Le Grand Journal sobre René Mey

Hace unos días, Nicolas Quirion, periodista de Le Grand Journal du Mexique (un diario en linea publicado en México para los lectores francófonos) se puso en contacto conmigo para hacerme algunas preguntas sobre el tema del “sanador” René Mey.

El artículo ya fue publicado, y pueden leer la versión en español aquí.

René Mey: ¿sanador, humanista y vidente?

Es probable que hayan visto o escuchado hablar de los televangelistas norteamericanos (aunque no son un fenómeno exclusivo de ese país) que afirman tener el poder de curar a la gente por medio de la fé. Sujetos con nombres como Benny Hinn, Peter Popoff o Marjoe Gartner que, frente a cientos de personas -más las miles que los veían por televisión, podían lograr incluso que personas en sillas de ruedas se pusieran de pie y caminaran. Hombres (y mujeres) que, después de llevar a cabo sus milagrosos actos de curación, solicitaban donaciones que los hicieron millonarios. Charlatanes que, eventualmente, fueron desenmascarados como tales.

Después de presenciar personalmente una de sus “sesiones de sanación”, puedo decir que el modus operandi de el autoproclamado humanista, sanador y vidente René Mey, tan de moda a últimas fechas en nuestro país es, en esencia, la misma.

Aunque su propaganda afirma que sus poderes provienen de una nueva forma de conocimiento, la realidad es que René Mey no es más que parte de una práctica tan antigua como la humanidad: la curación por medio de la fé. De acuerdo a Robert Todd Carroll, de The Skeptic’s Dictionary:

Cuando no se trata de fraude, la curación por medio de la fé es una forma cooperativa de pensamiento mágico que involucra a un sanador y un paciente, y en la que a) tanto el sanador como el paciente mantienen una creencia en el poder curativo de espíritus o algún otro misterioso mecanismo de sanación; b) el sanador, consciente o inconscientemente, manipula al paciente para hacerlo creer que su dolencia se ha curado por medio de la oración, movimientos con las manos (para desbloquear, remover, restaurar, etc. alguna forma intangible de “energía”), o por medio de algún otro producto o ritual no convencional; y c) el paciente valida la sanación al dar señales de que ha funcionado, tales como el caminar sin muletas por un corto periodo de tiempo, respirar libremente, manifestar alivio del dolor, o simplemente al agradecer al sanador por la “cura milagrosa”. Además, la curación por medio de la fé puede llevarse a cabo a distancia. No es necesario que el paciente y el sanador se reúnan, ya que los procesos que ocurren, suele afirmarse, trascienden las limitaciones usuales que imponen el tiempo y el espacio.

Este tipo de prácticas no requieren de una validación objetiva acerca de su eficacia. Basta el testimonio del paciente o el simple acto de levantarse de una silla de ruedas para declarar que ha habido una curación. Sin embargo, no se requiere evidencia real de que ha existido una mejoría tangible en el estado de salud del paciente. No se documentan ni el estado de salud previo ni el posterior, no existe seguimiento alguno de la evolución clínica posterior al evento de sanación, y si por alguna razón llega a conocerse que no hubo una mejoría real, siempre se tiene el cruel recurso de afirmar que el paciente “no tiene suficiente fé”.

Si las sanaciones por medios espirituales no tienen ningún efecto terapéutico. ¿Por qué entonces parecen ser tan exitosas?

Por las mismas razones que otras prácticas médicas fraudulentas, la astrología, los tenis que hacen bajar de peso, los detectores moleculares y demás chapucerías parecen funcionar: por que las expectativas y percepciones a veces tienen mayor peso que los hechos. La mente humana es una cosa curiosa.

Las personas que recurren a sanadores son firmes creyentes y tienen un fuerte deseo de que la sanación funcione. Sobra decir que ese deseo muchas veces obedece a la gran desesperación que puede causar una enfermedad. Alrededor del acto de sanación hay muchas cosas: una imagen idealizada del sanador que a veces puede llegar al fanatismo, un entorno diseñado para hacer que el paciente se sienta bien, el simple hecho de estar rodeado de personas con la misma creencia.

Y eso asumiendo que no existan trampas por parte del sanador.

Pero al final, los tumores no desaparecen, los pancreas no comienza a producir insulina y las médulas espinales no se restauran. La única mejoría será pasajera y subjetiva, siempre en función de que tan fuerte es la creencia en el sanador. Y nada más: pocas horas después, nada habrá cambiado.

René Mey ha tratado de explicar el mecanismo mediante el cual es capaz de lograr sus milagrosas curaciones. Hace unos días, en una entrevista llevada a cabo por Milenio Televisión, afirmó que sus poderes curativos están basados en cristales que son formados por los pensamientos (incluso mencionó el desacreditado trabajo de Masaru Emoto). Según Mey, al momento de meditar, tiene el poder de emitir estos cristales y transmitirlos a las personas. Incluso, para explicar la supuesta capacidad curativa de su filme, afirma que estos cristales pueden ser captados por cámaras de alta definición y posteriormente emitidos por la pantalla de cine.

Una explicación ridícula que desnuda su completa ignorancia de no sólo la física y la biología más básicas, sino del elemental hecho de que una pantalla de cine no emite luz: sólo refleja la que proviene del proyector.

Aunque todo comenzó con la idea de ridiculizar las afirmaciones de un sujeto que afirma poder curar (y conservar limones) a través de una pantalla de cine, el haber presenciado el triste espectáculo de una de sus sesiones de sanación le quita su gracia al asunto. Una fila que fácilmente pasaba de las tres mil personas esperando por horas para tener una oportunidad de ver al sanador. Personas en sillas de ruedas, aparatos ortopédicos o con miembros amputados. Mascadas cubriendo la calvicie causada por la quimioterapia. Familiares llorando ante la expectativa de obtener una curación milagrosa.

Con las sillas de la sección de cómida rápida (la sesión fue en un centro comercial al sur de la ciudad), los voluntarios de Mey formaron una larga fila, en la cual iban sentando a las personas enfermas. Mey, encapuchado, recorría la fila y, uno por uno, se ponía enfrente de los pacientes. Los rodeaba con los brazos y les daba unas palmaditas en la espalda. Algunos, agobiados por la carga emocional del suceso, incluso se dejaban caer.

En la entrada al centro comercial, una de las voluntarias de Mey, en una caja de color amarillo, recibía peticiones (papeles con los datos de pacientes que no estaban presentes para que Mey, en su meditación, pueda sanarlos a distancia). Y otra voluntaria, en una caja de color morado, recibía billetes de cien, doscientos, quinientos pesos. La caja tenía un rótulo que decía “donaciones de amor”.

