Muchos temas pendientes

Una disculpa a los lectores. Es una pena que mis exámenes finales y un montón de eventos relevantes en cuanto a la temática de este blog tengan que suceder casi al mismo tiempo. Eso sin mencionar una necesaria y urgente actualización de mi otro blog.

Asi que vayámos rápido con los temas de los últimos dias. Trataré de ser lo más elocuente que me permitan unas pocas líneas.

El No gana en Venezuela
Aunque en principio es una buena noticia, no hay que olvidar que estamos hablando de un tirano de los de verdad. La noche del dos de diciembre Hugo Chávez hablaba con un tono de abuelito bonachón y aceptaba dulcemente la derrota… pero no había pasado una semana y las bonitas frases victoria de mierda y seguidores de pacotilla ya habían salido de su boca. Suena pesimista, pero no hay muchas razones para festejar. Aún le quedan muchos seguidores y petrodólares para intentar perpetuarse en el poder una o dos veces más.

Pan y circo (y hielo y patines)
Al parecer el dinero gastado en instalar las pistas de hielo en la Plaza de la Constitución no proviene de los contribuyentes, sino de empresarios. Claro, habría que preguntarse a cambio de qué. A fin de cuentas, financiadas con dinero público o no, hay algo que nunca debemos de olvidar: si una sociedad ve como algo natural que el gobierno se encargue de proveer el entretenimiento navideño, verá como algo natural que el gobierno se haga cargo de cualquier otra cosa. Y eso es aterrador.

(Trivia: 100 puntos para el que me diga en honor a qué constitución el Zócalo de la Ciudad de México se denomina Plaza de la Constitución)

Cristina Kirchner toma el poder en Argentina
Elegir a la esposa del presidente saliente como nueva presidenta. No es la primera vez que los argentinos cometen ese error. Muchos celebran que el nuevo presidente sea mujer sólo por el hecho de ser mujer, como si eso fuese inherentemente positivo. La han comparado con Michelle Bachelet. Un servidor piensa que se parece más a nuestra Martita.

Y definitivamente nada puede ilustrar mejor la palabra populismo que sacar a relucir de nuevo el tema de las Malvinas. ¿Qué pensarán los isleños -que por cierto son mayoritariamente de origen británico- sobre la reclamación de soberanía de la señora Kirchner? Quizás la señora debiera de molestarse en preguntarles.

Fumar es más saludable que el fascismo
La ley antitabaco no sólo es discriminatoria. Si bien el debate en cuanto a los espacios públicos es hasta cierto punto razonable, obligar a un propietario de un restaurante o bar a discriminar a sus propios clientes atenta contra los derechos de propiedad. Pero Marcelo Totalitariamente Palacio Ebrard está obligado a copiar todas las legislaciones de los paises progres, que por alguna razón cada vez son más represivas.

Y por último…
Hoy los diputados aprobaron por lo general la reforma electoral. Lo realmente trágico del asunto es que la mayoría de la gente ignora hasta que punto nuestros políticos han comenzado a atentar en contra de nuestras libertades. Y que los que no lo ignoramos no sabemos qué hacer al respecto.

Y mejor no toco el tema de la evaluación de la educación en México. Pocos temas son tan desesperanzadores como ese.

Ricardo Monreal cree que somos estúpidos

Muchos ciudadanos estamos preocupados por la nueva ley del Instituto Federal Electoral. En mi post anterior mencioné un par de razones.

El verdadero problema radica en que los políticos no entienden muy bien eso de las razones. En su columna de los martes en Milenio, Ricardo Monreal ennumera varios artículos de una ley electoral, muy similares a la que nuestros legisladores están por aprobar. Y después arroja lo que en su mente pareciera ser un argumento irrefutable: nos dice que la ley en cuestión es la brasileña.

Ante la preocupación de los ciudadanos ante lo que representa la ley del IFE, particularmente en lo que concierne a la pérdida de libertades y la prohibición a los ciudadanos independientes para participar en política, ¿cuál es la respuesta de nuestros políticos? No nos responden con argumentos. No tratan de explicarnos por qué es una buena idea que sólo ellos puedan tomar decisiones y el resto de nosotros no. No nos dan razones por las cuales prohibir hablar mal de ellos está bien.

Su premisa es que en Brasil tienen una ley igual. Su conclusión es que la ley es buena. Eso no es un argumento lógico: es un salto de fé. Ricardo Monreal nos pide que aceptemos la ley y no nos da más que un infantil remedo de razonamiento.

