La Filosofía de la Libertad (o en qué creemos en este blog)

Una explicación sencilla, elocuente y precisa de las ideas que queremos promover en Cerdos Colectivistas. Algo lenta, pero vale la pena.

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El Mito de la Deuda Social

A raíz de la recién propuesta miscelánea fiscal el gobierno federal ha venido utilizando una retórica basada en el erróneo concepto de la redistribución de la riqueza. Un aspecto de esta retórica que resulta particularmente curioso fue lo que declaró el presidente Calderón:

ha llegado el momento de pagar la enorme deuda social con los mexicanos que menos tienen…

Declaración increíblemente absurda. Pero vamos por partes: en primer lugar, ¿qué es una deuda?

(Del lat. debita, pl. n. de debitum, debito).

1. f. Obligación que alguien tiene de pagar, satisfacer o reintegrar a otra persona algo, por lo común dinero.
2.
f. Obligación moral contraída con alguien.
3.
f. Pecado, culpa u ofensa.


De acuerdo, tal vez sea una exageración copiar la entrada del diccionario, pero conviene tener a la mano todas las implicaciones posibles de la palabra deuda. En pocas palabras podríamos decir que una deuda es una obligación contraida como consecuencia de nuestras acciones voluntarias, y es precisamente por este hecho que tiene implicaciones morales. La responsabilidad personal es uno de los concepto centrales del Liberalismo, después de todo.

¿Por qué es completamente absurdo -e injusto- hablar de una deuda social?

Si yo pido dinero prestado, o daño la propiedad de otra persona, soy moralmente responsable y estoy obligado a pagar el dinero o a restituir lo que dañé: es mi responsabilidad. Pero si tratamos de aplicar el mismo principio de responsabilidad individual al grave problema de la pobreza en nuestro país tendríamos que resolver una serie de preguntas:

  • ¿Hasta que punto es la pobreza de millones de mexicanos consecuencia de mis acciones?
  • Si yo no soy responsable, ¿por qué la deuda es social, es decir, por qué me convierto en deudor por las acciones de otros?
  • Y la más importante, ¿quién es en realidad responsable de el problema de la pobreza?

Una de las principales causas de la pobreza es la intervención del estado en la actividad económica. Durante décadas, la economía mexicana ha sido manejada por el gobierno, es decir, por políticos y burócratas. Las decisiones económicas han sido casi siempre tomadas por criterios exclusivamente políticos (popularidad, votos, simpatía de los superiores o simple ignorancia). Cuando se favorecen criterios políticos sobre los factores económicos invariablemente se detendrá -o revertirá- el crecimiento económico. La corrupción es también culpable de la pobreza en nuestro país. Y la principal fuente de corrupción es la gran cantidad de regulaciones, y el tamaño e ineficiencia de la burocracia.

Otra razón es, desde luego, el bajo nivel educativo. No es un secreto el desastre en que se ha convertido la educación pública -impartida por el estado-, sin olvidar el papel de los sindicatos de maestros -parte del aparato estatista-, y desde luego, la doctrina colectivizante y pseudohumanista de la educación pública. Podemos mencionar otro factor que inhibe el crecimiento económico: la falta de seguridad, que es la única tarea que le corresponde legítimamente al estado, y que es completamente incapaz de cumplir.

Sería injusto afirmar que los pobres lo son por que quieren, o por que esperan que es el deber del gobierno darles una solución (aunque haya individuos de todas las clases sociales que piensen asi). Mucha gente pobre está motivada para dejar de serlo, pero no tiene las herramientas adecuadas para hacerlo. Carecen de la educación suficiente para desempeñar un trabajo más redituable, y deben enfrentar obstáculos burocráticos, inseguridad. . . pero regresemos a nuestro punto: la pobreza es culpa casi completamente del eterno y omnipresente monstruo estatista.