Y un poco más allá, en la explanada del centro comercial, otros voluntarios vendían discos compactos de ciento cincuenta pesos, playeras de cien, velas “bendecidas por el sanador” a ochenta pesos. Desde luego que el acto de la sanación por si mismo es gratuito. Los voluntarios de Mey, así como su propaganda, ponen mucho énfasis en eso.

La única diferencia que hay entre Mey y los sanadores evangélicos que mencioné al principio de esta entrada es meramente cosmética. Sólo cambia le envoltura cristiana evangélica y en su lugar pone una de ideas new age aderezadas con lenguaje científico sacado de contexto.

René Mey se autoproclama como “sanador, humanista y vidente”, y los medios que han cubierto sus actividades en nuestro país repiten esos tres sustantivos sin detenerse por un momento a averiguar si es que merece esos títulos.

Pero en realidad el señor Mey no tiene ningún tipo de poder para curar enfermedades. Sus métodos son los mismos que los charlatanes que prometen curas milagrosas han usado por siglos. La explicación “científica” que ofrece para explicar sus supuestos poderes es completamente absurda.

La realidad es que este sujeto no merece el título de sanador. ¿Merece el de humanista?

La afirmación de Mey es que ha fundado más de seiscientos “centros humanitarios” que ofrecen servicios gratuitos. Aunque, dependiendo de la fuente, pudieran ser cien o cuatroscientos. Mi infructuosa búsqueda de uno en el área metropolitana de la Ciudad de México me hace sospechar que esos números probablemente están inflados. Ahora bien, ¿de qué forma ayudan estos “centros humanitarios” a las personas? Estos centros son operados por voluntarios que han aprendido de Mey sus técnicas de sanación. De acuerdo a una voluntaria, el único servicio que ofrecen es el de “terapia de regeneración celular”. Es decir, sólo los famosos toquecitos en la espalda. Unos toquecitos que, como ya vimos, no curan ni una indigestión.

Si uno aprende de un “maestro” una técnica de sanación inocua (e inútil) y pone afuera de su casa un letrero que dice “centro humanitario”, realmente no está beneficiando a la comunidad. Si todos los centros humanitarios René Mey siguen ese patrón, la misma lógica aplica: así sean mil centros, no le están trayendo ningún beneficio a nadie.

En su sitio de internet, René Mey afirma que ha pasado veinticinco años ayudando de esa manera a las personas. Pero las personas que acuden a él o alguno de sus voluntarios no están recibiendo ningún tipo de ayuda.

Si a una persona que padece de una enfermedad terminal le haces creer que tienes poderes que la pueden curar, no importa cuántas palabras bonitas utilices y no importa que la hagas sentir bien por un momento, no la estás ayudando. Sólo la estás engañando. Y si le cobras (aunque le llames “donación”), además la estás explotando.

Y alguien que engaña y explota a las personas no se merece el título de humanista. Especialmente si lo hace con cientos o miles de personas.

René Mey no es sanador ni es humanista. ¿Vale la pena preguntarnos si el señor Mey es vidente? Honestamente, creo que esa pregunta sale sobrando.

Actualización 21/01/2011: si no estás de acuerdo con lo dicho en esta entrada, y si piensas expresar tu desacuerdo en la sección de comentarios apelando a la fe, al amor y/o a la física cuántica (o a alguna noción por el estilo) quizás quieras leer esto primero.

42 Días después, ¿qué ha ocurrido con los limones?

A casi mes y medio de que decidí poner a prueba la afirmación de sus productores de la cinta HIM: Más allá de la luz (que el filme emana -literalmente- energía positiva capaz de curar enfermedades y conservar limones), ¿qué ha ocurrido con este par de cítricos?

No mucho. Están más duros, se les han marcado los gajos y han tomado un color amarillento con manchas verdes. Lo más notable es que al limón A (o Sr. Cítrico, como le conocemos cariñosamente), le apareció una hendidura circular en la parte de arriba (no se muestra en la imagen) que le da un parecido a la Estrella de la Muerte.

Pero mejor júzguenlo ustedes. Den click para agrandar.

No podría decirse que alguno de los limones está en un evidente estado de descomposición, y pareciera que van a permanecer más o menos como están ahora por mucho tiempo. Pasando por alto que tenemos un limón de control que no fue expuesto a la proyección de HIM: Más allá de la luz – la película que sana, se podría pensar que se han momificado, ¿cierto?

Los cítricos tienen cáscaras resistentes, y contienen compuestos que inhiben la proliferación de moho y bacterias. Como toda la materia orgánica, eventualmente se descomponen, pero las características mencionadas, en las condiciones adecuadas, los hacen muy resistentes a este proceso. Un limón que ha sido almacenado y cuyo interior no ha sido expuesto va a tardar mucho tiempo en mostrar señales evidentes de descomposición.

(O como en su comentario dice acertadamente Pexipato: los limones simplemente se deshidratan.)

Esta resistencia es un hecho tan trivial que rara vez uno se da cuenta de su existencia, y de ahí que pudiera parecer excepcional ver cómo un limón dura semanas o meses sin pudrirse. Si un creyente en los “poderes de sanación” de Mey lleva un limón a la sala de cine y lo guarda -sin tomarse la molestia de compararlo con otro limón-, es fácil entender cómo podría interpretarlo como evidencia de esos poderes.

Afortunadamente, nosotros contamos con el beneficio de un limón de control y podemos ver que, con película sanadora o sin película sanadora, un limón en un escritorio se pondrá duro, amarillo y no despedirá olor a putrefacción.

Si yo fuese malpensado (y lo soy), podría pensar (y lo hago) que este hecho no es ignorado por la persona a la que se le ocurrió afirmar que el filme tenía la propiedad de conservar limones para convencer a la gente de sus supuestas propiedades “sanadoras”.

No he ocultado que el propósito de este ejercicio está más cercano al ridículo que a un experimento científico serio. Pero, por otro lado, es una muestra de que poner a prueba las afirmaciones de iluminados, sanadores y similares no es algo que requiera demasiado esfuerzo.

El supuesto mecanismo “sanador” del filme fue explicado por Mey hace poco en una infomercial entrevista transmitida la semana pasada en Milenio Televisión. Hace unos días tuve la oportunidad de presenciar la técnica que este sujeto utiliza para “sanar” a las personas. Ambas merecen una entrada aparte.

Otro estudio que (tampoco) comprueba que la acupuntura funciona

Nature Neuroscience, revista especializada en neurociencias y publicada por la misma casa editorial que Nature, publicó en su versión en línea un estudio llevado a cabo por Maiken Nedergaard y su equipo, del Centro Médico de la Universidad de Rochester que ha sido presentado por sus autores como evidencia del mecanismo mediante el cual ‘funciona’ la acupuntura.

