de Gauss, se constituye en un escudo como la “Jaula de Faraday” consecuentemente, la única forma posible de penetración profunda de una energía electromagnética en el tejido vivo es la utilización del principio patentado por el PAPIMI. El proceso nuclear producido por PAPIMI se verifica en forma atérmica, sin que ocurra descomposición de la materia, siendo éste el fenómeno de fusión nuclear más importante y al mismo tiempo más común en biología.

Supongo que con fusión nuclear se refieren a los núcleos celulares. Por que de lo contrario estarían hablando de reacciones nucleares a nivel celular. Y eso tendría implicaciones, digamos, explosivas, si no fuera por que es completamente irreal. Y aunque sus afirmaciones terapéuticas son cautelosas, algunas llaman la atención:

No ha tenido efectos secundarios adversos en más de 1´000,000 de tratamientos. Incluso en aquellas  personas que han usado este aparato todos los días por más de 10 años de exposición continúa.

Otra clínica anuncia tratamientos con el PAP-IMI afirmando que ayuda a mejorar el sistema inmunológico y sirve para tratar alergias, esclerosis múltiple, mal de Parkinson y desórdenes como la esquizofrenia y el síndrome de Alzheimer, que catalogan como psicológicos, demostrando su muy pobre conocimiento médico: la esquizofrenia es un desórden psiquiátrico, y el Alzheimer es neurológico.

Ahora bien, ¿cuál es la diferencia entre el PAP-IMI y otros dispositivos cuestionables (como los de medición de meridianos de los que hablamos en la entrada anterior)? Si ignoramos el siempre presente riesgo que representan estas prácticas al alejar a los pacientes de terapias y médicos de verdad, al menos los otros cacharros son inofensivos. El PAP-IMI, por el contrario, hace pasar una corriente eléctrica de mayor magnitud a través de una sonda que entra en contacto con el cuerpo del paciente, y eso representa un verdadero peligro, especialmente para personas con padecimientos cardiacos o prótesis o placas metálicas en el cuerpo: el campo magnético puede calentar el metal dentro del cuerpo y causar quemaduras.. La sonda en si misma tiende a sobrecalentarse, y si su revestimiento sufre algún tipo de daño, puede causar lesiones muy graves.

Abordemos ahora la dimensión local de esta problemática: de acuerdo al oficio número 402-07330021790071 emitido por la Cofepris (Comisión Federal para la Protección contra Riesgos Sanitarios), que depende de la Secretaría de Salud, se otorgó al Instituto de Medicina Energética y Biológica, S.C., con sede en Tijuana, Baja California, el registro número 0767E2003SSA para operar el PAP-IMI. Este instituto es el distribuidor de los dispositivos en nuestro país, y al parecer está operado por una doctora de nombre Gloria Godínez Leal, N.D., H.M.D., C.A.

No sólo la Secretaría de Salud ha permitido el uso de este dispositivo. En el sitio de Pappas se anuncia una conferencia, (incidentalmente celebrándose durante los días en que se publica esta entrada) en la unidad de congresos del Centro Nacional Siglo XXI del IMSS, impartida por la doctora Esther del Río Serrano, y en la que aparte del PAP-IMI, se abordan temas tan sugerentes como cristales líquidos, resonancia de alta vibración y acelerador de partículas.

¿Acelerador de partículas? Así es: esta gente tiene una imaginación tan grande como su descaro. Pronostico que antes de que termine este año alguien va a comenzar a dar conferencias acerca de la teoría de supercuerdas y sus aplicaciones en la medicina alternativa.

El PAP-IMI no tiene más fundamento científico que las ideas irracionales del señor Pappas, además de que ha demostrado ser potencialmente peligroso -y en este caso el riesgo que representa va más allá del siempre presente efecto de alejar a los pacientes de terapias que si funcionan. Las personas que ofrecen servicios utilizando este tipo de dispositivos muchas veces hacen afirmaciones poco realistas y no fundamentadas en evidencia.

Sin embargo, nuestras autoridades sanitarias no sólo parecen ignorar el tema, sino que aparentemente han dado luz verde al auge de aparatos milagrosos sin molestarse en averiguar si en realidad son efectivos y seguros. No parece ser coicidencia el que muchas de las clínicas que ofrecen tratamientos utilizando este tipo de dispositivos y otras modalidades de tratamientos cuestionables, se encuentran en ciudades fronterizas o receptoras de turismo internacional: tienen un mercado muy grande en los pacientes que vienen a nuestro país desde otros países -principalmente de Estados Unidos-  a recibir tratamientos que han sido prohibidos en sus lugares de origen.