Entonces, ¿por qué somos los ciudadanos comunes y corrientes los que debemos pagar la deuda social con los que menos tienen? ¿Por qué debemos de ver limitados nuestros derechos de propiedad y disminuir nuestro nivel de vida para pagar una deuda que no es nuestra? Dejo al lector reflexionar sobre estas preguntas.

Existe, a fin de cuentas, otra pregunta que debemos hacernos: si le damos nuestro dinero al gobierno para que combata la pobreza, ¿qué garantias tenemos de que realmente lo hará? Hagamos un rápido recuento de lo que el gobierno hace con el dinero de los ciudadanos:

  • Mantener al poder ejecutivo y sus secretarías, incluyendo a la poca burocracia necesaria y a la numerosa burocracia innecesaria.
  • Mantener al poder legislativo y al judicial, incluyendo senadores y diputados holgazanes que no cumplen con su tarea y a antediluvianos magistrados que viven sin contacto con la realidad.
  • Financiar a los partidos políticos, sus campañas, precampañas, elecciones internas, y campañas para las mismas.
  • Mantener a flote a paraestatales ineficientes y corruptas.
  • Mantener a flote a sistemas de seguridad social ineficientes y corruptos.
  • Financiar organizaciones sociales, ONG’s, etc.

Y a sus respectivos aviadores. Entre otras muchas cosas.

Si al final queda algo, es probable que se destine a la pobreza. O mejor dicho, a los burócratas encargados de combatirla. Al los pobres se les dará una limosna con la que cubrirán sus necesidades más urgentes y al final, los pobres seguirán siendo igual de pobres, los ciudadanos productivos serán más pobres, y el gobierno improductivo será más rico.

La gran mayoría de los ciudadanos no son responsables de la pobreza en México. No podemos decir lo mismo del estado. Si alguien tiene que pagar esa deuda, no somos los ciudadanos.

Pero surge una pregunta: si el estado no tiene dinero, ¿cómo puede saldar la deuda y resolver la pobreza? Hay una solución: el gobierno debe desregular la economía, eliminar la burocracia, permitir la competencia, dejar de exprimir a los que producen, dejar de recompensar la deshonestidad y dejar de castigar la innovación y el esfuerzo individual. En pocas palabras, pasar de ser el enorme cerdo en engorda que se alimenta e expensas de los ciudadanos, y convertirse en un gobierno limitado que sólo se ocupe de proteger sus derechos.

Si hay una deuda, esa es la única forma de pagarla. Por que esa deuda no es tuya ni mía.

La Izquierdosa Derecha Mexicana

Tradicionalmente, ser de derecha significa estar a favor de la libertad económica (o de mercado), pero ser conservador en temas sociales. Ser de izquierda es lo opuesto: ser liberal en temas sociales (aborto, derechos humanos, etc.), pero estar a favor de mantener el control del estado sobre la economía. Esta clasificación es evidentemente muy limitada y obsoleta, y hace mucho que ha sido rebasada. Hay una buena cantidad de corrientes que mezclan en mayor o menor proporción los factores económicos y sociales. En Estados Unidos y otros países con una tradición liberal más sólida existen movimientos políticos (como el libertarianismo) que toma lo mejor de la derecha e izquierda tradicionales: libertad económica y libertad individual. El requisito para lograrlo es la reducción del poder del gobierno. Esta postura está enfocada tanto en la libertad como en la responsabilidad individual, y por tanto tiene dos implicaciones: la única función del estado es proteger los derechos y la libertad de las personas -y nunca atentar contra ellos-, y por tanto, no está ahí para suplir la responsabilidad de la gente: no es su trabajo mantener a nadie. Esto parte de dos premisas:

a) Sin obstáculos gubernamentales es mucho más fácil crear empleos y riqueza (tanto para las empresas como para las personas), y por tanto no existe la necesidad de combatir la pobreza, salvo en un número de casos muy limitados.

b) La llamada redistribución de la riqueza es inmoral: parte del supuesto de que la riqueza es una constante, y por tanto para que un pobre tenga más riqueza, esta se le debe de quitar al rico. En la práctica, este supuesto se traduce en el uso de la coerción para despojar a una cantidad de ciudadanos (no sólo los ricos: la clase media suele llevarse la peor parte) del producto de su trabajo, riqueza que es destinada al mantenimiento del gobierno y a su inmensa, costosa e improductiva burocracia. Irónicamente, el efecto es el contrario al deseado: este sistema es inherentemente defectuoso, e históricamente sólo ha creado más pobreza.