A decir verdad, el estudio tiene sus méritos: presenta algunas ideas interesantes e incluso podría abrir la puerta a aplicaciones útiles.

Y además, no tiene nada que ver con la acupuntura.

¿En qué consistió el estudio? A un grupo de ratones con las patas inflamadas se les insertaron agujas en un punto de acupuntura específico  -denominado Zusanli y localizado también en las patas-, y posteriormente fueron rotadas en intervalos de cinco minutos. Se observó, de acuerdo al estudio, un aumento en los niveles de adenosina, un compuesto natural que funciona, entre otras cosas, como un analgésico local.

Y a partir de ahí, los autores -dando por sentada la eficacia de la acupuntura- saltan a la conclusión  de que la adenosina media en sus efectos y que la interferencia en el metabolismo de la adenosina puede prolongar sus beneficios clínicos.

El hecho de que, ante una lesión, el organismo active mecanismos para regular el dolor es difícilmente una noticia. Sin embargo, el posible mecanismo a través del cual esto sucede es el gran mérito de este estudio, e incluso podría abrir la puerta al desarrollo de un nuevo tipo de analgésicos.

Y es precisamente eso lo que hace más decepcionante el afán de Nedergaard y su equipo por usar el estudio para darle una muy necesitada credibilidad a la práctica de la acupuntura, tarea en la que falla por varias razones:

  • Hay un sesgo muy evidente: el estudio y  el comunicado de prensa que lo acompaña están llenos de falaces apelaciones a la antiguedad y a la popularidad, llegando incluso a mencionar al Internal Revenue Service (la agencia encargada de recaudar impuestos en Estados Unidos y que, por razones obvias, no suele ser citada como una autoridad en temas de ciencia y medicina). Uno de los investigadores del equipo de Nedergaard, Jurgen Schnermann, está casado con Josephine Briggs, directora del Centro Nacional de Medicina Alternativa y Complementaria, agencia gubernamental que ha sido duramente criticada por el poco rigor con el que evalúan las modalidades de medicina alternativa.
  • El estudio presenta algunos problemas: uno de ellos es la escala. Como Orac escribe en Respectful Insolence, las distancia entre el punto en el que se clava la aguja y los nervios y otros tejidos de la pata son de milímetros en el caso de ratones, y de centímetros en el caso de seres humanos. El estudio no especifica los diámetros de las agujas utilizadas, lo cual complica más la cuestión. Será interesante saber hasta que punto las mismas observaciones pueden ser replicadas en humanos.
  • El estudio se limita a un sólo punto de acupuntura. La mayoría de los estudios serios que se han realizado en torno a esta práctica han demostrado, de forma consistente, que no tiene importancia el punto en el que se clava la aguja, dando al traste con el principio fundamental en el que se basa la práctica: la existencia de los míticos meridianos, canales por donde circula el no menos imaginario qi, o energía vital. El uso de algún punto adicional como control hubiese sin duda beneficiado al estudio.

Y es precisamente el uso de ese punto de acupuntura específico el que pone en evidencia el por qué el estudio de Nedergaard, pese a sus méritos, falla al tratar de explicar por qué funciona la acupuntura: ni siquiera es consistente con sus principios.

Como mencionamos anteriormente, el punto utilizado en el estudio de Nedergaard es el denominado Zusanli (足三里) o ST36, uno de los 365 puntos clásicos y que, de acuerdo a los textos en los que se basa la práctica de la acupuntura, está indicado para el tratamiento de síntomas como el dolor abdominal, vómito, diarrea, epilepsia y vértigo. No parece ser una casualidad que el estudio omita mencionar estas indicaciones.

Para que pudiera afirmarse que el estudio observó un efecto consistente con las afirmaciones de la acupuntura, dicho efecto tendría que haber sido aliviar cualquiera de los síntomas mencionados arriba, y no el limitado efecto analgésico local que en realidad se observó.

El estudio de Nedergaard, cuando sea replicado exitosamente por otros investigadores, comprobará la existencia de un mecanismo por medio del cual el organismo regula el dolor de forma local ante una lesión.

La acupuntura, por otro lado, se basa en la creencia de que puntos específicos en la piel regulan la energía vital, y por tanto, el funcionamiento de todos los órganos del cuerpo. Es evidente que ese supuesto nada tiene que ver con las conclusiones del estudio.

Ahora bien, obtengamos algo de perspectiva: ¿qué es lo que realmente afirman los promotores de la acupuntura?

Una búsqueda de Google usando la palabra ‘acupuntura’ nos arroja, como primer resultado, el link del Medical Digitus Deus – Centro Profesional de Acupuntura, en donde se afirma que la acupuntura es apropiada para el tratamiento de parálisis facial, fatiga crónica, gastritis, diabetes, artritis y sobrepeso, entre otras condiciones. Otro sitio afirma que puede usarse para tratar impotencia sexual, problemas de riñón y hemorroides.

Los promotores de la acupuntura han reaccionado a la publicación de este estudio como si en realidad fuese evidencia de algo, pero, ¿cómo explica el estudio de Nedergaard que la acupuntura funcione para controlar el sobrepeso? ¿De qué forma la adenosina liberada al clavar y hacer rotar una aguja puede ayudar a una persona con gastritis? ¿Cómo es que se pueden usar agujas para curar las hemorroides?

Pensándolo bien, hay cosas que quizás sea mejor no preguntar.

El problema del estudio de Nedergaard no son sus conclusiones, sino la forma en que son presentadas de una forma engañosa, con el propósito de darle a la acupuntura una credibilidad que no ha obtenido por mérito propio. Desafortunadamente, los medios no han abordado el tema de forma crítica (no que uno espere que lo hagan), y le han dado a los promotores de esta pseudociencia un arma más para promoverse como una práctica legítima.

Sobre el Balance Bioenergético (parte III de III)

“Legalmente, no se supone que debemos decirlo, pero puede fulminar cualquier enfermedad”

Esas son las palabras que Sygrid Myers le dirigió a un reportero que visitó su clínica de Tulsa, Oklahoma en 2005, después de la muerte de una de sus pacientes, una mujer de 59 años de nombre JoAnn Burgraff. En realidad una masajista, Myers había tratado a Burgraff durante un año con un máquina del tamaño de una caja de zapatos de la que salían electrodos que se sujetaban a su frente, muñecas y  tobillos, y que a su vez se conectaba a una computadora personal. El dispositivo era, supuestamente, capaz de detectar y curar una buena cantidad de enfermedades. Sin embargo, no detectó la leucemia que al final le costó la vida a la señora Burgraff.