Una cosa es que los políticos perciban el mundo en blanco y negro. Que sean incapaces de comprender conceptos complejos. Que sus mentes funcionen a base de falacias lógicas y dinero público. Pero es insultante cuando asumen que los ciudadanos compartimos su nivel intelectual.

Hoy la justificación es es que en Brasil también lo hacen. ¿Cuánto tiempo para que sus buenos ejemplos vengan de Cuba o Venezuela?

La Nueva Tiranía

En algún momento de nuestra historia a alguien se le ocurrió que los símbolos y las abstracciones eran más importantes que la vida de cada persona. Que la soberanía, el bien común, la justicia social y la igualdad eran bienes de un valor inmenso, aunque nadie supiera cómo definirlos. Y qué importaban las contradicciones y las falacias mientras podamos decir que el país es nuestro. Qué importaban las pequeñas vidas de las personas frente al glorioso Pueblo. En algún momento alguien le vendió a nuestros antepasados un país de frases, de símbolos, de héroes, de fechas, de gritos y de aniversarios.

De nuestra cultura y nuestras tradiciones y nuestra soberanía y nuestro petróleo y nuestra historia y nuestros héroes y nuestros recursos y nuestras instituciones.

Nuestro país que nunca fue mio, ni tuyo. Siempre fue de ellos.

La gran tragedia de nuestro país es que nada puede hacerse sin la bendición de un burócrata o de un político. La educación, la salud, la economía, la cultura, el deporte, la ciencia. Todo tiene que pasar por una ley, un reglamento, una mordida o el favor de un político. Por que el país es de ellos. Nosotros sólo somos inquilinos. La Constitución lo dice: la propiedad privada es originalmente de la Nación. Pero la Constitución no dice quién o qué diablos es la Nación.

Cuando algo es gratis sólo quiere decir que alguien que no eres tú pagará por ello. Cuando la propaganda en medios es gratis sólo quiere decir que los políticos ya no tendrán por qué pagar por ella. Pero alguien más lo hará. Las empresas de medios tendrán que pagar por ese tiempo. Y si miles de empleados de los medios pierden el trabajo, ¿qué importa, si a los partidos ya no les costará? Y todo mundo sabe que la economía de un diputado -ciudadano de primera- es más importante que el empleo honesto de un empleado de estación de radio de provincia -ciudadano de segunda-.

Los políticos tienen cosas importantes de qué ocuparse, y no pueden perder el tiempo con cosas sin importancia como la responsabilidad personal. Eso es para la gente común e insignificante como uno. Ordenan propaganda que denigra al político de al lado, y unos meses después, arrepentidos de su error, nos prohiben a todos los demás ofender a los políticos. ¿Qué diran los moneros de izquierda, apologistas del estado fuerte y benefactor, cuando se enteren de que hacer su trabajo podría convertilos en delincuentes? Pero si los políticos son incapaces de dejar de insultarse entre ellos, al punto de necesitar de una ley para impedirlo, ¿qué se puede esperar de nosotros, simples mortales, que no somos dignos de ponernos al nivel de un político?

Por que ahora la Constitución ya reconoce que ellos, legítimos dueños del país, son los únicos con derecho a decidir que hacer con él. Los tres partidos políticos elijen al árbitro y hacen y deshacen las reglas. Y la única forma de acceder a un puesto de elección popular será pertenecer a alguna de esas tres venerables insituciones. Y sólo los ciudadanos de primera pertenecen al PRI, al PAN o al PRD. Los ciudadanos de segunda sólo podemos aspirar a ver como, con esa sabiduría inconcebible para nosotros, manejan al país. Es de ellos, después de todo.

Y la señora Ibarra de Piedra vocifera contra el gobierno federal mientras cobra ciento veinte mil pesos al mes (¿ya pagaste tus impuestos lector?). Marcelo Ebrard, totalitariamente palacio, ya prepara las pistas de hielo para mantener felices a sus votantes. Y Felipe Calderón celebra como los partidos le cedieron su miscelánea fiscal a cambio de algo insignificante: nuestra democracia.

Era pequeña, cara y tenía muchos defectos. Pero era nuestra democracia, y con ella nos quitan un poco de nuestra de por si escasa libertad. Un servidor las echará de menos.

(Si alguien tiene alguna idea de como recuperarla, no deje de comunicármela. Revolucionarios appistas eperristas nazicomunistas absténganse: si hay algo peor que los políticos, son ustedes.)