Los estados que han adoptado sistemas con un alto grado de libertad económica y personal son, históricamente, los más exitosos económica y socialmente: los casos Estados Unidos (desde su independencia hasta principios del siglo pasado) o Hong Kong prueban esta correlación libertad – prosperidad.

Pero existe un extremo opuesto: sistemas políticos en donde tanto la libertad individual como la económica están restringidas en un menor o mayor grado. Irónicamente, en esta categoría encontramos a una buena cantidad de sistemas políticos considerados históricamente como antagonistas: el stalinismo soviético y el nazismo germánico tienen más puntos en común que diferencias, de la misma forma que la derecha de G.W. Bush en Estados Unidos y el islamofascismo del Medio Oriente comparten un similar desprecio por la razón y las libertad.

Pues bien, ¿en qué parte del complejo mapa político se encuentra el presidente Calderón? Hagamos un pequeño experimento mental. Comencemos con leer la siguiente frase de Andrés Manuel López Obrador:

La única manera que tiene el Estado para combatir la pobreza es que todos los ciudadanos contribuyan al gasto público … Todos estamos obligados a hacer un enorme esfuerzo en la medida de nuestras capacidades y de nuestra condición social y económica, un esfuerzo para contribuir de manera equitativa a los gastos públicos y poder financiar así las obras que hacen falta, los pozos, los caminos, las obras que permitan mejorar la vida de la gente más pobre.

Típica retórica izquierdosa, el Peje se la pasa diciendo cosas así. Excepto por el hecho de que esas palabras no salieron de la boca del Peje. Si dijera que esa frase la dijo Felipe Calderón, ¿lo creería el lector? Pues es cierto, esas fueron las palabras de Calderón al presentar la nueva miscelánea fiscal. Una verdadera apología a la redistribución de la riqueza con el gobierno como agente, salida de la boca de un supuesto neoliberal. Esas son buenas noticias para los seguidores del tabasqueño: su sueño se cumplió, tenemos un populista redistribuidor de la riqueza en Los Pinos. El problema es que esas son malas noticias para el resto de los mexicanos: si el gobierno de Calderón adopta la filosofía del gasto público como solución a la pobreza y para lograr sus metas recurre a seguir exprimendo a los ciudadanos y las empresas, lo único que va a lograr es lo mismo que logran todos los gobiernos que pretenden luchar contra la pobreza: crear más pobres.

Tanto relajo con la crisis post-electoral para terminar descubriendo que el derechoso hijoesuyunquistamadre Calderón resultó siendo izquierdoso de clóset.

Hace unos días, en uno de los muchos anuncios del gobierno federal en la radio (ojo, que usen sus tiempos oficiales no quiere decir que nadie está pagando por su propaganda), la voz de un actor le decía a su interlocutora que el hecho de que tenga derechos viene de que vive en una democracia. Ese es uno de los grandes mitos que aún nos creemos en este país: nuestros derechos y libertades básicas provienen del hecho de ser humanos, no se los debemos a ningún gobierno o sistema político.

Cuando un gobierno afirma ser la fuente de nuestros derechos al mismo tiempo que nos pide hacer un sacrificio para ayudar a los más pobres, es señal de que estamos en problemas.