El dipositivo en cuestión se trataba de un EPFX (Electro Physiological Feedback Xrroid, o Xrroid de Bio-retroalimentación electrofisiológica). Dependiendo de la versión, también se le conoce como QXCI (Quantum Xrroid Consciousness Interface), y sobre todo como SCIO (Scientific Consciousness Interface Operation). Recientemente, un dispositivo conocido como LIFE System ha aparecido en escena, fabricado y promovido por un antiguo socio del inventor de el aparato, un excéntrico sujeto de nombre William Nelson.

Pero, ¿quién es William Nelson? Si hacemos caso a su currículum (PDF) y a las muchas biografías que se pueden encontrar en internet, Nelson es la mente más brillante de nuestra época: portador de ocho doctorados en las más diversas áreas -desde la medicina hasta el derecho internacional, pasando por la ingeniería y la física cuántica-, inventor -en plena adolescencia- del dispositivo de navegación que permitió traer de regreso a la Tierra a los astronautas de la fallida misión Apolo 13. Pese a su talento para las Matemáticas y la Ingeniería, y por instrucción directa de Dios, se dedicó a reescribir la Biología Molecular, convirtiéndose en pionero en la aplicación de la mecánica cuántica en la medicina. También es una autoridad mundial en campos tan diversos como la homeopatía, la educación y la filosofía oriental. Además, bajo la identidad de su alter ego, Desiré Dubounet, es un exitoso productor de cine y cantante.

Un verdadero hombre del Renacimiento, pues. Según sus seguidores -y es que tiene una red de ellos que raya en lo sectario- ha sido nominado en numerosas ocasiones para el premio Nobel de Medicina.

Desde luego, mal haríamos en creernos las credenciales del señor Nelson sin indagar un poco, si acaso sólo como precaución en caso de que haya alguna pequeña exageración en ellas.

No es inusual leer o escuchar que curanderos, ufólogos y expertos en tal o cual superchería afirman trabajar o haber trabajado para la NASA, y hay una razón para ello: la NASA delega muchas de sus tareas a empresas privadas, y no faltan los empleados de estos contratistas que lo aprovechan para estirar un poco la verdad y decir que han trabajado para la NASA. Aclaración un tanto ociosa, pues aunque hubiesen participado directamente en el programa espacial, ello no le da validez a sus argumentos.

Los títulos y doctorados que afirma tener los podemos dividir en dos grupos: los que no existen y los que fueron otorgados por instituciones sin acreditación, como la desaparecida Lafayette University, identificada a finales de los ochentas por agencias federales de Estados Unidos como una organización fraudulenta que otorgaban títulos sin validez a cambio de dinero. Nelson también recibió títulos de la American Nutrimedical Association, una organización que operaba de la misma forma y de la cual además fue presidente. Otra cosa que habría que tomar en cuenta es que es imposible encontrar en la literatura médica un sólo trabajo de su autoría.

Y su talento artístico no lo discutimos. No por que sea algo subjetivo, sino por que hacerlo implicaría someter nuestros ojos y oidos a un terror indescriptible. Si el lector aún insiste en formarse una opinión, puede darse una vuelta por el canal de YouTube de su banda, que está hecho del mismo material con el que se hacen las pesadillas.

Lo que en realidad sabemos de William Nelson es que durante los ochentas, mientras trabajaba medio tiempo como profesor de Matemáticas en Colorado, inventó la primera versión de su máquina prodigiosa: el EPFX. Fundó una compañía, de nombre Eclosion, y solicitó ante la FDA (agencia que regula la fabricación y venta de medicamentos, alimentos y dispositivos médicos) la autorización para comercializar su invento. Dicha solicitud se hizo declarando que el EPFX se trataba de un dispositivo de biofeedback, lo que implicaba que su uso para cualquier otro fin -incluyendo el diagnóstico y cualquier tipo de terapia- sería ilegal.

Desde luego, esa pequeña restricción no fue un obstáculo para Nelson: en la práctica es difícil hacer cumplir ese tipo de regulaciones -no es coincidencia que otros fabricantes de dispositivos similares operen de la misma forma. Al poco tiempo Nelson ya operaba una red de distribuidores y terapeutas promoviendo el EPFX como un dispositivo capaz de diagnosticar y curar enfermedades. Y lo hizo de una forma tan poco discreta que en poco tiempo logró atraer la atención de los reguladores: en 1992 la FDA le solicitó abstenerse de hacer afirmaciones acerca de la capacidad terapéutica del EPFX. Nelson hizo caso omiso a la advertencia, por lo que terminó siendo acusado de fraude. Para el año siguiente ya había huido de Estados Unidos, en donde ahora está considerado como un fugitivo federal.

A partir de ese momento, desde el exilio en Hungría y sin interferencia de las autoridades, construyó un verdadero imperio alrededor de su invento. Tiene distribuidores en más de treinta países, que no sólo se dedican a la comercialización de los dispositivos, sino que también se encargan de la capacitación y certificación de sus compradores, redondeando los ingresos por la venta de máquinas.

A pesar de su calidad de fugitivo, Nelson pudo tomar ventaja (hasta hace poco tiempo) del poco alcance de la FDA: los dispositivos continuaban sido importados por distribuidores de Estados Unidos usando el viejo y comprobado truco de declararlos como equipos de biofeedback.

Como explicamos en la primera parte de esta entrada, el biofeedback es una práctica de relajación que utiliza dispositivos capaces de medir -entre otras variables- la resistencia eléctrica de la piel para determinar que tan excitado o alterado se encuentra uno. Es la misma tecnología que usan los detectores de mentiras: cuando uno está nervioso suda, y eso hace que fluctúe la resistencia eléctrica de la piel. Y en realidad eso es lo que único que pueden medir dispositivos como el EPFX.

Desde luego, una explicación tan sencilla no sirve para venderlo como una máquina que diagnostica y cura casi cualquier cosa. Para eso se necesitan explicaciones rebuscadas llenas de jerigonza pseudocientífica. De acuerdo a un documento que lleva el título de Manual de Conceptos Científicos(PDF), del cual Nelson aparece como autor:

SCIO, (DEL LATÍN SABER), ES UN SISTEMA COMPUTARIZADO QUE VA CONECTADO AL DISPOSITIVO TRANSDUCTOR DIGITAL Y ELECTRODOS DE GRAFITO, (5), AL CUERPO HUMANO PARA RECIBIR SEÑALES BIOELÉCTRICAS QUE SON GENERADAS POR EL MOVIMIENTO ATOMÍSTICO MOLECULAR DE LAS ESTRUCTURAS CELULARES Y/O RECIBE Y RESPONDE A LOS POTENCIALES ELECTROMAGNÉTICOS DE LOS ELEMENTOS QUÍMICOS, BIOLÓGICOS DE COMPUESTOS QUE SE UTILIZAN PARA HACER REACCIONAR ELÉCTRICAMENTE AL CUERPO HUMANO.TAMBIÉN DETECTA LAS ESFERAS EMOCIONALES EN SU INTERRELACIÓN CON EL SISTEMA NERVIOSO CENTRAL Y PERIFÉRICO, SISTEMA NERVIOSO AUTÓNOMO, ENDOCRINO POR MEDIO DE LOS NEUROTRANSMISORES. ESTE CONJUNTO DE SEÑALES BIOELECTROMAGNETICAS LOS DENOMINAMOS REACCIONES A ESTÍMULOS ELECTROFISIOLÓGICOS QUE SON DE NATURALEZA QUÍMICA, BIOQUÍMICA, NOSODES, ALERSODES, HOMEOPÁTICOS, PRODUCTOS FARMACÉUTICOS, QUÍMICOS TÓXICOS, QUÍMICOS NO TÓXICOS, TODOS LOS NUTRIENTES: VITAMINAS, MINERALES, ENZIMAS, BACTERIAS, PARÁSITOS, VIRUS ETC….. TODA LA AMA DEL MEDIO AMBIENTAL E INTERNO QUE EMITEN SEÑALES BIOFOTONICAS Y/O ELECTROMAGNÉTICAS, TODO ESTE MECANISMO QUE NACE Y SE MANIFIESTA POR LA MECÁNICA CUANTICA.

EL SISTEMA SCIO ES A SEMEJANZA DE LA CONEXIÓN BIOCIBERNETICA COMO EL DE LOS SISTEMAS DE NEUROLINGÜISTICOS.

EL SISTEMA SCIO ES EL RESULTADO DE UNA INVESTIGACIÓN CIENTÍFICA EN EL MUNDO DE LA MECÁNICA CUANTICA Y/O BIOLÓGICO – BIOFOTONICO, ESTA INVESTIGACIÓN HA SIDO PLASMADA POR EL DR. WILLIAM NELSON DURANTE 30 AÑOS.

La Mecánica Cuántica es la física de lo muy pequeño: átomos, electrones y demás partículas subatómicas. Y aunque ciertos fenómenos inusuales que ocurren a esa escala han sido (ab)usados para darle credibilidad a ciertas creencias (y ese es un tema que amerita una entrada aparte), hay otra forma más práctica en la que ha sido utilizada por charlatanes para justificarse: apelar a su atractivo como algo novedoso y complejo para legitimar sus tomaduras de pelo.

Cuando nuevos conceptos científicos o tecnológicos son introducidos, es inevitable que los vendedores de remedios milagrosos saquen ventaja de un público poco familiarizado con ellos. Al presentarse como expertos y utilizar un lenguaje rico en tecnicismos, ganan la credibilidad que no pueden obtener por el mérito de sus ideas. El siglo pasado, cuando la tecnología de la radiodifusión era algo nuevo, charlatanes como Albert Abrams construyeron (y vendieron) máquinas que prometian curar a distancia por medio de ondas de radio. En el siglo XIX sucedió lo mismo con el electromagnetismo. Y puedo apostarles una cena a que, en pocos años, palabras como ‘supercuerdas’ y ‘energía obscura’ entrarán al vocabulario de los charlatanes de la salud.

Pero la cuántica no es el único concepto del que se apropia el señor Nelson para ocultar la naturaleza irracional de su teoría. El documento citado está lleno de conceptos científicos y matemáticos utilizados completamente fuera de contexto: biofotónica, transformada de Fourier, fractales, holográfico, subespacio y un largo etcétera, mezclados con conceptos más vagos como conciencia, superconciencia y energía perversa. Y a esta mezcla le agrega conceptos de acupuntura y homeopatía, dando como resultado un inaccesible y a simple vista impresionante fundamento científico.

Pero basta observarlo con detenimiento para darse cuenta de que no es más que jerigonza sin sentido. Es revelador que un documento de ese tipo esté dirigido no a los pacientes, sino a los usuarios del EPFX, quienes suelen ser creer en las explicaciones de Nelson sin un gramo de escepticismo. Eso, o simplemente es un caso más del emperador contonéandose en sus ropajes invisibles.

Los que ofrecen servicios haciendo uso del EPFX/SCIO -que son los que a fin de cuentas tienen la tarea de atraer pacientes- tienen una manera más accesible de explicarlo. De acuerdo al sitio de Conciencia Holística, organización que ofrece ‘consultas’ por medio del SCIO. Las negritas son mías.

La Sanación con el manejo de la Energía Cuántica estimula y  armoniza tu sistema energético, sanando y curando casi todas las enfermedades físicas, mentales y emocionales. Por medio de la Sanación con el manejo de la Energía Quántica estimulando y armonizando los centros ganglionares correspondientes al sistema eléctrico conocido como Yin y Yan se logran el alivio, sanación y curación de casi todas las enfermedades.

* La Sanación Físicamente reestructura el Balance de todos los Sistemas. Sistema Circulatorio, Sistema Nervioso, Sistema Óseo, Sistema Muscular, Sistema Endocrino, Sistema Reproductor, Sistema Linfático, Sistema Respiratorio,Sistema Digestivo, Sistema Inmunológico.

* La Sanación, Emocionalmente da un equilibrio permitiendo el flujo y la transformación de las impresiones humana y así poder expresarnos en una atmosfera de Amor Incondicional.

* La Sanación, Mentalmente funciona como un despertar de sugerencias, ideas y motivaciones que ayudan a aclarar conceptos, juicios y creencias erradas.

* La Sanación, Espiritualmente fortalece al ser para que pueda tomar aquellas decisiones que lo coloquen, lo mantengan y le hagan avanzar por el camino de la luz.

Más accesible, si. Pero nunca dije que tuviese más sentido. Pero van más allá, y se esfuerzan para llegar a donde ningún charlatán ha llegado jamás:

Nuestro avanzado Sistema de Biofeedback, Bioresonancia y TENS, trabaja a través del sub-espacio localizando la energía de la persona en cuestión, y de esta forma es posible aplicarle nuestras terapias desde la comodidad de su casa o en donde quiera que usted se encuentre. Para las mentes no científicas esto puede sonar misterioso, poco creíble e inexplicable; sin embargo, gracias a la Física Cuántica y a SCIO (nuestro Sistema) es posible todo esto y con resultados palpables y satisfactorios.