La Hipocresía del Gobierno del D.F.
Uno de los pretextos de Marcelo Ebrard para no actuar en contra de los manifestantes es el respeto a su libertad de expresión. El nuevo reglamento de tránsito (¿tránzito?) del DF, aparte de aumentar las oportunidades para recurrir a la corrupción, establece una multa de 20 días de salario mínimo a aquel que insulte o se burle de un policía. ¿Dónde quedó la preocupación por la libertad de expresión? ¿Y en qué sentido son diferentes los polis que están legalmente protegidos de ser insultados?

Una conveniente aclaración
En este blog utilizaré frecuentemente la palabra liberal. Desafortunadamente, esto puede resultar confuso, ya que liberal es una etiqueta que se puede aplicar a dos filosofías radicalmente distintas.

a) Liberal como en socialista o de izquierda. El significado que más frecuentemente se asocia con la palabra. Un liberal de este suele estare -en teoría- a favor de las libertades individuales, pero contradictoriamente cree que los problemas sociales y económicos sólo pueden ser resueltos por un gobierno grande y poseedor de amplios poderes.

b) Liberal como en liberalismo clasico. El significado original de la palabra, usada para distinguir la filosofía social en que los derechos de las personas son lo más importante en una sociedad y están por encima de cualquier cosa que el gobierno diga o haga. En pocas palabras, libertad individual y económica con un estado limitado.

Este último es, desde luego, el concepto de la palabra liberal que utilizaré en este blog. Es una bonita palabra, lástima que los colectivistas se la hayan apropiado.

El Problema es la Falta de Libertad

El principal problema de nuestro país es que los mexicanos no nos tomamos en serio nuestra libertad. Y eso no es nuevo: en los 700 años transcurridos desde la teocracia militarista mexica hasta el dia de hoy, pasando por la Colonia, y los 70 años de nacionalpopulismo tricolor, nuestro país no ha tenido prácticamente ningún gobierno que valore los derechos y la libertad individuales. El resultado es desastroso: a la inmensa mayoría de los mexicanos nos parece perfectamente natural y aceptable la relación de subordinación al gobierno a la que los ciudadanos nos debemos de sujetar. Nos quejamos de algunas cosas -cuando una acción del gobierno nos afecta directa y evidentemente, pero permanecemos indiferentes ante la mayoría de las formas en que el gobierno rutinariamente afecta nuestras, pues hemos aprendido a aceptarlas como algo natural.

No nos importa que el gobierno pueda tomar decisiones económicas que pueden tener consecuencias desastrosas para nosotros. Nos parece normal que el gobierno tome la parte que considere justa de nuestro dinero, y no se nos ocurre preguntarnos qué recibimos a cambio y si el intercambio es justo. Nos parece normal que el gobierno decida que palabras podemos escuchar en los medios, o que a una muchedumbre se le recompense por un acto por el cual un individuo sería castigado. Los obstáculos que el gobierno impone al desarrollo de los individuos nos parecen males necesarios, al igual que el rutinario uso de la coerción en su contra, y la supresión de sus derechos para favorecer los siempre ambiguos derechos sociales.

Hemos olvidado, (o mejor dicho, ni siquiera nos hemos dado cuenta) que los derechos individuales -el derecho a la vida, a la libertad y a la propiedad- no son una concesión del estado, que no provienen de él, sino que están sobre de él, y su protección es la única función legítima que el gobierno debería tener. Asi es, si el gobierno debe de existir, es únicamente para proteger a los individuos en contra de aquellos que utilicen la fuerza o el fraude para atentar en contra de sus vidas, su libertad o de su propiedad. Y el único poder que debe de tener es el necesario para cumplir con esa función.

Es desafortunado ver que la única alternativa para muchas personas pareciera ser la vieja receta: darle más poder al gobierno y poner a la colectividad sobre el individuo (y mucha retórica sobre la soberanía y el bien común, lo que sea que signifiquen). La razón de ser de este espacio es mostrar que la solución es exactamente al opuesto: quitarle el poder al estado y dárselo a cada individuo.