[..]

Te atendemos en cualquier lugar del mundo.

Al nacer imprimimos en el mundo una huella energética única. Así como todas las personas, sin excepción, tenemos nuestro sello Bioquímico único que nos identifica, el cual conocemos por el nombre de ADN, también tenemos nuestro sello Biofísico único, el cual es la energía que conforma nuestro ser. Gracias a nuestro avanzado sistema de Biofeedback y Bioresonancia, SCIO puede localizar su campo energético sin importar la distancia o su ubicación física.

Leyeron bien. Terapias a distancia. Por medio del subespacio. Saquen sus propias conclusiones.

Desde luego, más abajo aclaran que no se trata de un diagnóstico. Y también tienen un aviso en el que aclaran que ellos no hacen diagnósticos médicos, que lo de ellos es el balance y la sanación. Aunque no aclaran cual es la diferencia.

Guiémonos por el simple sentido común: las enfermedades tienen causas y mecanismos de acción muy diversos, y por eso existen métodos igual de variados para diagnosticarlas, prevenirlas y curarlas. Un dispositivo capaz de detectar una cantidad tan grande y diversa de enfermedades tendría que sintetizar una cantidad igual de variada de métodos y tecnologías. El EPFX/SCIO/QXCI es una máquina incapaz de diagnosticar enfermedades. Tampoco puede curarlas -y mucho menos a distancia. La mente detrás de esta máquina no es un científico reconocido: es un mentiroso crónico con un ego descomunal y que opera desde Hungría por que en su país está considerado como un criminal.

Y por si eso fuera poco, su interfaz es espantosa.

Un criminal para el que últimamente no todo ha sido miel sobre hojuelas. A raíz de la investigación publicada por el Seattle Times a finales de 2007, la FDA finalmente tomó cartas en el asunto: en 2008 emitió una alerta de importación que en la práctica prohibe introducir equipos EPFX a Estados Unidos y que fue reiterada en Septiembre del año pasado. En Canadá, nueve días después de que la Canadian Broadcasting Corporation transmitiera un reportaje abordando el tema, la licencia para comercializar el dispositivo fue suspendida por Health Canada, la agencia regulatoria de ese país.

Y mientras autoridades como las de Canadá y Estados Unidos caminan -aunque con pasos tímidos- en la dirección correcta, en nuestro país los negocios siguen sin interrupción para Nelson y sus distribuidores. La IMUNE (International Medical University of Natural Education), organización ‘educativa’ a través de la cual Nelson ofrece cursos y certificaciones en torno al uso del EPFX, celebra con cierta frecuencia congresos en nuestro país, a los que suele acudir Nelson, acompañado de un peculiar elenco de naturópatas, acupunturistas, practicantes de medicina ortomolecular y similares, al que suelen unirse uno o dos ponentes extraídos del talento local.

Incidentalmente, en los congresos realizados en Cancún, en 2008, y en Acapulco el año pasado, uno de los ponentes fue nada más y nada menos que un viejo conocido de este blog: el doctor Cuauhtémoc Hernández Maya.

Creo que ahora entiendo el porqué de lo extenso y vehemente de sus comentarios.

Por lo general, las personas que ofrecen servicios de diagnóstico y terapia basados en dispositivo como el EPFX, el Pap-Imi o los sistemas de medición de meridianos no tienen preparación formal en el área médica. En otros casos se trata de médicos de verdad que por alguna razón deciden echar por la borda la ética profesional y sacar ventaja de lo aparentemente maravillosos que resultan estos aparatos.

Al final las credenciales de la persona que ofrece diagnosticar y curar con estas máquinas son algo secundario. El hecho es que estos dispositivos no sirven para diagnosticar enfermedades. Y mucho menos pueden curarlas. Y aunque por si mismos usualmente son inofensivos, en realidad representan un severo riesgo para los pacientes.

En el mejor de los casos, sus diagnósticos imaginarios le permitirán al terapeuta (a falta de mejor palabra) venderle al paciente curas igualmente imaginarias. El paciente, que paga con dinero no imaginario, sale perdiendo.

Pero estamos hablando de salud. Someterse a un ‘tratamiento’ basado en una de estas máquinas milagrosas implica invertir tiempo y dinero que pueden hacer mucha falta cuando se está lidiando con una enfermedad de verdad.

Las personas que afirman curar con estas máquinas suelen presentarse como sanadores que comprenden a sus pacientes. Hablan de balance, de naturaleza y de amor.

Pero en el fondo no hacen otra cosa que aprovecharse (a veces sin darse cuenta: algunos están muy bien adoctrinados),  de la preocupación -y muchas veces de la desesperación- de personas quizás poco informadas, pero a fin de cuentas inocentes.

“Un idiota del trigésimo tercer grado”

Hacia finales de 1905 Mark Twain había pasado por una serie de tragedias: había perdido a su hija Susy como consecuencia de una meningitis, y tenía poco que Olivia Langdon, su esposa, había sucumbido ante un padecimiento cardiaco. Y él mismo no se hallaba bien de salud -de hecho se hallaba en sus últimos años.

Por esa época recibió una carta, firmada por un tal J.H. Todd (uno de tantos charlatanes vendedores de curas y remedios que hacían su agosto por esas épocas), acompañada de un panfleto que hablaba maravillas de un remedio llamado Elíxir de la Vida, que afirmaba curar, entre otras muchos padecimientos, la meningitis y la difteria (enfermedad que décadas antes había matado a su primer hijo). La respuesta de Twain, dictada de inmediato a su secretaria, fue la siguiente:

Noviembre 20, 1905
J.H. Todd
1212 Webster St.
San Francisco, Cal.

Estimado Señor:

Su carta es, para mi, un acertijo sin solución. La caligrafía es buena y muestra un carácter considerable, e incluso hay rastros de inteligencia en lo que usted dice. Sin embargo, la carta y la publicidad que la acompaña afirman ser obra de la misma mano. La persona que escribió la publicidad es sin duda el individuo vivo más ignorante en el planeta; además es sin duda un idiota, un idiota del trigésimo tercer grado, un heredero de una ancestral procesión de idiotas que se remonta hasta el eslabón perdido. Es para mi un acertijo cómo la misma mano pudo escribir su carta y también su publicidad. Los acertijos me molestan, los acertijos me irritan, los acertijos me exasperan; y siempre, por un momento, motivan en mi un poco amable estado mental hacia la persona que me los ha impuesto. Dentro de algunos momentos mi resentimiento se habrá disipado, e incluso probablemente oraré por usted; pero mientras aún hay tiempo me apresuro a desear que tome por error una dosis de su propio veneno, y caiga rápidamente a la condenación a la que usted y los demás asesinos vendedores de curas se han ganado sin remordimiento y que tanto merecen.

¡Adieu, adieu, adieu!

Mark Twain.

Pueden ver la carta original aquí.

Sobre el Balance Bioenergético (parte II de III)

En Noviembre de 2007, Jay Inslee, congresista por un distrito del estado de Washington, Estados Unidos, solicitó a raíz de una serie de reportajes publicados por el Seattle Times, que se iniciara una investigación con el fin de detectar las redes de fabricación y distribución de dispositivos médicos fraudulentos. Su esfuerzo se enfocó, aunque no de manera exclusiva, al llamado PAP-IMI (Pap-Ion Magnetic Inductor, o Inductor Magnético de Iones), un aparato de 120 kilogramos que es tan inefectivo como los dispositivos de los que nos ocupamos en la entrada anterior, pero más peligroso.

El PAP-IMI está parcialmente nombrado en honor a su inventor, un profesor de Matemáticas griego de nombre Pannos Pappas. De acuerdo al reportaje del Seattle Times, Pappas utilizó el PAP-IMI para tratar el dolor de espalda de Charles “Chuck” Wallach, un ex vendedor de seguros de California. Debido al aparente éxito del tratamiento, Wallach y Papas se asociaron para comercializar las máquinas en Estados Unidos.

Su primer paso fue, en 1995, solicitar la aprobación de la FDA, que previsiblemente fue denegada debido por falta de información y evidencias. Esto no desanimó a Pappas y a Wallach, quienes hallaron una ingeniosa forma de burlar las regulaciones: importaron -bajo declaraciones aduanales falsas- los dispositivos desde Grecia. Porsteriormente contrataron a un IRB (un regulador privado a quien la FDA puede regular algunas funciones) de nombre BioMed para que iniciara un ensayo clínico, lo que les permitiría distribuir y utilizar los dispositivos. Desde luego, dado que se trataba (al menos en nombre) de un ensayo clínico, existían condiciones: no hacer uso de los dispositivos con fines comerciales y reportar cualquier lesión o fallecimiento. Wallach abrió en la ciudad de Los Angeles una clínica de nombre Bio-Energy Services, en donde daba tratamiento utilizando el PAP-IMI y desde donde promovía y vendía los dispositivos.

Durante los siguientes años Wallach recibió advertencias y quejas de personas que habían adquirido el PAP-IMI, e incluso de sus propios empleados, pues los dispositivos estaban notablemente mal ensamblados y Wallach no tenía el menor empacho en hacer afirmaciones exageradas acerca de sus capacidad terapéutica (por ejemplo, que podían curar el cáncer).

A pesar de ello, Wallach continuó vendiendo dispositivos y operando su clínica sin mayores sobresaltos hasta 2002, cuando BioMed, el regulador independiente cuyo trabajo era supervisar el ensayo clínico, finalmente descubrió que muchos aparatos habían sido vendidos a personas e instituciones que no formaban parte de este. Poco después salió a la luz que Lifeworks Wellness Center, una clínica de Florida que participaba en la prueba, había omitido reportar oportunamente la muerte de dos pacientes pocos días después de haber sido tratados con el PAP-IMI. Ante esta negligencia y otras acusaciones que he habían acumulado, BioMed canceló el estudio y ordenó que se detuviera el uso de los dispositivos.

Sin embargo, esto tampoco detuvo a Wallach.

Meses después, la FDA inspeccionó la clínica y, pese a constatar las múltiples faltas -incluyendo presenciar como un bebé con cáncer era tratado con el PAP-IMI-, decidió no cerrar ni suspender su operación, sino continuar la investigación en colaboración con las autoridades sanitarias del estado de California. Por su parte, Wallach recurrió a TABS, otro regulador privado con sede en Texas, para iniciar una nueva prueba clínica y poder continuar vendiendo y utilizando los dispositivo,s libre del escrutinio de las agencias reguladoras.

En Marzo de 2003 una mujer de 68 años de nombre María Silva falleció mientras recibía tratamiento con el PAP-IMI. Silva tenía un padecimiento cardiaco que la ponía en un severo riesgo al someterse al tratamiento. En respuesta a este fallecimiento, el fiscal del condado de Los Angeles finalmente inició un proceso penal en contra de Wallach, quien murió en 2004, escapando de cualquier consecuencia legal. En 2005, la FDA ordenó a Pappas detener las pruebas clínicas, haciendo ilegal el uso del PAP-IMI dentro de Estados Unidos, pero dejando atrás decenas de máquinas, algunas de las cuales siguen siendo utilizadas de forma clandestina.

Aunque los distribuidores estadounidenses recibieron un duro golpe por esas regulaciones, el doctor Pappas ha continuado sus negocios en el resto del mundo -incluyendo nuestro país. Pero antes de abordar ese tema, será buena idea tocar el muy importante tema de qué es el PAP-IMI, cómo se supone que funciona y por qué es una pérdida de tiempo y dinero ser tratado con este.

Pannos Pappas demostrando, por alguna razón, que el dispositivo de su invención puede sacar chispas.

El sitio de internet del PAP-IMI es tan esclarecedor como bien diseñado, pero incluye un link hacia el sitio en el que Pappas publica las investigaciones que fundamentan su invento, y en el que sin ningún pudor (ni sustento: su demostración matemática no tiene sentido), afirma que E = mc2 describe incorrectamente la equivalencia entre masa y energía, y afirma que la ecuación correcta es E = kmc2. Además, en un giro propio de historia de origen de algún superhéroe de la guerra fría, habla de reacciones nucleares a nivel biológico. Es un poco difícil criticar el fundamento científico del PAP-IMI en base al contenido de este sitio, pues es increíblemente confuso (y el que la persona que lo escribió no domine el idioma Inglés no ayuda en mucho).

Afortunadamente, quienes hacen negocio con el PAP-IMI en nuestro país tienen una idea marginalmente mejor de cómo diseñar un sitio de internet (y de cómo dar explicaciones más o menos legibles):

Este nuevo y sorprendente aparato médico, produce un “Micro-Relámpago/Rayo de inmenso poder. PAPIMI genera un micro-pulso de 200-300 nanosegundos (menos de una millonésima de segundo), que produce una onda magnética que penetra 40 cm. de profundidad, sin generación de calor, para el tratamiento de dolor intenso. Los pulsos de alta frecuencia son tan cortos que pasan a través de la membrana del citoplasma a través de los canales iónicos.  Los paquetes de pulsos rápidos actúan mediante un poderoso impacto en la estructura intracelular permitiendo cambiar su equilibrio bioquímico. Un campo magnético, como el inducido por el PAP IMI es capaz de penetrar casi todas las sustancias. A medida que cambia el campo en el breve lapso de duración de su pulso, expandiéndose y colapsándose   en menos de una diezmillonésima de segundo, origina una pequeña corriente que proporciona bioenergía a las células.  La eficacia terapéutica del electromagnetismo para tratar enfermedades  ha sido demostrada por una investigación realizada en la University of  Southern California  y publicada en la prestigiosa revista científica New Scientist Magazine.  El trabajo confirma que los paquetes de pulsos electromagnéticos de nanosegundo (millonésimas de segundo) pueden pasar a través de la membrana exterior de las células sin dañarlas y modificar su interior lo que, según los investigadores, permite tratar de forma efectiva enfermedades crónico degenerativas.

De acuerdo a esta explicación, el efecto del PAP-IMI es un supuesto cambio a nivel molecular en las células, por efecto de una rápida sucesión de pulsos electromagnéticos (descrito como un rayo de inmenso poder). Es evidente que esta nueva tecnología no es más que una versión reempacada y reetiquetada de la también inútil magnetoterapia. En realidad, los campos magnéticos no tienen ningún efecto en la composición molecular de las células y tejidos. Para lograr un efecto ionizante de ese tipo se tendría que echar mano de (valga la redundancia) la radiación ionizante, y sus efectos suelen ser más dañinos que curativos. Pero no hay que alarmarse, el campo electromagnético del PAP-IMI es, por lo general y en ese sentido, inofensivo.

Y llama la atención que el párrafo comienza afirmando que el PAP-IMI puede tratar el dolor intenso, y termina diciendo que puede tratar de forma efectiva enfermedades crónico-degenerativas.

Esto hubiese sido imposible con cualquier otro sistema o dispositivo, ya que la superficie conductiva de un tejido vivo de acuerdo con la Ley de Gauss, se constituye en un escudo como la “Jaula de Faraday” consecuentemente, la única forma posible de penetración profunda de una energía electromagnética en el tejido vivo es la utilización del principio patentado por el PAPIMI. El proceso nuclear producido por PAPIMI se verifica en forma atérmica, sin que ocurra descomposición de la materia, siendo éste el fenómeno de fusión nuclear más importante y al mismo tiempo más común en biología.

Supongo que con fusión nuclear se refieren a los núcleos celulares. Por que de lo contrario estarían hablando de reacciones nucleares a nivel celular. Y eso tendría implicaciones, digamos, explosivas, si no fuera por que es completamente irreal. Y aunque sus afirmaciones terapéuticas son cautelosas, algunas llaman la atención:

No ha tenido efectos secundarios adversos en más de 1´000,000 de tratamientos. Incluso en aquellas  personas que han usado este aparato todos los días por más de 10 años de exposición continúa.

Otra clínica anuncia tratamientos con el PAP-IMI afirmando que ayuda a mejorar el sistema inmunológico y sirve para tratar alergias, esclerosis múltiple, mal de Parkinson y desórdenes como la esquizofrenia y el síndrome de Alzheimer, que catalogan como psicológicos, demostrando su muy pobre conocimiento médico: la esquizofrenia es un desórden psiquiátrico, y el Alzheimer es neurológico.

Ahora bien, ¿cuál es la diferencia entre el PAP-IMI y otros dispositivos cuestionables (como los de medición de meridianos de los que hablamos en la entrada anterior)? Si ignoramos el siempre presente riesgo que representan estas prácticas al alejar a los pacientes de terapias y médicos de verdad, al menos los otros cacharros son inofensivos. El PAP-IMI, por el contrario, hace pasar una corriente eléctrica de mayor magnitud a través de una sonda que entra en contacto con el cuerpo del paciente, y eso representa un verdadero peligro, especialmente para personas con padecimientos cardiacos o prótesis o placas metálicas en el cuerpo: el campo magnético puede calentar el metal dentro del cuerpo y causar quemaduras.. La sonda en si misma tiende a sobrecalentarse, y si su revestimiento sufre algún tipo de daño, puede causar lesiones muy graves.

Abordemos ahora la dimensión local de esta problemática: de acuerdo al oficio número 402-07330021790071 emitido por la Cofepris (Comisión Federal para la Protección contra Riesgos Sanitarios), que depende de la Secretaría de Salud, se otorgó al Instituto de Medicina Energética y Biológica, S.C., con sede en Tijuana, Baja California, el registro número 0767E2003SSA para operar el PAP-IMI. Este instituto es el distribuidor de los dispositivos en nuestro país, y al parecer está operado por una doctora de nombre Gloria Godínez Leal, N.D., H.M.D., C.A.

No sólo la Secretaría de Salud ha permitido el uso de este dispositivo. En el sitio de Pappas se anuncia una conferencia, (incidentalmente celebrándose durante los días en que se publica esta entrada) en la unidad de congresos del Centro Nacional Siglo XXI del IMSS, impartida por la doctora Esther del Río Serrano, y en la que aparte del PAP-IMI, se abordan temas tan sugerentes como cristales líquidos, resonancia de alta vibración y acelerador de partículas.

¿Acelerador de partículas? Así es: esta gente tiene una imaginación tan grande como su descaro. Pronostico que antes de que termine este año alguien va a comenzar a dar conferencias acerca de la teoría de supercuerdas y sus aplicaciones en la medicina alternativa.

El PAP-IMI no tiene más fundamento científico que las ideas irracionales del señor Pappas, además de que ha demostrado ser potencialmente peligroso -y en este caso el riesgo que representa va más allá del siempre presente efecto de alejar a los pacientes de terapias que si funcionan. Las personas que ofrecen servicios utilizando este tipo de dispositivos muchas veces hacen afirmaciones poco realistas y no fundamentadas en evidencia.

Sin embargo, nuestras autoridades sanitarias no sólo parecen ignorar el tema, sino que aparentemente han dado luz verde al auge de aparatos milagrosos sin molestarse en averiguar si en realidad son efectivos y seguros. No parece ser coicidencia el que muchas de las clínicas que ofrecen tratamientos utilizando este tipo de dispositivos y otras modalidades de tratamientos cuestionables, se encuentran en ciudades fronterizas o receptoras de turismo internacional: tienen un mercado muy grande en los pacientes que vienen a nuestro país desde otros países -principalmente de Estados Unidos-  a recibir tratamientos que han sido prohibidos en sus lugares de origen.